viernes. 27.05.2022
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Tachas 465 • Las hibridaciones de las imponentes calabazas • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

The Smashing Pumpkins
The Smashing Pumpkins
Tachas 465 • Las hibridaciones de las imponentes calabazas • Fernando Cuevas


Dentro de la llamada escena alternativa, cuyas puertas al gran público fueron abiertas en la década de los noventa por Nirvana, entre otros (en los ochenta por R.E.M.), destacó un grupo que supo incorporar las bases del rock duro para mezclarlo con propuestas novedosas orientadas a crear un sonido identificable y propositivo: no se encontraban en el centro neurálgico en que se había convertido Seattle, escenario principal del movimiento Grunge, sino en Chicago, centro urbano también de grandes renovaciones bluseras y jazzeras.

Con una notable influencia de varias fuentes como el heavy metal, el progresivo, el gótico, el art rock y el glam, amalgamada con toques estilísticos de My Bloody Valentine -sobre todo en la reinvención del uso de la guitarra-, y lances propios del dream pop, The Smashing Pumpkins potencializaron la habilidad compositiva y lírica de su líder, Billy Corgan, junto con la capacidad instrumental de James Iha y D’arcy en guitarra y bajo respectivamente, quienes con la batería de Jimmy Chamberlin, entretejieron saturados tapices sonoros y sutiles hebras cuidadosamente bordadas, por las que la peculiar voz de Corgan se arrastra como un incesante gemido que le canta a aquellas experiencias que determinan la vida de las personas.

Toda la megalomanía del artista incomprendido y en ocasiones calificado como pretencioso, puesta al servicio de la creación musical como escape al cúmulo de tormentos, ambiciones, culpas y cuestionamientos. La historia empieza en Chicago en 1988, cuando Billy Corgan, después de un viaje fallido a Miami para conformar una banda, conoce a un americano-japonés llamado James Iha, con quien compartía el gusto por el rock de Black Sabbath, Jimmy Hendrix y Led Zeppelin, entre otros. Al poco tiempo, Corgan se involucra dentro de un bar en una discusión sobre un grupo con una mujer, la cual resultó ser bajista: respondía al nombre de D’Arcy Wretzky.

El trío comenzó a tocar con una caja de ritmos, hasta que el propietario de un club solicitó la entrada de Jimmy Chamberlin, de corte más jazzero, para que la batería fuera de carne y hueso. Con los sencillos I Am One y Tristessa, apareció entonces el explosivo y sorprendentemente bien consolidado Gish (1991), ya mostrando las coordenadas de la propuesta tal como se deja escuchar en Snail y Rhinoceros, de lenta y profusa cocción, así como en la en efecto ensoñadora Daydream; extrañamente, una canción tan representativa del estilo de la banda como Starla, con esa inflamante guitarra, quedó fuera de la publicación original, aunque rescatada en la edición de lujo tiempo después. Su sencillo Drown se incluyó en el soundtrack del filme Singles (Crowe, 1992).

Su siguiente lance fue el clásico Siamese Dream (1993), uno de los grandes discos de los noventa que contó con la producción de Butch Vig: desde la abridora Cherub Rock, fue una obra clave de la escalada alternativa y festejo grandilocuente del rock como expresión artística que impacta al sistema nervioso, al neuronal y, por supuesto, al afectivo, gracias a una inteligente alquimia de saturación en las guitarras y dinamismo en la base rítmica (Geek U. S. A.), sutileza en el piano, cuerdas y campanas (Disarm) y poético desencanto en las letras (Today, Soma). Como colofón, ahí están Mayonaise, que captura la esencia estilística de la banda; Spaceboy, dedicada al hermano de Corgan y, después de la prolongada catarata eléctrica de Silverfuck, un par de baladas para bajarle al voltaje: Sweet Sweet, hermoso canto a la agonía, y Luna, con sorprendentes cambios melódicos.

Tras el recopilatorio de lados B Pisces Iscariot (1994), presentaron el amplísimo, contrastante y ambicioso álbum doble Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995), último con la alineación inicial y acaso el punto de quiebre para la banda, aquí trabajando con Flood y Alan Moulder: desde la inicial e instrumental pieza homónima, se advierte la sensibilidad melódica extendida de inmediato a Tonight, Tonight y a Thirty Three, así como al juego de reflejos entre Porcelina of the Vast Oceans y Thru the Eyes of Ruby, si bien no se deja de lado la vertiente guitarrera (Jellybell, Zero) y el tono mutante como el de Bullet with Butterfly Wings; tampoco falta la sensible nostalgia adolescente, expresada en 1979. Quizá una poda para dejar el álbum sencillo y mandar algunas piezas a lados B, le hubiera dado una mayor consistencia, así como incluir Set the Ray To Jerry en la edición final.

Tras contribuir con Eye para el soundtrack del film Lost Highway (Lynch, 1997) y con The End Is the Beginning Is the End y The Beginning is the End is the Beginning para Batman & Robin (Schumacher, 1997), grabaron el introspectivo Adore (1998), en el que ya no participó Chamberlin y que estuvo atravesado por la muerte de la madre (ahí está For Martha) y el divorcio de Corgan, de paso representando un cambio de dirección estilística, más orientado hacia la electrónica con un aliento gótico, tal como se percibe en Ava Adore, To Sheila y Perfect, canciones que acabaron por volverse insignia de esta mutación.

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Siguió MACHINA/The Machines of God (2000), que marcó una ruptura que parecía definitiva con la salida de Wretzky -sustituida por la exbajista de Hole, Melissa Auf der Maur- y a pesar del regreso de Chamberlain: la intención pareció ser proponer un regreso a las bases con cortes como Stand Inside Your Love, The Everlasting Gaze y Try, Try, Try. Decidieron, ante las negativas de la disquera, poner de manera gratuita un álbum complementario con otras piezas de las sesiones de grabación al que llamaron Machina II: The Friends and Enemies of Modern Music (2000) y al año siguiente apareció el obligado Greatest Hits (2001).

A inicios del siglo, los miembros del grupo presentaron varios proyectos por separado: entre otras labores, Corgan formó Zwan con Chamberlain (quien grabó algunos discos de jazz), incluyendo al guitarrista Matt Sweeney y al bajista David Pajo, además de firmar The Future Embrace (2005), en plan solitario y publicar un libro de poesía; Iha tocó con A Perfect Circle y formó The Virgins en complicidad con Auf der Maur. Corgan reagrupó a las calabazas junto con el propio Chamberlain pero ahora convocando a Jeff Schroeder (guitarra), Ginger Reyes (bajo) y Lisa Harriton (teclados), para presentar el irregular Zeitgeist (2007), marcando un regreso poco esperanzador, aunque canciones como Tarantula mantenían la esperanza al que le siguió un EP titulado American Gothic (2008), antes de que, una vez más, Chamberlin se despidiera.

Corgan empezó a grabar sencillos con Schroeder e integrando al bajista Nicole Fiorentino y al baterista Mike Byrne, bajo el proyecto Teargarden Kalidyscope, consistente en ir soltando canciones a lo largo del tiempo que se organizaron en las cajas de EP’s Songs for a Sailor (2010) y The Solstice Bare (2010), hasta que se lanzó a integrar Oceania (2012), entrega en la que buena parte de la fuerza creativa parecía renacer y que se complementó con el álbum en vivo Oceania: Live in NYC (2013). La generación de canciones en principio independientes y de libre acceso, alcanzó para producir el álbum Moments of Elegy (2014), con la participación de la batería de Tommy Lee (Mötley Crüe).

Después de una reunión de Iha, Corgan y Chamberlin para una presentación en Los Ángeles, grabaron The Shiny and Oh So Bright, Vol. 1/LP: No Past. No Future. No Sun (2018) con el apoyo en el bajo de Jack Bates y en la producción de Rick Rubin. Con una orientación pop de lograda confección y con la característica vocal aguda de Corgan todavía a punto, el álbum representó la puesta al día del grupo con Solara como estandarte y la inicial Knights of Malta señalando el rumbo más reposado. Los tres miembros originales se mantuvieron para presentar Cyr (2020), álbum doble en el que prevalece el synthpop influido por New Order, que contó con el aporte del guitarrista Schroeder y que a partir de la canción homónima y de The Colour of Love, mostraba la compenetración largamente añejada de la banda, aunque sin tomar demasiados riesgos y una vez más estirando demasiado la liga para que entren. Se acompañó de una serie animada de cinco partes llamada Ashes, escrita por Corgan.

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