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Tachas 469 • Sucession: el lenguaje del capital • Óscar Luviano

Sucession - Fotograma promocional de la serie
Sucession - Fotograma promocional de la serie
Tachas 469 • Sucession: el lenguaje del capital • Óscar Luviano

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Sucession: el lenguaje del capital

El título de esta serie se refiere a un recambio que nunca sucede. O que sucede de la forma en que operan los recambios en el universo del Gran Capital. Ya no estamos en la era del gatopardismo, en la que todo cambiaba para seguir igual. Lo de hoy es destruirlo todo (afectos, empresas, posibilidades) para evitar el cambio inevitable. Para que esta operación tenga efecto (y ya lo sabía Ricardo III) es necesario crear otra realidad (la del capital) que se imponga a este mundo, y eso sólo se puede hacer desde el lenguaje.

Sucession (HBO, 2018), que va por su tercera temporada, es, en apariencia, otra serie de ricos en disputa por un emporio, en una línea que viene desde Dallas y nos toca con Cuna de Lobos: Logan Roy (Brain Cox) ha decidido dejar las riendas de su conglomerado mediático y ofrece una reunión familiar para anunciar a su sucesor. Todo apunta a que el elegido será Kendall (Jeremy Strong), su segundo hijo, un frágil CEO que esconde su adicción fingiendo ser la imagen que su padre espera. Gana por contexto, pues la competencia le favorece: su hermano mayor, Connor (Alan Ruck) es un paciente psiquiátrico empeñado en comprar el amor de una mala dramaturga, su hermano menor, Roman (Kieran Culkin) es un freak en toda regla que se masturba contra los cristales de su elevadísima oficina, y su hermana Siobhan (Sarak Snook) es una mujer, una condición repelente para los inversionistas.

Sin embargo, al momento del anuncio de su sucesor, Logan, no se decide: Kendall ha perdido puntos al mostrarse incapaz de la compra hostil de una empresa rival y Roman gana puntos al humillar al hijo de sus sirvientes de toda la vida, Siobhan muestra interés por la empresa en la medida que la segunda esposa de Roy, Marcia (Hiam Abbas), hace lobby para ser la nueva presidente de Wayland Inc.

Las presiones ante su indecisión tienen efecto y Roy sufre un ataque que lo manda al hospital. Sus hijos y Marcia realizan una tensa vigilia en la que se disputan el cuidado del patriarca como forma de ganar posiciones frente a los otros, en espera de lo que parece un inevitable desenlace.

Sucession arranca con pistas falsas: parece que será una serie sobre luchas intestinas, el enfrentamiento de una mujer empresaria con la figura patriarcal, las nuevas dinámicas de las grandes corporaciones o el destino de los emporios mediáticos tras la disolución que les ha significado Internet.

Todos esos temas están ahí como telones de fondo de la gran disputa familiar por el poder que Logan se niega a dejar, y con cuya promesa juega a su antojo con sus hijos. Sin embargo, creo que el gran tema de Sucession (y alrededor del que se construyen sus mejores escenas) es el uso y perversión del lenguaje que usa Logan, y la forma en que  lo convierte en una herramienta para conservar su posición.

Y es que Roy habla, habla mucho, pero casi no dice nada. O lo dice todo, pero de una forma que mueve a la confusión de su receptor, pero le impele a obedecerle sin dudarlo. Cuando Shioban le pregunta si ella es la elegida, Roy gruñe o le responde con preguntas ambiguas. Cuando le pide a uno de sus hijos que se convierta en el chivo expiatorio para cubrir un escándalo mediático, le refiere la historia de los sacrificios de niños que realizaban los incas. Logan Roy es el capitalismo que habla en clave, pero al que no tenemos otro remedio que obedecer.

Esta dimensión del lenguaje capitalista se logra presentar gracias a la presencia de un personaje no acreditado en la serie: nosotros, los espectadores.

Ante los silencios, los golpes en la mesa, las frases sin aparente sentido o aquellas de inesperada claridad de Roy, los realizadores nos dejan el manejo de la cámara, que reacciona como un testigo, a veces indignado, a veces aterrado, de las charlas que presenciamos. El zoom, la cámara al hombro, el violento paneo de un interlocutor a otro, parecen tratar, en un primer momento, de captar reacciones en los personajes, cuando no cabe en ellos más que el pasmo o la autocontención. Y también se pasea por el rostro de piedra de ese implacable padre, como tratando de descifrar en su ausencia de expresión el verdadero sentido de lo que acaba de proferir.

Esa es la gran enseñanza de Sucession y su experiencia inmersiva: junto con Kendall y la familia Roy nos sometemos a todas las humillaciones posibles, demandadas por el patriarca (desde renunciar a una novia incómoda hasta ponerse de rodillas y chillar como cerdo durante una cena familiar). Al igual que los personajes, creemos que someternos a estas vilezas con ojos y oídos bien abiertos nos dará la clave para obtener el favor del mercado. Pero eso es mentira.

Sucession va por su tercera temporada en HBO.


 

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