jueves. 19.05.2022
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Disfrutes Cotidianos• Discos 2021 [I] • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Billie Eilish Happier Than Ever
Billie Eilish Happier Than Ever
Disfrutes Cotidianos• Discos 2021 [I] • Fernando Cuevas

Iniciamos el recorrido por algunos de los álbumes que sonaron —y lo seguirán haciendo– en este 2021 aun con la pandemia encima aunque con ciertos visos de luz.

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20 debuts

Sorprendieron, en primera instancia, varias jóvenes artistas que a pesar de volverse mediáticas, presentaron sendos discos que bien definen una postura: tras un par de EP’s, la cantautora londinense Arlo Parks entregó una fluida combinación de pop con R&B en Collapsed in Sunbeams, capturando la cotidianidad con lances poéticos, tal como lo hiciera la nigeriana Ayra Starr a través de su 19 & Dangerous, inscrito en un elocuente afropop. Después de varios EP’s, por fin la inglesa Emma-Jean Thackray confeccionó su primer largo, el jazzeado Yellow, coloreado por cierta sicodelia y fusión funkie, mientras que en clave soulpop, Joy Crookes, después de tres EP’s, entrega el abierto Skin, incorporando vivencias y herencias culturales de Bangladesh e Irlanda.

Un par de californianas: Olivia Rodrigo realizó Sour a partir de un buen olfato melódico y puntuales apuntes rockeros, con la intensidad femenina esperada, al igual que la festiva vibra funkie que le imprimió Remi Wolf a Juno, su colorida puerta de entrada. Por su parte, la británica-estadounidense conocida como Celeste, nos regaló su neosoul jazzero a media luz, por momentos recorriendo las cortinas, en Not Your Muse, rompecabezas sobre el amor de 21 piezas organizadas en dos volúmenes. La texana ahora en Nasville Katy Kirby, planteó un folkpop de lazos country en  Cool Dry Place, incluso integrando música de orientación religiosa de su infancia.

El rock en sus variantes contó con esperanzadora presencia gracias a grupos como Squid, planteando en Bright Green Field un krautorock entrometido su apuesta postpunketa; Dry Cleaning con su New Long Leg, punk en clave arty que resultó ser una de las mejores novedades del año, contando con el apoyo en la producción del experimentado John Parish, y el septeto de Londres Black Country, New Road, haciendo lo propio con The First Time, conformado por seis cortes largos entre la lógica del post, tanto rock como punk, macerado con insistentes metales y osados teclados.

For Those I Love es el proyecto del también productor David Balfe, asentado en Dublín, a través del cual grabó el homónimo For Those I Love, en homenaje a su amigo y colega Paul Curran, quien se quitó la vida en el 2018: música con elementos electrónicos que apunta a dibujar la soledad y la pérdida, mientras que Fred Again entregó su primer largo, Actual Life (14 April 14 – December 17 2020), descriptor de un periodo de confinamiento con lances iluminadores, atravesando las paredes. La electrónica confeccionada en detalle se desplaza por Agor, álbum del joven inglés Koreless que se va desdoblando de manera impredecible.

El cuarteto inglés The Lathums, por su parte, le puso entusiasmo a su indiepop con elaboradas letras en How Beautiful Life Can Be, en tanto el trío de Hampshire Drug Store Romeos nos lleva a la ensoñación a través de las 15 canciones que integran The World Within Our Bedrooms, como para descubrir que la nostalgia también está presente allá fuera, mientras que Inhaler, grupo de Dublín comandado por Elijah Hewson (hijo de Bono), entregaron It Won’t Always Be Like This, de bienvenidas vibras U2.

En los territorios del rap apareció Genesis Owusu, originario de Ghana y habitante de Camberra, de paso invitándonos a mostrar alegría a pesar de tener motivos del todo claros en Smiling With No Teeth, bien alimentado de influencias que no se limitan al ámbito hipopero, como el funk de avanzada, al igual que lo propuso Lil Nas X en el rompedor Montero, plagado de invitados de renombre y de hábiles ganchos rítmicos, intersectando un pop de alcance mediático. Desde Leicester y después de un minidisco, el quinteto Easy Life produjo su primer largo titulado Life’s a Beach, combinando con soltura pop, hip-hop y R&B.

30 miradas femeninas

La venerable Loretta Lynn homenajeó con plena convicción a las mujeres del country en Still Woman Enough, mientras que Aimee Mann produjo en contexto pandémico Queens of the Summer Hotel, su décimo disco en el que incluye acotadas orquestaciones para acompañar cantos y fugas de espíritu retro, justas para abrigar las necesarias esperanzas sin perder de vista las angustias que nos siguen acompañando. También desde este aislamiento global, Tori Amos propuso Ocean to Ocean, grabado en una estancia en Inglaterra y en el que sigue conjurando pérdidas y abre otros puertos para otear hacia el horizonte sin perderse en la inmensidad del mar: están, claro, las sensibles composiciones con instrumentaciones versátiles alrededor del reconocible y profundo piano.

Jazmine Sullivan repasa diversos relatos sobre vivencias femeninas en el brillantemente narrativo Heaux Tales, apenas rebasando la media hora, entre enfáticas conversaciones al filo de los tracks y logradas interacciones de un renovado R&B, como el que detona desde Nueva Orleans Dawn Richard en el electrizante Second Line, justo para entonarse con las rítmicas contagiantes incluso desde gayola. Desde Memphis, Valerie June continuó con su distinguido blues salpicado de country en el viajero The Moon and the Stars. Prescriptions for Dreamers, recordando a grandes excursionistas siderales con la distinción característica, en tanto Joan Armatrading se puso a componer más allá de lo presente con el maduro Consequences.

La canadiense Tamara Linderman, liderando a The Weather Station, entregó uno de los grandes trabajos del 2021 (disco del año para UNCUT): Ignorance, desgranando las relaciones afectivas alrededor de formas que viajan de la sabiduría folkie al sutil acento jazzero, como se advierte en An Overview On Phenomenal Nature, propuesta en efecto panorámica de Cassandra Jenkins, en parte recordando a David Berman (Silver Jews, Purple Mountains), a quien conoció poco antes de que quitara la vida, funcionando así también como un sutil homenaje. Myryam Gendron, por su parte, integró Ma délire. Songs of Love, Lost & Found, combinando inglés y francés, piezas propias y otras sacadas de una tradición que bien ha reflejado este cúmulo de sentimientos.

En tanto, Camae Ayewa firmó como Moor Mother para entregar el anticolonialista Black Encyclopedia of the Air, entre poética contestaría, lamentos emergentes e instrumentaciones libérrimas, mientras que Liz Harris, conocida como Grouper, coleccionó canciones grabadas a los largo del tres lustros para conformar Shade, su duodécimo disco entre un folk sicodélicos pasado por la experimentación concentrada. La paquistaní Arooj Aftab confeccionó Vulture Prince, atravesado por la muerte de su hermano y elabora a partir de una sutil telaraña de cuerdas que van del lamento a la sensualidad. En contraste, Xenia Rubinos le inserta rítmica de su sangre cubana y puertorriqueña a su electrónica en el muy disfrutable Una rosa.

Celebrando el regreso de su padre tras un periodo en prisión por un lío fiscal, St. Vincent compuso con sabor setentero Daddy’s Home, recordando a los héroes musicales de su progenitor -Bowie, Reed, Pink Floyd, Steely Dan- desde una postura teatral y a partir de su ecléctica propuesta arty, abriendo la puerta a notas funky y del rock de aquella década. Lucy Dacus produjo el por momentos autorreferencial Home Video, tercer álbum en el que navega por temáticas cercanas como la sexualidad, la religión y la familia, con el necesario equilibrio entre la intensidad y la relajación, por momentos entrando al territorio del rock y creando logrados ganchos pop de recordados espíritus adolescentes.

La compositora Michelle Zauner, conocida entre los amigos escuchas como Japanese Breakfast, se vistió de colores en el redondo Jubilee, pintado de canciones tan directas como disfrutables, en tanto y Courtney Barnett realizó el paciente Things Thake Time, Take Time, confeccionada a mano y muy a tono con los tiempos que vivimos en los que la aceptación es cada vez un bien mayor. Faye Webster entregó entre broma y broma I Know I’m Funny HaHa, álbum por el que se transcurre de manera apacible, sin perder agudeza y con capacidad para reírse de los propios problemas, mismos que han convivido constantemente con Julien Baker, quien los convierte en puntillosas canciones que van de la adicción, las dificultades de la aceptación y la diversidad sexual: Little Oblivions es la apuesta de la veinteañera para conjurar demonios.

Las incansables de Sleater-Kinney mantuvieron presencia con Path of Wellness, décimo álbum en el que sigue la furia interactuando con la suficiente ironía y el sentido lúdico, apuntando al bienestar auditivo, sin perder intensidad; en tanto,  Liz Phair también volvió después de más de una década sin entregar canciones nuevas con Soberish, en la línea de sus primeros álbumes noventeros pero desde la intacta convicción de la ahora cincuentona. La habitualmente más abstracta Jane Weaver se hizo presente con Flock, novena producción ahora con un carácter más ecléctico, aterrizado y personal, rockeando e incluso rapeando por no dejar, con las habituales inserciones electrónicas a pie de página.

En el territorio del mainstream, Lana del Rey se despachó con un doblete: Blue Banisters y Chemtrails Over the Country Club, en el que se muestra sónicamente más austera y contenida de lo habitual, mientras que Adele volvió de mejor manera que se predecesor con 30, subiendo de nivel e incorporandos experiencias vividas durante el periodo de silencio, y Billie Eilish mantuvo forma y fondo en el paradójico Happier Than Ever, bajando la intensidad de la luz y otra vez contando con la ayuda de su hermano en la producción. Halsey entregó If I Can’t Have Love, I Want Power, apoyada por la producción del tándem Ross/Reznor y desplegando un elusivo juego de intensidades en las canciones para definirse al fin poderosa y, en una de esas, amada.

Transitando de la intimidad que da la soledad del piano a la emoción compartida, Brandi Carlile compuso In These Silent Days, atreviéndose a romper esa aparente calma que surge del silencio para plantear estructuras que crecen y decrecen en forma armónica, cual amplios campos con valles y mesetas que plantean preguntas: un folk que entronca con momentos de countryrock. Hand Habits, proyecto de Meg Duffy, gran colaboradora de reconocidos colegas, nos obsequió Fun House, tomando la guitarra con el cuidado acostumbrado para pasearnos por canciones que parecen referirse al hogar, acaso al nuestro.

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