miércoles. 28.09.2022
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Tachas 482 • La Ciencia del Sonido •  Francisco Rangel

Francisco Rangel

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Tachas 482
Tachas 482 • La Ciencia del Sonido •  Francisco Rangel

A Dj Neztic, Sango Records
A Molloy and His bicycle,
Umor-Rex Records
A Luis Esquivel

 
I. El método emocional

1

Salió de la cafetera aquel ruido. Me quedé escuchándolo hasta que se terminó el agua. Volví a llenar la cafetera y se reprodujo. Usé el micro Zoom H4 Bundle para grabarlo. Algo tenía que pasar con aquel ruido que no podía dejar de escucharlo.

2

Fui a trabajar como todos los días al estudio. Hoy grabaría a unos mariachis. De ocho a diez horas de sesiones del mismo chirriar de violines y guitarrones infames. Hacía tres días que había grabado los vientos y fue un fastidio interminable. Conecté el Bundle al estéreo del auto y me fui escuchando el ruido de mi cafetera.

3

Son las ocho de la noche de viernes y terminé de grabar a Los Gallos de Moroleón. Hace una hora que recogieron sus instrumentos mal afinados y se fueron. No regresarán hasta el lunes. Hago una copia de los archivos en el disco duro externo de lo grabado y mañana comenzaré el armado de los tracks. Cierro el estudio y me rasco la oreja al lado del árbol que está en la acera. El zumbido de los mosquitos me entretiene. Tengo a mano mi Bundle. Los grabo.

Subo al auto y me desplazo al Segmento (el antro donde pincho discos viernes y sábados). Antes me detengo en el Oxxo y compro un seis de indio. Bebo una botella en el estacionamiento. Pongo en el estéreo a los zancudos recién grabados.

4

En el bar pongo el mismo sonido aburrido que todos desean escuchar. El Dj anterior me hizo extrañar a los mariachis. El siguiente sólo repite los sonidos Drum’nBass de cualquier lugar y los bailadores se lo agradecen. Estoy aburrido y sólo espero que me paguen. ¡Bah! Puedo volver mañana.

5

Prendo la Mac, la tarjeta de audio externa y abro el Cubase. Conecto el Akai MPK49. Doy un par de notas y verifico el mapeo de los plugins. Borro. Conecto Bundle a la Mac. Extraigo las dos grabaciones.

A las seis de la mañana decido que sólo he hecho porquerías con dos buenos sonidos. Me voy a dormir.

6

A las once de la mañana me levanto. Prendo la máquina y entro al Ableton. Abro el drums kit y comienzo a trabajar en un ritmo a ¾. Muy sencillo, el ritmo recuerda las baterías de nu-jazz: bombo, caja y charles. Prosigo con un fingerbass acompañando el ritmo de la batería. Meto dos sintes para probar los sonidos. Una sección de arpegios. Una transición y armo otra sección de batería y bajos. La pieza suena bien. La guardo. Entro en el sinte Xchurchs crunch X9. Introduzco el sonido de los mosquitos como un MIDI In. Le doy un valor en el teclado como C. La máquina hace su trabajo sintetizando los sonidos con los valores C2, D, D2, E, F, F2, G, G2, A, A2 y B. Rendereo y guardo los sonidos como una octava. Regreso al Ableton. Cambio el sonido en uno de los sintes usando el sonido de los mosquitos. Suena como un track viejo, pero revitalizado por los sonidos de los moscos en lugar de una sección de metales. Realizo el mismo proceso con el sonido de la cafetera. Mejora aún más.

Son ya las seis de la tarde. Me baño y pienso cómo mezclar la pieza en el bar. La velocidad me da un poco de miedo, está a 110 BPM.

7

Me tocan los platos hasta las once y media. Mis dudas aumentan, el Dj anterior ha estado poniendo ese horrible tecno de 118 – 120 BPM. La gente baila como enajenada. Voy al baño y unas chavas están tomando pastillas. Me ofrecen. Declino la invitación. Regreso y le pido al barman una cerveza para contener un poco la aprensión. Sí, les pondré el track y veremos qué pasa. Abro mi set con No Coke de Dr. Alban, sólo para bajar la velocidad de los beat. Sigo con American Boy de Estelle. Después Little Girl de Darger Mouse & Sparklehorse. Arriesgo y saco la guitarra inicial de Tonigth de New Kids on the Block como intro a mi track. Subo de a poco el picht para llegar a los 120 BPM. La gente baila y siento a dos de los Djs respirando sobre mi hombro. Meto I Can't Give You Up de Smoove & Turrell. Así continúo con ese sonido R&B soulero. Siete tracks después pongo a Willy Crook & The Funky Torinos. Minerva, la dueña del bar, me pasa un papelito pidiéndome que vuelva a pinchar el track que no conocía. Antes de acabar Back to Life de Willy Crook pongo mi track. Lo remixeo en vivo. Los bailarines de la noche gritan y se agitan. Un borracho me entrega su copa. Ya es la una y media, sigue el otro Dj.

8

Salgo del bar para fumar un cigarro. Sale Dj Okre para preguntarme sobre el track. Le explico cómo lo hice. Regresamos al bar y las cervezas me llegan hasta sin pedirlas. Minerva me felicita por el track. Acabamos la fiesta a las seis de la mañana en el depto de B-Foy. Al salir de allí nos habíamos planteado como meta armar una biblioteca de sonidos que nos identificaran como ciudad.

9

Ya es lunes. Comienzo mi semana oyendo el track. En el estudio mezclo cuatro tracks de Los Gallos de Moroleón. A las tres se los mando por mail al director para que me dé el visto bueno. Voy al Oxxo por unos vikingos y un té verde. Con el micro grabo el sonido de la máquina de café. Con tres segundos es más que suficiente. Checo el mail. Dj Less me acaba de mandar una serie de sonidos extraños y sucios. En el correo me cuenta que son el sonido de limpiar una chamarra de piel, una franela sobre unos platos, una escoba de pajilla pegando en una ventana y el chirriar de una bota nueva. Convierto en octavas cada sonido y lo reenvío. Tengo siete nuevos correos, cada uno con una colección de sonidos igual de extraños. Regreso a casa. Mañana sintetizaré esos sonidos.

10

El día miércoles comienza con un café y la masterización de los diez track de Los Gallos de Moroleón. Ni siquiera voy al estudio, prefiero hacerlo como un buen bedroomer. Al abrir el correo tengo quince mensajes. En cada uno hay un track de gente con la que apenas he cruzado tres palabras. La mayoría son pésimos, pero hay tres muy salvables.

11

Hoy viernes, les entregué su primer dubplate a Los Gallos de Moroleón. El director estaba muy emocionado. Nunca entendí por qué querían un dubplate, todo mundo sabe que después de usarlo quince veces la aguja lo dañará y ya no se escuchará. Pero, bueno, ellos pagan.

Voy al banco. Deposito el cheque y regreso al estudio. Hoy abriremos el set con los tracks que seleccioné. Todos van por los 120 hasta los 140 BPM. Por alguna extraña razón, los bedroomers usaron bases de 2 step y UK garage al ralentí. Sobre ellos pegaron los sonidos de objetos grabados. Según Okre, ya tenemos unos diez gigas de sonidos para la biblioteca.

12

El Segmento está a rebosar. Para ser viernes, es raro. Los conocidos me saludan y me presentan con gente que no conozco. De pronto tengo una cerveza en la mano. Hay periodistas de la localidad, los tres tipos que tienen sus net labels, artistas que en la vida me habían saludado y venían seguido. Empezó Dj Zpeedy con Synthe Pop, que va de Kraftwerk hasta Depeche Mode. Toma algunos loops de Richie Hawtin, oscurísimos y planta encima algunas partes del Dreams Less Sweet de Psychic TV. Aún no reconozco el track. La fiesta sube de a poco. Faltan diez para las once. Minerva toma el micrófono y la fiesta para un momento. Hace una presentación de las ideas propuestas para un sonido que identifique al Segmento. Me invita a ponerme frente a los platos. Conecto la Mac. Pido otra cerveza y suelto el primer track. Comienza lento. Aparenta ser una base: bajos y percusiones crudas; más percusiones, bajan y entran una sección de cuerdas tratadas con diente de sierra. Regresan a más velocidad los bajos, las percusiones; y los sonidos extraños. Minerva preparó un show con bailarinas entre lo gogó y lo puteril, que bailan tras una cortina. Se acaba la introducción y los parroquianos brincan cada vez más. Todo es sudor, cuerpos rozándose, huele a amor químico en cada centímetro del lugar. Mañana, por la mañana, otra vez seremos un grupo de perdedores y metidos en problemas. Hoy es hoy: pura intoxicación. Alguien se quita la camisa o la blusa, alguien más lo sigue. Sólo voy controlando la ecualización, el set venía pregrabado. Unas sirenas bajan los beats, truenan las bocinas ante las bass lines siguientes.

13

El set duró tres horas. Estoy en el área de fumadores (dos cuartos sin techo donde los chavos descansan o toman otra tacha). Conozco a los que me enviaron tracks; me asustan un poco al saber su edad: soy el mayor de ellos. Manuel, otro productor, se acerca. La charla se alarga y terminamos embarcados en un proyecto de hacer un mixtape para distribuirlo por internet. Salgo de allí con un gusto extraño: me siento nuevo, revitalizado. Hasta que llego a casa.

II. El caldo primigenio

Informe Leonstep: una teoría del inicio de la vida 

A mediados de la presente década, este sonido hizo mella estando en el epicentro de la electrónica de baile. Y como todo género icónico, ya tuvo su mártir, tres sellos disqueros independientes que comercializan el sonido, una vida corta que se sustenta en la rapidez de su distribución y las emulaciones que ha tenido dentro y fuera de su país: México.

Por David Rivera

Llamado leonstep por el lugar donde se originó, más las bases rítmicas del funk y el sonido 2 step ralentizado, ha dado paso a un grupo numeroso de productores que trabajan en sus recámaras elaborando piezas de un gusto sucio, con una biblioteca sonora que utiliza ruidos extraídos de su entorno, evitando la imagen de la fábrica, el automóvil o cualquier otro sonido obvio. Sus sonidos vienen de objetos familiares, aumentados, sintetizados, a los que nunca solemos prestar atención. Ellos los traducen en resonancias de una fiesta agreste y desternillante. Es música para el baile y el disfrute en la comunión social. 

Se transformó en una leyenda urbana con el suicidio de uno de los productores primarios, en el momento en que el sonido comenzaba a cobrar fuerza en el underground del dancefloor globalizado: Daniel Ibelles, mejor conocido como Dj Flex O, tomó la decisión de terminar con su existencia a causa de una depresión constante. No se ha aclarado la situación, ni ha existido un porqué definitivo para explicar su acción después de colocar los últimos tres Mixtapes en su My Space. Un día posterior al fallecimiento, Manuel Gómez (alias Dj Max Ostil) lo anunció en el mismo espacio electrónico. De los diecisiete Mixtape colocados, el que menos tiene es un aproximado de ocho mil descargas. Con ello, lograron poner en el mercado seis acoplados y catorce discos de diferentes productores relacionados a este sonido. Era de suponerse que los últimos Mixtapes se convirtieran en joyas de culto.

Ahora logramos platicar con Dj Max Ostil, quien nos plantea el nacimiento del leonstep, en qué trabajan y cómo se desarrolla, así como de Dj Flex O.

Me encuentro con él para desayunar en un Vip´s. No me ha esperado y lo observo devorando unos hot cakes. Detrás de unos lentes oscuros, con el pelo largo agarrado en una cola de caballo y luciendo una playera gris con un Mickey Mouse al frente. Comenzamos la charla.

¿Quién es Max Ostil, cómo nació y qué hace ahora?

Ja. Pues soy un tipo que estudió biotecnología. Durante la carrera comencé a mezclar en un bar gay llamado Nation. En aquel momento sólo era un empleo donde podía hacer lo que me gusta y había algo de dinero. No ponía la música que más me entusiasmaba, pero aprendí los rudimentos y el respeto al público; cual sea, lo importante es que ellos sean los que se diviertan. Mi nick era Dj No Importa. Eso hacía reír a los parroquianos de aquel lugar. Lo de Max Ostil me lo puso mi amigo Juan José Ortega porque protagonicé algunas peleas con vestidas alcoholizadas. En este momento me dedico a la producción en mi sello O de Hortera. Manejo la distribución de los otros dos sellos: Desdemond Records y Patalata Records. El primero lo regenta Dj Okre y sólo produce leonstep. El segundo es un colectivo de Dj’s como Bathroom, Oreste, Quintaesencia y Badlabel; ellos se mueven entre el house, algunas cosas de ambient y el leonstep. Mi sello no se ha diversificado, sigo con el mismo género. Desdemond tiene unos quince dj’s firmados, Patalata tiene ahora ocho en su colectivo y O de Hortera anda por los treinta.

Hay ya toda una leyenda urbana sobre Dj Flex O. Se menciona como el iniciador del leonstep. ¿Tú qué opinas?

Es una historia chonchísima. Habría que poner en orden muchas cosas. Pero sí podríamos dejarlo como el iniciador: fue el primero en ponerlo en ese bar llamado el Segmento.

¿Podrías contar algo de esa historia?

Mira, Daniel fue un gran amigo desde la infancia, vivía a una cuadra de mi casa; iba con mi hermano en la misma escuela y fue cuando lo conocí. Siempre reíamos porque nacieron el mismo día, con media hora de diferencia. En la colonia, yo lo veía jugar con mi hermano y los demás niños; pero en lugar de ir a las matinés como los otros, él iba a clases de piano o guitarra. Ya en la preparatoria estaba enfermo de melomanía: conocía muchísimos grupos que nadie sabía que existían, por ejemplo: a un mes de que salió el disco Nevermind de Nirvana en 1991, dijo que lo estaríamos escuchando todos en todas partes, que era un hit. En ese momento nadie le hizo caso y ve qué pasó con su pronostico.

Terminada la prepa en el 92, se fue a Inglaterra a estudiar música. En las vacaciones, solía venir a enseñarnos los discos que conseguía allá. Le tocó el final y la resaca del verano del amor inglés. El nacimiento del drum’n’bass, el gabba, cosas así. Supimos que estudió composición y un doctorado en tecnología musical. En 1997 salió en un acoplado de Ninja Tunes como Mooggy Poggy. En el 98 fichó un disco para la Warp: estuvo en la onda IDM. Para nosotros era una celebridad, le fue bien en ese momento.

En el 2000 regresó a la casa de sus padres, la depresión hacía mella en él. Trabajaba desde su cuarto haciendo plugins para una compañía. Con los royalties y el pago de los programas, armó un estudio en el centro de la ciudad. En ese estudio se grabó el disco de Los Gallos de Moroleón, que después tendría repercusión en cómo se grabarían las piezas de Alejandro Fernández y todos esos. Todo estaba en la mezcla, la ecualización y la masterización; no en los músicos.

Daniel era un tipo con problemas para comunicarse verbalmente; fuera de lo que cuentan todos esos que dicen conocerlo. Recuerdo su cumpleaños del 2001, su madre invitó a los que ella creía que eran sus amigos, compró mucha cerveza, hizó su plato favorito: fish and chips con wally’s. Estábamos todos los amigos de la colonia esperando su llegada, cada uno con una cerveza en la mano; Daniel llegó, saludo a todos de mano, se tomó una cerveza; de pronto, agarró un six y dijo que tenía que ir a trabajar a su cuarto. Nos quedamos en seco. Su madre fue a su cuarto, platicó algo con él. Salió a conectar la mezcladora y unos CD players a las bocinas. Nos ofreció un set que nos puso a todos a reventar, era la única forma que él tenía para decir que estaba contento con nuestra presencia.

¿Qué piensas de Naka Gata y su relación que cuenta con Flex O?

Vamos, con ese nombre nadie la tomaría en serio. Es de risa. Es la confusión de trabajo con fama. La mujer es una inoportuna y patrañera. En fin, si ella quiere decir eso de Daniel, qué hacer.

¿Ella participó en los inicios del leonstep?

No. Mira, Daniel generó un caldo de cultivo entre los Dj’s de su entorno. Armó a su rededor un caldo primigenio para que naciera una nueva forma de vida sonora. Durante los años que mezclaba en bares como el I.Q., el Long Play y varios más, comenzó a sembrar en los parroquianos una forma distinta, emocional, si quieres, de acercarse a la música electrónica; en ese momento atiborrada de punchis-punchis aburrido y obvio. Él ayudó a varios que iniciábamos; más de alguna vez arregló mi set para el Nation, lo mismo hacía con otros Dj’s. Podríamos comparar su trabajo con el experimento que logra hacer moléculas orgánicas de amoniaco, nitrógeno y CO2. Después, mientras íbamos construyendo nuestras enclenques ideas musicales, él las contaminaba con nuevos productos hasta que parecía que tenían vida propia. Pero sólo entendía de música, no de una vida distinta. Él mismo llegó a afirmar que lo suyo era panspermia. Yo no lo creo, trajo cosas, sí; pero alimentó una producción musical muy importante, de la que no llegó a darse cuenta.

Eso estimula aún más la leyenda urbana sobre él…

No creo que para los que lo conocimos sea una leyenda; fue alguien importante para nosotros.

Ahora ese sonido primario se ha ido transformando. Ya se habla de etno-leonstep, microleonstep, leongabba y muchas ramificaciones. ¿Te parece que es correcto ese avance?

Claro, es lo más obvio y natural. Cuando surge en la naturaleza una especie, ésta se va dividiendo en subespecies. Son pruebas y errores naturales para saber cuál será más apto para sobrevivir.

Y ¿en qué consiste, para ti, el leonstep original?

Daniel trabajó con bases rítmicas provenientes del funk, a las cuales les subió los BMP, llevándolos a los 110 o 133 como máximo. Usaba los dientes de sierra sobre cuerdas y vientos, por último, encimaba texturas sonoras extraídas de sonidos cotidianos. Ya en 1996, Dr. Rockit (uno de los seudónimos de Matthew Herbert) había ya utilizado estos sonidos como samples; la diferencia es que nosotros transformamos esos sonidos en notas para sintetizadores; soñábamos con volver a hacer sonar los intonarumoris de Russolo.  La primer variante de este leonstep fue cuando los primeros bedroomers usaron bases ralentizadas del 2 step. Otros, reconstruyeron bases 2 step desde el hip hop. A éste lo aceleraban y ponían las armonías con texturas sonoras.

¿Consideras que este furor repentino sea una moda pasajera?

La música electrónica tiene una existencia muy extraña: cuando el género no funciona, desaparece sin pena ni gloria. Pero para algunos fanáticos, consideran eso una forma de salvación de su música. 

Mas cuando el género funciona, rápidamente, la música comercial la absorbe. Piensa en Madonna y en Bobby Orlando: ¿dónde estaría Madonna si Bobby O no le hubiera producido su primer disco? 

La charla encalló en lo personal, pero Max Ostil siempre apuntala ideas, sueños y gustos.

III. El albor del fin

Juan José Orestes Cruz no lo podía creer. Va hasta el baño y se somanta el mínimo pelo a rape que tiene. En la salita, afuera de su estudio está sentada Belinda. Cuando se asomó por el cristal ahumado pudo verle las piernas y los calzones negros que no alcanza a cubrir su microvestido. 

Se presenta como Dj Okre y le exhiben a la artista que apenas le regala una mirada con un dejo de desprecio. Okre y su socio hablan sólo con el manager y los músicos. Invita a pasar a todos a que vean su estudio, la cabina, el equipo. Él camina atrás de ella imaginando de qué color tendrá la vágina, a qué olerá ese sexo de falsa mujer fatal. Su socio les va explicando todo, él asiente. El manager queda contento, sale con el socio a hablar de números y cuentas. Okre se queda con Belinda. Desde una altura que sólo ella percibe, le pide una tacha o una raya. Él dice que no, pero que tiene algo de hierba. Forja el cigarrillo y lo comparten, él cada tanto lo ensaliva, ella se emociona por sus dotes de marihuano experto. Un rato después entran el manager y el socio, Okre tiene las manos y boca entretenidos en el cuerpo de la artista. Manager y socio asienten, ellos también llegaron a un buen acuerdo. 

Tres días después Okre propone un nuevo tipo de trabajo: no necesita a los músicos; es más, estorban, no atienden a sus instrucciones. Le arregla las piezas que compró la compañía para ella, él hace todos los tracks y cobra 50% menos de lo que pagarían por los músicos. Todo sale de las máquinas. Cuando tiene que grabar con la cantante, ralentiza aún más las piezas. Suena como leonstep, pero es más baladas pop con ruiditos extraños. Ella tiene una voz insufrible que no alcanza ciertos tonos: la máquina arregla el problema. Ella quiere unas guitarras chirriantes, muy roqueras; toma el instrumento de un grupo de rock que fue a grabar a su estudio, les sube medio tono y ya está. Durante dos semanas el Dj y productor disfruta de la compañía de la cantante: le pagan y tiene sexo a diario. Un fotógrafo les toma fotos dentro de un bar, ella está ebria y él la detiene de un seno, para que no caiga. A la siguiente semana los relacionan en una revista de chismes. La disquera internacional de la cantante deja salir un single para aplacar la patraña. A Okre lo llaman para grabar con otra artista igual. Sucede el mismo proceso. Sexo, drogas, fotos en revistas del corazón, improvisa en el estudio tracks horrendos pero de consumo rápido. No se entera que sus antiguos amigos han dejado de hablarle: es un vendido. Ni siquiera se aparece por los bares donde el ambiente electrónico habla de postleonstep. Compra mejor equipo, un automóvil de lujo, usa cadenas de oro con playeras sin mangas y pantalones de mezclilla. Por cierto, no recuerda si rompió con su novia. En un año ha logrado que 28% de la música que se escucha en la radio y los programas de videos sean producidos por él, o mínimo su estudio.

Al cabo de cinco años de romperse el lomo, ya no es Okre, el leonstep ya no existe. Ahora sólo responde a su nombre: Juan José Orestes. El estudio sigue trabajando, ha tenido un trío de negocios más: una discoteca en Monterrey donde se hacen pruebas de música con whitelabels para disqueras internacionales. Un restaurante en León que quebró a dos años de iniciado. Hacía un año que compró una estación de radio junto con su socio de toda la vida, durante ese año han logrado tener ya una pequeña cadena con seis repetidoras desde Aguascalientes hasta Querétaro. 

Hoy Manuel Gómez trabaja para él. Lo mismo negocia para tener nuevos talentos en el estudio que venden por internet; también arma la programación de las estaciones de radio y se divierte poniendo discos impensables en la discoteca de Monterrey.

Doce años después existe un revival por el leonstep. Los dos se quitan las camisas y las corbatas para estar detrás de la computadora y la mezcladora. Por unos meses le vuelven a tener gusto a su trabajo. Ya no hay drogas recreativas y no se acuestan con las gruppies, pero, por alguna, razón están felices. Llegaron a entender a Daniel y su ahorcamiento en un cuarto de hotel. No hablaran de eso.



 

***

Francisco Rangel. (Celaya, Gto. 1975). Estudió filosofía y física. Se ha especializado en astronomía teórica. Ha sido becario de FONCA, PECDA e ICL en el área de narrativa. Ha realizado diversos proyectos sonoros (entre música mueble y soundtracks para poetas), presentados en festivales y ferias del país. Ha publicado un par de libros, apareciendo en algunas antologías y diversos artículos. En este momento, da clase en la ESAV. Twitter: @SofistaRangel, soundcloud.com/slummyguys.

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