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Tachas 470 • Ludovico Einaudi: Un viaje por las nubes del tiempo [I] • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Ludovico Einaudi- Un viaje por las nubes del tiempo
Ludovico Einaudi
Tachas 470 • Ludovico Einaudi: Un viaje por las nubes del tiempo [I] • Fernando Cuevas

Sus composiciones apuestan a la sencillez y honestidad, de espíritu minimalista con escalas incrementales y melodías sensibles, interpretadas con plena convicción para transmitir emociones diversas, desde las que se asocian con estados melancólicos hasta las que se vinculan con momentos efusivos. Introspección que salta a la epidermis por palpitantes vehículos armónicos y fluidos cauces melódicos transitando por las dualidades de la noche y el día, el blanco y el negro, el paso del tiempo, los días y la quietud, el hogar y el viaje iniciático, la permanencia o la transformación.

Originario de Turín, el compositor y pianista Ludovico Einaudi (23/11/55) es además oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana; después de ser guiado por su madre en el encuentro con el piano durante su infancia, tuvo una formación clásica inicial en el Conservatorio Verdi de Milán, donde terminó en 1982. Fue alumno, ni más ni menos, que de Luciano Berio y entre sus principales influencias se pueden ubicar a los maestros Erik Satié y Philip Glass, de quien retoma un minimalismo llevado a territorios más asequibles, cercanos al new age con ciertos apuntes del neoclasicismo, en la vertiente donde se encuentran Michael Nyman y Max Richter, con sus respectivas particularidades.

Tras algunos escarceos con las formas clásicas, grabó Time Out (Un Viaggio Nel Tempo, 1988), todavía recurriendo a este tipo de estructura y se empezó a dar a conocer por medio del cine, tal como se advierte en la música para Treno di panna (De Carlo, 1988) y en sus colaboraciones con el realizador Michele Sordillo para Da qualche parte in città (1994), Acquario (1996) y La vita altrui (2000); también acompañó al dueño de una lavandería y a una monja para proteger a un bebé abandonado en Fuori dal mondo (1999), dirigida por Giuseppe Piccioni, con quien volvió a colaborar en Luce dei miei occhi (2001).

Fuera de cuadro y ya con un estilo más asumido, presentó Stanze (1992), composición para arpa con 16 piezas, interpretada por Cecilia Chailly, y de ahí nos invitó a un paseo sonoro por la jungla con Salgari (1995), en honor a su compatriota escritor, parada básica de nuestra formación como lectores. En estos primeros años de trayectoria, grabó varias piezas para orquesta, música de cámara, teatro y danza, desarrollando un propuesta que se iría alimentando de sutiles elementos del folk, el rock y el pop, además de la integración de sonidos de distintos rincones del planeta, particularmente de África.

Continuó su trayectoria más allá de la pantalla vía Le Onde (1996), álbum en el cual propuso la canción principal y Onde Corte como si se trataran de arrecifes de toque para entrar en un estado de pacificación, de tal manera que fuera posible dejarse mecer por el reconfortante oleaje y así poder arribar con la motivación justa a Eden Roc (1999), desplegando juegos de cuerdas con crecientes intensidades emotivas como en Fuori Dal Mondo y la canción homónima que se despliega desde la guitarra inquieta, en contraste con el corte homónimo, orientado a esa tristeza que aparece sin permiso, o con la poderosa Odessa.

Se presentó de nuevo en pantalla para acompasar las imágenes de Giorni dispari (Tambasco, 2000), con ciertos lances roqueros, del documental histórico Luigi Einaudi. Diario dell'esilio svizzero (Hermann, 2000), sobre su abuelo, quien fue presidente de la República italiana de 1948 a 1955, así como de los filmes Le parole di mio padre (Comencini, 2001), Alexandreia (Ilioú, 2001), Un delitto impossibile (Grimaldi, 2001) y el corto documental L’anima in luce (Bizzarri, 2001). Musicalizó la miniserie televisiva Doctor Zhivago (2002), el enredo romántico Sotto falso nome (Andò, 2004) y This is England (Meadows, 2006), siguiendo los pasos de un niño que se empieza a relacionarse con un grupo de skinheads.

Entretanto, grabó I Giorni (2001) y su hermosa pieza titular, así como para admirar una profunda noche, como si se estuviera viviendo otra vida, mientras se dejan escuchar las melodías africanas, extendidas a Diario Malí (2003), tejido finamente a cuatro manos junto con Ballaké Sissoko, maestro de la kora con quien formó una muy feliz complicidad; este mismo año, entregó un disco doble en vivo titulado La Scala Concert 03 03 03 (2003). Pronto apareció el esplendente Una Mattina (2004), uno de sus grandes álbumes que nos llevan a la celebración de los amaneceres entre nubes de tonalidades contrastantes y en el que se incluye Nuvole Bianche, composición que se convirtió en una de las más reconocidas.

Caminar siete días para sumergirse en el hogar

De gran intensidad tímbrica, Divenire (2006) nos invita a emprender un revulsivo vuelo transformador en plena primavera, con todo y efectos sonoros para ambientar el trayecto exterior, mientras que Live in Berlin (2008), representa una buena oportunidad para palpar el intimismo y la emotividad puesta en acción por parte del pianista. Siguió el temperado Nightbook (2009), incluyendo el corte ídem con sus cuerdas incisivas y Berlin Song, de ánimo reposadamente evocativo; formó el trío Whitetree con los alemanes Robert y Ronald Lippok, asociación que dio un fruto llamado Cloudland (2009), con electrónicos apuntes ambient de robustas raíces. Al siguiente año, se publicaron un par de álbumes en vivo: Live in Prague (2010) y The Royal Albert Hall Concert, London, March 2, 2010 (2010), capturando un momento específico en el mítico recinto inglés.

El sensible compositor y pianista italiano no dejó de participar en el mundo audiovisual: compuso la música para Das Ende ist mein Anfang (Baier, 2010), sobrevolando la actuación de Bruno Ganz en el papel del periodista y escritor Tiziano Terzani, para después colaborar con Olivier Nakache y Éric Toledano en Intouchables (2011), que incluyó la memorable Una Mattina para fortalecer la inesperada amistad entre los dos protagonistas, y en Samba (Nakache y Toledano, 2014), poniéndole la nota al improbable romance que inevitablemente se va desarrollando; le puso también música a la película distópica Into Dust (Oxley, 2014), además de hacerse presente en varios cortometrajes y obras para televisión.

Tras el abarcador recopilatorio Islands (2011), en el que se incluyeron dos piezas inéditas con todo el sello de la casa, The Earth Prelude y High Heels, y algunas versiones de canciones anteriores, nos abrió espacios con In a Time Lapse (2013) y la muy sonada Experience, de caleidoscópico alcance para acompañar una caminata que puede acelerarse durante el lapso de una noche, llena de revelaciones y autodescubrimiento; el álbum mereció una versión de remixes no del todo afortunada. Formó parte del Taranta Project (2015) junto con el guitarrista Justin Adams, el blusero gambiano Juldeh Camera y, una vez más, con el maliense Ballaké Sissoko.

Continuó con el envolvente Elements (2015), contando de nuevo con la presencia del violinista Daniel Hope y su técnica depurada en Petricor, además de la colaboración de la Amsterdam Sinfonietta lanzando vientos arremolinados, justo para poder observar la inmensidad de la noche con ojos ampliados por las lágrimas. Formó equipo con sus energéticos compatriotas de Kalàscima y participó en el 2016 para apoyar la campaña a favor del Ártico y colaboró con el maestro japonés Koreeda en Sandome no satsujin (El tercer asesinato, 2017), aportando sus sonidos para acentuar el tono de misterio y tensión en este brillante drama judicial, así como en Il Grande Spirito (Rubini, 2019).

Propuso su magno proyecto semanal: Seven Days Walking (2019), integrado por siete discos, cada uno representando un día y publicados en meses consecutivos, de marzo a septiembre. Varias piezas se han aprovechado para formar parte de soundtracks y su cinemático estilo se desdobla entre pasajes de reflexividad que van bifurcándose hacia zonas de mayor intensidad dramática o incluso festiva, a través de oscilaciones instrumentales que se yuxtaponen para darle continuidad al desarrollo melódico, de pronto revoloteando y creciendo en forma de espiral: uno en efecto se siente como un caminante que, diría Machado y cantaría Serrat, hace camino al andar.

El septeto sonoro inicia entre neblina, buscando cuál pudiera ser la ruta a pesar de no tener claro el destino pero sí el propósito: las huellas del astuto zorro y las mariposas doradas pueden ser indicios de por dónde transitar, acaso siguiendo el rastro de la luna llena que ilumina los representativos fósiles, mientras se soportan los vientos fríos encendiendo una fogata comunitaria para dejar que las teclas del piano se encuentren con las cuerdas cristalinas y así, desde la vista del otro lado, encontrar la simetría armónica que nos permita desafiar la gravedad y ascender hasta coincidir y encontrarnos con el sentido de esta larga y enriquecedora caminata.

Después de varias piezas para cortos, compuso el soundtrack de The Father (Zeller, 2020) para adentrarse en las angustias que implica la pérdida de memoria y acompañar a Anthony Hopkins en este laberinto del olvido, mientras que en Nomadland (2020) de Chloé Zhao, se insertaron con pertinencia algunas de sus notables composiciones. A través 12 Songs From Home (2020), grabado en su casa con un iPhone e integrado por reconocidas piezas de su trayectoria, regresó con delicadeza al punto de partida después del largo periplo, justo en tiempos de pandemia, para sumergirse en Underwater (2022), listo para la vívida ensoñación en clave new age y bucear hasta dar con la iluminación proveniente de la luz natural. Antes, se publicó Cinema (2021) un recopilatorio de sus principales composiciones para la pantalla grande y otras que han sido empleadas en alguna película. Nos visita en nuestro País para dar un par de conciertos, en Guadalajara y la Ciudad de México.

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