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CON EL DESARMADOR EN LA MANO

Un poco feliz, de noche, de Beatriz Bracher • Esteban Castorena Domínguez

Esteban Castorena Domínguez

Marriage story, imagen promocional de la película
Marriage story, imagen promocional de la película
Un poco feliz, de noche, de Beatriz Bracher • Esteban Castorena Domínguez

En 2019 Netflix produjo y distribuyó Historia de un matrimonio, de Noa Bambauch. Del film se destacan las interpretaciones de Adam Driver, Scarlet Johansson y Laura Dern. Sin embargo, esas actuaciones no habrían llegado a buen puerto si en el guion, si en la historia no hubiera habido personajes complejos a los cuales dar vida en la pantalla. La historia retratada por Bambauch sigue los pasos de una familia que se desmorona. Un matrimonio joven que se separa luego de que sus ideas sobre el futuro dejaran de coincidir. Ante la decisión, empiezan los roces por la custodia del hijo, él decide quedarse en Nueva York mientras ella decide mudarse con su familia a Los Ángeles. Durante el proceso de divorcio parece haber acuerdos cordiales entre las partes, pero luego vienen las puñaladas por la espalda que fueron incitadas, en gran medida, por los abogados de cada parte.

 

Bambauch no parte desde cero para realizar su obra. Detrás de él hay otros excelentes retratos de una familia que se cae a pedazos. Basta pensar en Un camino para dos (1967) y Kramer contra Kramer (1979). En la primera Albert Finney y Audrey Hepburn, la segunda con Dustin Hoffman y Meryl Streep. Otra cinta sobre el tema y que es sin duda digna de mención es Una separación (2011), film iraní galardonado con más de una decena de premios a nivel internacional.

 

El divorcio es un tema poderoso para la narrativa. Un matrimonio o una relación que termina es una situación cotidiana y universal; al mismo tiempo, sin embargo, cada una de estas rupturas tiene una importante dosis de intimidad e individualismo. Como lectores, nos impresiona ver esa individualidad en estado crudo, la reacción de un grupo de seres humanos que intentan avanzar en medio de una vida que se cimbra hasta los cimientos. Nos impresiona ver la evolución en ellos, el paso del amor y el cariño hacia el desdén y los reproches. A esta fórmula puede añadirse el factor de la cercanía. Un divorcio o una ruptura es algo que, si no ha pasado ya, se mantiene siempre como una posibilidad en la vida cotidiana.

Se mencionaba ya que en Historia de un matrimonio uno de los grandes conflictos es la diferencia de ciudades en las que habitan los personajes. En el relato “Un poco feliz, de noche”, las primeras líneas revelan que el problema no es la distancia, mas la cercanía:

Él no murió ni se fue. Vive aquí al lado, dice que por los niños.

Vive aquí al lado, escucho sus pasos, veo cuando llega del trabajo, el ruido del ascensor cuando sale a trabajar de traje y corbata. Él lleva a los niños a la escuela, escucho el timbre, beso a los niños en la sala y luego se van con él.

 

Con ese inicio, Beatriz Bracher propone una situación poco convencional. Una pareja de divorciados que, de algún modo, siguen viviendo juntos. Inmediatamente después de ese potente inicio, la autora hace saber a sus lectores que la proximidad del exmarido causa ansiedad en la narradora. Esta ansiedad la demuestra en el gesto de arrancarse la piel seca de los labios. Se arranca esta piel justo antes de bañarse y prepararse para ir al trabajo. Bracher, en la construcción de su relato, hace un guiño interesante en ese pequeño ritual cotidiano de asearse. A la narradora no le importa si los vecinos la ven desnuda por la ventana, lo único que le interesa es que haya luz en el departamento porque, según dice, si cierra las persianas la tristeza aumenta.

El detalle de la desnudez y la oscuridad pareciera una nimiedad; por el contrario, esta es una pieza importante en el entramado de la historia. Por un lado, la mujer se muestra desnuda ante los vecinos, pero, en un sentido figurado, también lo hace con los lectores. Aquí está, una vez más, el elemento de intimidad que da fuerza a una historia de divorcio. Por el otro lado, las ganas de alejar la oscuridad para alejar la tristeza marcan ya una constante que se manifestará a lo largo del relato. La mujer sabe que está en un periodo difícil y que no logra salir de él. En su desnudez y en esa ansia por tener luz, la narradora parece demostrar un anhelo por recibir ayuda.

Esta idea se refuerza con los siguientes comentarios. Por la noche, cuando sus hijos ya duermen, a ella le gusta ver noticias sobre desastres, ver situaciones en las que las cosas están de cabeza, accidentes o catástrofes naturales, por ejemplo. Bracher realiza una suerte de falacia patética contemporánea donde la televisión expresa los sentimientos internos de la mujer. La contradicción entre el malestar y la necesidad de ayuda vuelve a expresarse también en este recurso. Además de los noticieros, la narradora disfruta de los programas americanos en que un equipo cambia la vida de una persona.

Me gusta cuando el equipo entra en el departamento y cambia todo de lugar conforme el deseo de la persona, lo que ella dice que quiere y lo que no quiere ser más, cambia también su forma de vestir, el corte de cabello, le enseñan a cocinar. Porque eso es lo que las gente siempre deseó y se inscribe en el programa movida por ese deseo y por su incapacidad de realizarlo.

Hay, sin embargo, otro contraste que se percibe a lo largo del cuento. En contraposición con la infelicidad de la narradora se encuentra la aparente normalidad con la que el exmarido continúa su vida. La mujer se molesta con los ruidos nocturnos en el departamento junto al suyo, con la frescura que demuestra cada mañana antes de llevar a sus hijos a la escuela. Su exesposo es consciente de esa molestia. De un modo maquiavélico, el hombre vive su cotidianidad con total naturalidad, sólo con el objetivo de quebrar a a su exmujer.

Ambos, él y ella, son conscientes del punto muerto en el que se encuentran. La mujer no puede mudarse y huir porque no podría dar una vida digna a sus hijos. Si se mudara, su exesposo tendría armas para solicitar la custodia de los niños ante un juez. De este modo, las dos partes del divorcio entran en un juego de resistencia. Cada uno de ellos se aferra al mismo objetivo, quedarse con los hijos. La mujer, aun cuando se encuentre en medio de la tempestad, sigue ganándole esa batalla a su exesposo. Sus hijos duermen con ella.


La versión al español de este relato se encuentra en Nado libre. Narrativa brasileña contemporánea, publicado por la UNAM y disponible en línea.



 

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