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Tachas 491 • Toque de queda - Curfew • Kimrey Anna Batts ft. Santiago Víscaino

Kimrey Anna Batts ft. Santiago Víscaino

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Tachas 491 • Toque de queda - Curfew • Kimrey Anna Batts ft. Santiago Víscaino

A Vanessa, mi hermana

Se murió la abuela. Hace tres días que se murió, allí, en su cama. Ya estaba muy viejita la abuela, pero yo creo que todavía aguantaba. Era buena. Nunca me pegó ni me dijo malas palabras como lo hacen mi papá y mi mamá, que todo el tiempo se están gritando. Yo no sé de qué se murió la abuela porque todos andaban sospechosos y yo preguntaba qué pasaba y mi mamá me decía: Ya está vieja la abuelita, mijito, y ya quiere descansar. Y yo le creo porque ya después de haber vivido más de ochenta años uno debe estar aburrido. Si ahora mismo ya estoy que no puedo más porque no me dejan salir. Viene la policía y nos obliga a entrar cuando estamos en la vereda jugando pelota. Entonces tenemos que meternos corriendo a las casas. Así mismo hacen los grandes que tampoco soportan estar en la casa y cuando la policía no está, ponen sus bancos y juegan cartas, beben cerveza y hasta se pelean. Pero cuando vienen los policías todos salen corriendo porque son groseros. El otro día a mi tío le pegaron, le insultaron y, por último, hasta le cortaron el pelo. Es que son unos abusivos, dice mi mamá. Estaba indignada. Estaba furiosa. Ella defiende a su familia como una fiera. Y de verdad que esos policías son es la cagada. Vienen aquí tirándose a sabidos, a muñecos, solo porque llevan el uniforme y dizque hay toque de queda. Yo le pregunté el otro día a mi mamá que qué era el toque de queda. Que no se puede salir y punto, me dijo. Pero por qué se llama toque de queda, si no tocan nada, volví a preguntar, aunque sabía que era inútil. Eso sí no sé, respondió, busca en internet. Pero nosotros no tenemos internet. Mi papá tiene un celular que le vendió un choro en cien dólares y, a veces, me lo presta y veo videos en YouTube. Entonces le pedí que me lo prestara un ratito. Me lo dio como hacen los padres para que no los jodamos. Y puse toque de queda en el diccionario. Siempre me han gustado los diccionarios, aunque solo tengo uno que nos mandaron a comprar en la escuela. Uno chiquito que tiene las palabras básicas, pero yo cuando quiero saber algo, lo busco en el diccionario real, o sea uno que es de la Real Academia, que no sé qué será, pero ese sí es completito. Y cuando pongo toque de queda, aparecen un montón de significados que vienen de toque hasta que bajo y llego a la definición, que siempre pienso que es como cuando un delantero llega a la portería y remata. La cosa es que la definición dice: «Medida gubernativa que, en circunstancias excepcionales, prohíbe el tránsito o permanencia en las calles de una ciudad durante determinadas horas, generalmente nocturnas». La tengo porque la copié en un cuaderno, ya que no entendía. Entonces, le pregunté a mi papá, que estaba al lado fumando en la vereda: Papá, qué es gubernativa. Chucha, mijito, respondió, yo creo que es algo del gobierno o del gobernador. Y entonces entendí. Regresé a la palabra toque y vi que también significaba «llamamiento, indicación, advertencia». Y ahí ya todo estuvo clarísimo. Estaba tan contento que le devolví el celular a mi papá y me puse a jugar pelota e hice tres goles contra mis primos. Tengo cuatro primos que viven al lado, son hijos de mi tía, a la que el marido la abandonó hace un año. Se fue con otra. Bien maldito era el marido. Pero mis primos son bacanes. Los manes juegan conmigo siempre y no pelean, solo a veces entre ellos, conmigo nunca. Yo solo tengo una hermana, pero es bien chiquita, tiene dos años, y todavía usa pañales. No hay cómo sacarla a jugar. Ella pasa ahí pegada de mi mamá o de mi papá, porque es bien consentida. Cuando nació, me dieron celos, pero ahora ya no me importa, porque yo ya soy grande y pienso en otras cosas. Pienso, por ejemplo, por qué no habrán venido a recoger a la abuela los de la funeraria o los de la morgue. La abuela está allí en el cuarto acostada, pero ya van tres días y empieza a oler mal. Porque así huelen todos los muertos, dice mi mamá. Y yo pienso que el olor de la muerte es horrible y me entra el miedo de morirme. Le digo a mi mamá: ¿No cierto que yo no me voy a morir nunca? Y ella me dice: No, papito, usted es un superhéroe, usted va a ser inmortal. Y me tranquilizo, porque sí quiero ser un superhéroe y no morirme nunca y matar a todos esos policías que vienen a joder y pegarles a mis tíos que son bien buena gente. Pero sí me quedo pensando en la abuelita y le pregunto todos los días a mi mamá que cuándo la vamos a enterrar, que es muy feo que esté allí oliendo mal todo el día, que me da tristeza. Veo que mi mamá habla a un número y nunca le contestan. Llama al doctor y le dicen que está ocupado. Llama a la funeraria, y no están atendiendo. También me da mucho miedo lo que se ve en la tele. Dicen que hay muchos muertos por el virus, que los dejan morir en la calle y que nadie va a recogerlos. Yo me pregunto si no será ese virus maldito el que ha matado a mi abuelita. Mi mamá dice que no diga eso, que no se me ocurra decir eso en la calle, porque la gente es loca y nos pueden quemar la casa. Y por eso me quedo callado. Igual, la abuela ya está es bien muerta y no se puede hacer nada más que esperar a que le den un turno o un hueco para enterrarla en el cementerio. Mi papá dijo un día que iban a hacer una fosa común. Y, como no entendía, le pedí otra vez el teléfono. Busqué nuevamente en el diccionario real y salía: «Lugar donde se entierran los restos humanos exhumados de sepulturas temporales o los muertos que, por cualquier razón, no pueden enterrarse en sepultura propia». Busqué exhumar, que me parecía algo de humo. Y supe que quería decir «desenterrar un cadáver». No entendí muy bien toda la definición, pero también la anoté en el cuaderno de borrador de la escuela que me gusta mucho, porque allí se puede poner cualquier cosa que a uno se le ocurra y a mí se me ocurren muchas. Repetí cincuenta veces exhumar, porque no se me quedaba la escritura. Mi mamá dice que soy bien inteligente y que debo estudiar mucho para que les saque de la pobreza, que yo debo sacarlos de la pobreza. Y yo le digo sí, mamá, yo quiero ser doctor para ir a luchar contra cualquier virus como un superhéroe. Ella se ríe. Me acaricia el pelo. Me pone la comida sobre la mesa que, a este paso, casi siempre es plátano verde o arroz con atún. Pero como me gusta comer, yo le doy trámite. En cambio, a mi hermana no le gusta comer y llora mucho. Mi papá le tiene que dar la comida y rogarle. Es muy malcriada mi hermana y hace mucho escándalo. Yo le digo, cuando mi papá no me ve: Cállate, ¿no ves que es toque de queda? Van a venir los policías y te van a llevar. Ahí se calla un poco, pero cuando viene mi papá, otra vez se arranca a llorar como si le hubieran pegado. Ojalá cambie mi hermana, que es muy bonita, pero muy llorona, demasiado llorona. Cuando crezca le voy a contar sobre este virus, la voy a asustar con la historia del cadáver de la abuela en su cuarto y cómo en las noches se levantaba y andaba en la casa como un fantasma. Me voy a reír de verla asustada. Le contaré cómo tuvimos que enterrar a la abuela en el terreno baldío que nos prestó un primo de mi mamá para hacerle una fosa, ya que los gubernativos no vinieron a llevarse nunca el cuerpo y la abuela ya se estaba descomponiendo. Igual, la idea de que la pusieran en un mismo hueco con otros cadáveres no me gustaba. Y creo que a nadie de mi familia le gustaba, así que se reunieron, le pidieron permiso al primo de mi mamá y cavaron un hoyo bien profundo. Entre mis tíos y mi papá hicieron una caja de madera con las mismas tablas de la cama de la abuela. Y allí, envuelta en una sábana, la taparon. Yo lo vi todo. Mi papá me retaba porque decía que luego tendría pesadillas, aunque yo nunca tengo pesadillas y no me dan miedo ni los muertos ni la sangre, por eso quiero ser doctor. Entonces, cuando ya estuvo la caja y el hueco, fuimos toda la familia en la noche, bien en la noche, cuando estaban todos dormidos, y nos metimos al terreno ese que estaba alambrado. Entre mi papá y mis tíos la tiraron a la fosa y luego fueron echando tierra encima, mucha tierra, toda la que habían sacado. Al final, una tía rezó el rosario completo, bien bajito, como un susurro, y todos nos persignamos y lloramos y mi mamá me abrazó y vi cómo mi papá, sudoroso, muy cansado, también lloraba, aunque las lágrimas se le confundían con el sudor. Es la única vez que he visto llorar a mi papá. Volteé a ver a mi mamá y le pregunté: ¿Será que algún día la podemos exhumar?

***

For my sister, Vanessa

 

Grandmother had died. Three days ago she’d died there, in her bed. Grandmother had been very old, but I think she had it in her to keep going. She was good. She never hit me or said bad words like my dad and mom do—they’re always yelling. I don’t know what grandmother died of because everyone was acting suspicious and I asked what was going on and my mom said, “your grandmother’s old, mijito, and she wants to rest.” And I believe it, because after living for more than eighty years you must be bored. Even I’m fed up right now, what with them not letting me go out. The police came and made us go inside when we were playing ball on the sidewalk. We had to run back inside. The adults can’t stand being in the house either and when the police aren’t around, they bring out their benches and play cards, drink beer and even fight. But when the police come everyone runs because the police are louts. The other day they hit my uncle and insulted him, and even cut his hair. “It’s because they’re abusive,” my mom says. She defends her family like an angry bear. And it’s true that the police are a bunch of screw ups. They come here, acting all pompous, preening around, just because they wear uniforms and there’s supposedly a toque de queda[1]. The other day I asked my mom what a toque de queda was. “It’s that you can’t go out, period,” she said. “But why is it called a toque de queda if they don’t touch anything?” “That I don’t know,” she replied, “look it up online.” But we don’t have internet. My dad had a cellphone that he sold to a crook for ten dollars and sometimes he lends it to me to watch videos on YouTube. So I asked him to lend it to me for a bit. I put “toque de queda” in the dictionary. I’ve always liked dictionaries, although I only have one that they made us to buy at school. It’s a small one with basic words, but when I want to know something, I look it up in the Royal Spanish Academy—I don’t know what the Royal Spanish Academy is, but the dictionary sure is complete. And when I put in “toque de queda” a whole bunch of meanings that come from “toque” appear and I scroll down until I find the right one; I’ve always thought that part is sort of like when a forward makes it all the way down the field and scores a golazo. The definition says, “Gubernatorial measure that, in exceptional circumstances, prohibits transit or presence in the streets of a city during certain hours, generally at night.” I didn’t understand, so I copied it down in a notebook. I asked my dad, who was beside me on the sidewalk smoking: “Dad, what is gubernatorial?” “Well shit, mijito,” he responded, “I think it’s something to do with the government or the governor.” And then I understood. I went back to the word “toque,” and I saw that it also meant “call, indication, warning.” And with that, everything made complete sense. I was so pleased that I gave the cellphone back to my dad and I went to play ball and I scored three goals against my cousins. I have four cousins that live next door. They belong to my aunt, whose husband abandoned her a year ago. The husband was a really bad man. But my cousins are cool. They always play with me and they don’t fight, just sometimes with one another, but never with me. I only have one sister, but she’s little, she’s just two, and she still uses diapers. She doesn’t go out to play. She stays there glued to my mom or dad, because she’s super spoiled. When she was born, I felt jealous, but now I don’t care, because I’m big and I think about other things. I think, for example, about why the funeral home or the morgue haven’t come to pick up grandmother. Grandmother is there in the room but it’s been three days and it’s starting to smell bad. “That’s how all dead people smell,” my mom says. And I think that the smell of death is terrible and I’m filled with a terror of dying. I say to my mom, “I’m never going to die, right?” And she says, “No, papito, you’re a superhero, you’re going to be immortal.” And I feel calmer, because I do want to be a superhero and never die and kill all those police who come to beat up and mess with my uncles who are good people. But I keep thinking about grandma and every day I ask mom when we’re going to bury her, because it’s unpleasant that she’s in there smelling bad all day; it makes me sad. I see that my mom calls a number and they never pick up. She calls the doctor and they say he’s busy. She calls the funeral home and they can’t help. I’m also very scared by what I see on TV. They say that there are a lot of people who have died from the virus, that they let them die in the street and no one goes to pick them up. I wonder if it isn’t that damn virus that killed my grandma. My mom says not to say that, that don’t I dare say that in the street, because people are crazy and they might burn down our house. And so I keep quiet. Either way, grandma is already very dead and we can’t do anything besides wait for them to give her a place in line or a hole to bury her in the cemetery. My dad said one day that a mass grave was going to be excavated. And since I didn’t understand, I asked him for the phone again. I went back to the Royal dictionary and what came up was: “A place for the burial of human remains exhumed from temporary graves or the remains of the dead whom, for whatever reason, cannot be buried in proper graves.” I looked up exhume, which sounded like something to do with smoke, and I found that it meant, “unearth a body.” I didn’t entirely understand the definition, but I also wrote it down in my school notebook, which I like a lot because you can jot down anything that pops into your head, and I have a lot of things to jot down. I repeated exhume five times, because I couldn’t get it quite right in writing. My mom says I’m very smart and I should study hard to get them out of poverty, that I should get them out of poverty. And I say yes, mom, I want to be a doctor and go fight all the viruses out there like a superhero. She laughs and strokes my hair. She puts the food on the table, which at this point is usually green plantain or rice with tuna. But since I like to eat, I dig in anyway. My sister on the other hand doesn’t like to eat and cries a lot. My dad has to feed her the food and beg her. My sister is very bratty and she always makes a big scene. When my dad is gone, I say to her, “Shut up, don’t you know it’s toque de queda? The police are going to come and take you away.” That quiets her down a bit, but when my dad comes back, the crying starts up again, as though somebody had hit her. I hope my sister changes. She’s very pretty, but she’s such a crybaby. When she’s bigger I’m going to tell her about this virus, I’m going to scare her with a story about grandmother’s body in the room and how at night she arose and wandered around the house like a ghost. I’m going to laugh at seeing my sister frightened. I’ll tell her how we had to bury grandmother in an empty lot that my mom’s cousin lent us to dig a grave in, because the gubernatorials never came to take away the body and grandmother was decomposing. I didn’t like the idea of her being put in the same hole as other bodies, and I don’t think anyone in my family did either. They had a meeting, asked permission from my mom’s cousin, and dug a very deep hole. My uncles and my dad built a wooden box using the boards from grandma’s bed. And there, wrapped in a sheet, they sealed her into the box. I saw everything. My father lectured me, because he said I’d have nightmares afterwards, even though I don’t have nightmares and I’m not scared of dead people or blood; that’s why I want to be a doctor. When things were done with the box and the hole, the entire family went by night, when everyone was asleep, and we made our way into the wire-enclosed lot. Between my dad and my uncles they lowered her into the hole and then they tossed dirt on top, a lot of dirt, all of what they’d dug out. At the end, an aunt prayed the rosary in a low voice, like a whisper, and we all made the sign of the cross, and we cried and my mom hugged me and I saw how my dad, sweaty and very tired, was also crying, although his tears mixed in with his sweat. It’s the only time I’ve seen my dad cry. I turned to look at my mom and asked her, “Do you think one day we might be able to exhume her?”

 

[1]    “Toque de queda” translates to “curfew.” Dissected literally, it means “call” (toque) to “stay” (queda), but “toque” has a variety of other meanings, including “touch.” 

 

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