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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Con el desarmador en la mano • Ser, de Luis Britto García • Esteban Castorena Domínguez

Esteban Castorena Domínguez

Luis Britto García
Luis Britto García
Con el desarmador en la mano • Ser, de Luis Britto García • Esteban Castorena Domínguez


Decía Heráclito que un hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque cuando ese hombre vuelva a entrar en las aguas, no será el mismo hombre ni serán las mismas aguas las que lo bañen. Ambos, con el paso del tiempo, habrán cambiado.

La imagen del río, el tiempo y la identidad han obsesionado a cientos de escritores y filósofos; entre ellos, Borges. A lo largo de toda su obra el argentino volvió una y otra vez a escribir sobre la identidad. Su postura, ya desde la juventud, apoyaba la idea de Heráclito. En “La nadería de la personalidad”, uno de sus ensayos de juventud publicado en Inquisiciones, el autor argumenta el porqué no existe una identidad perene. Entre sus razonamientos refuta que la identidad sea un “erario de recuerdos”. La memoria, otro tema recurrente en su obra, es falible y por ende no puede constituir la esencia de un ser inamovible. Si los recuerdos cambian, también lo hace quien los “preserva”.

El joven Borges ofrece un ejemplo en el que todo ser humano puede constatar el cambio en su propio ser. Dice: “No hay tal yo de conjunto. Basta caminar algún trecho por la implacable rigidez que los espejos del pasado nos abren, para sentimos forasteros y azoramos cándidamente de nuestras jornadas antiguas. No hay en ellas comunidad de intenciones, ni un mismo viento las empuja.

Si Borges cambió su identidad a lo largo de los años, desde que escribiera “La nadería de la personalidad” y hasta que publicara El libro de arena casi cincuenta años después, lo cierto es que su idea sobre la identidad fue todo, menos variable. Así lo demuestra uno de sus relatos más famosos, “El otro”.

Si se lee con detenimiento, este relato ilustra perfectamente los argumentos que el Borges joven plasmó en su ensayo. Hay pasajes en los que se habla de la memoria y se demuestra su falibilidad; al viejo se le olvidan algunos detalles sobre su pasado, por ejemplo. Existe la no concordancia entre las ideas y pensamientos del joven y del viejo, son ajenos el uno del otro.

Para probar la nadería de la personalidad hay bastantes ejemplos a lo largo del relato. No vale la pena detenerse a analizarlos todos. Sí es necesario, sin embargo, resaltar un pasaje. Cuando el Borges viejo intenta convencer a su yo joven que ambos son la misma persona, éste hace una enumeración.

—Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo del Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres volúmenes de Las mil y una noches de Lane con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo y capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balcánicos.

Más allá de saber cosas que un desconocido no podría, la decisión de enlistar objetos es muy interesante. De los muchos elementos que constituyen una identidad también se sustenta en los objetos que lo acompañan a lo largo de sus mutaciones. Es precisamente esa idea la que sirve como base a Luis Britto García para estructurar “Ser”.

El cuento pertenece a Rajatabla libro ganador del Premio Casa de las Américas en 1970. Hay que decir, antes de ahondar, que en este libro abunda el humor y el juego con el lenguaje y las estructuras narrativas. “Ser” es uno de los ejemplos más paradigmáticos del juego lingüístico del autor, pero también una demostración de sus ideas respecto a la creación por parte del autor y la recepción de los textos por parte de los lectores.

“Ser”, en su totalidad, está escrito sólo mediante una enumeración de objetos. No hay nada más que artículos y sustantivos y un único signo de puntuación: el punto que concluye el relato. Se podrá intuir ya, por el título del cuento y por lo dicho hasta el momento en esta columna, que la lista se relaciona con la construcción de la identidad. Más no ha de decirse sobre el fondo del cuento; mejor volver a la parte lingüística y narratológica.

Hablando sobre la narrativa hiperbreve, Britto García dijo: “El minicuento nace del amorío entre narrador activo y lector interactivo. Cada palabra es una historia completa”. Tiene razón. Si se piensa con detenimiento, muchos relatos breves se sustentan en lo sugerentes que pueden llegar a ser y por las posibilidades que ofrecen al lector. Se ponga por ejemplo el relato más breve escrito en español, del autor mexicano Luis Felipe Lomelí:


 

El emigrante

-¿Olvida usted algo?
-Ojalá.


 

Este breve diálogo da pie a que el lector intente llenar los espacios vacíos que deja el autor. Una persona emigra, es intuitivo imaginar su origen y su destino, quizás las motivaciones de su migración. La palabra ojalá, ese delicioso arabismo del español que denota un deseo tan fuerte, hace pensar que el emigrante desea volver a su origen ¿por qué?

En todo curso de escritura narrativa, especialmente cuando se habla de cuento, hay un razonamiento que tiende a repetirse: el cuento es breve; por ende, hay que ser preciso con las acciones; las acciones (gramaticalmente hablando) están en los verbos. El cuento (generalmente) se construye sobre los verbos. Cómo es, entonces, que García logra un cuento sin un solo verbo y que tiene una estructura perfecta con inicio, desarrollo y desenlace (la santísima trinidad de una historia). La respuesta está justamente en la lógica ya expuesta en la construcción de microrelatos. Lo mismo que Lomelí en “El emigrante”, Britto García confía el arco narrativo de la historia a sus lectores. La lista de elementos está cuidadosamente diseñada para evocar (más no expresar) la historia. El relato, la narrativa, sucede en la mente de cada lector, no sobre la página.

Sírvase encontrar el cuento aquí.



 

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