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EL HOMBRO DE ORIÓN

El Hombro de Orión • Zemeckis, sin miedo a las alturas • Juan Ramón V. Mora

Juan Ramón V. Mora 

 

Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt) in TriStar Pictures' THE WALK.
Philippe Petit (Joseph Gordon-Levitt) in TriStar Pictures' THE WALK.
El Hombro de Orión • Zemeckis, sin miedo a las alturas • Juan Ramón V. Mora

 

¿Qué sentido tiene el funambulismo? Caminar por encima de una cuerda desafiando al vacío es como cualquier arte: no tiene una finalidad práctica inmediata. En esta civilización dominada por el pragmatismo, el arte y la cultura son vistos con recelo. ¿Para qué hacer algo así? ¿Cuánto se gana con eso? Parece que mientras Philippe Petit caminaba entre los techos de las desaparecidas Torres Gemelas del World Trade Center ninguna de esas preguntas era relevante.

La hazaña monumental del funámbulo francés ya había sido objeto de un documental multipremiado, 'Man On Wire' (James Marsh, 2008). El director dijo que lo que le había llamado la atención de la historia había sido la similitud del relato verdadero con un heist film.

Al parecer, la historia de Petit y su atractivo cinemático también fascinaron a Robert Zemeckis, creador acostumbrado a armar gemas del pop sentimental como 'Back to the Future, 1985', 'Who Framed Roger Rabbit, 1998' o 'Cast Away, 2000'.

Sin embargo, esta nueva aproximación no sólo abreva de los elementos de heist film. Zemeckis trata de balancear bastantes cosas distintas a la vez. Para empezar, su película es el relato de una enorme obsesión monotemática. También es la narración de lo que hay detrás de esa obsesión y la persona que la padece. Una memorable escena nos cuenta con buen oficio fílmico de qué manera el azar (simbolizado por el encuentro involuntario entre una canica y una muela) puede ir moviendo el timón de nuestras vidas; cómo las cosas se pueden salir de control cuando menos lo esperamos. Todo está enmarcado por la narración del propio Petit (interpretado con gran talento por Joseph Gordon-Lewitt) encaramado en la antorcha de la Estatua de la Libertad.

Pero ésas son apenas las primeras capas. En el núcleo de todo se encuentran dos intenciones muy claras: un clímax de magnífico suspenso y un homenaje al escenario de la hazaña de Petit.

Durante el clímax la tensión alcanza niveles agotadores, potenciados por un manejo excelente del 3D y las imágenes generadas por computadora. El cenit es tan poderoso que hace palidecer al tiempo que la película se tomó para trazar a los personajes y plantear la situación; hace parecer que toda la construcción alrededor de esos momentos sobra, pero no es así. La tensión en el cine no se presenta únicamente cuando el reloj hace tic-tac: se va moldeando a través de la información que conocemos alrededor de ese momento. Cuando llegamos a la culminación de la historia ya hemos pasado un buen rato al lado de Philippe Petit y entendemos por qué alguien querría invertir tanto de su vida en hacer algo así. 

Por otra parte'The Walk' tiene el objetivo directo de resignificar a las Torres Gemelas del World Trade Center: de símbolo del terror, el asesinato y la intolerancia, a escenario de una bella hazaña artística.

El equilibrismo de Zemeckis funciona bien en todos sus niveles, a pesar de que la fuerza del clímax opaque la fineza con la que está construido todo lo demás. 'The Walk' es muy entretenida pero también se da el tiempo de tejer sutilezas entrañables alrededor de una historia con atractivo universal.




***
Juan Ramón V. Mora (León, 1989) es venerador felino, escritor, editor, traductor y crítico de cine. Ganó la categoría Cuento Corto de los Premios de Literatura León 2016 y fue coordinador editorial en la edición XXII del Festival Internacional de Cine Guanajuato. Escribe sobre cine en su blog El Hombro de Orión.

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