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El amor es hambre, de Ana Clavel

esloCotidiano | 01 de octubre de 2016

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Jaime Panqueva

Escritor y biólogo, Jean Rostand (1894-1977) publicó ensayos filosóficos y dividió su tiempo entre la investigación científica y la producción literaria. Una de sus lúcidas frases: “Bajo su aspecto más elemental, el amor se relaciona directamente con la ingestión de alimentos. Se trata de una especie de hambre común a todo ser viviente, dirigida hacia un semejante que no es del todo idéntico y que le ofrece la misteriosa sugestión de lo desconocido”, dio pie para que la escritora mexicana Ana Clavel (México, 1961) emprendiera una nueva exploración en El amor es hambre, (Alfaguara, 2015). Su protagonista, Artemisa, una joven huérfana, mutación de lobo y Caperucita, narra su vida a partir de los descubrimientos de la sensualidad en su infancia, y elabora una teoría que liga los imprescindibles rituales amatorios con el hambre fisiológica. Su inclinación hacia la gastronomía le facilita saciar sus apetitos, y expresar sus necesidades a través de elaboradas recetas.

Clavel, Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2013, amplía con este texto sus indagaciones sobre el deseo humano con la misteriosa relación entre Artemisa y Rodolfo, su tutor, cuyas oportunas elipsis incitan al lector a elaborar la ficción, apropiándose de los ambientes y personajes. Las alusiones permanentes al mito de la Caperucita como personaje dual; presa, pero a la vez cazadora, cuya inocencia es siempre cuestionable, ya que se deja devorar pero termina devorando a lobo, hacen de Artemisa un personaje poderoso y seductor. Así, el deseo y sus juegos abren posibilidades a la imaginación, a los suculentos platos de los restaurantes Cucina Vorace o Corazón de Lobo, y a los lances amatorios aderezados de prosa y poesía. Habla la protagonista: Y es que a menudo se nos olvida, el cerebro también es cuerpo. Será por eso que nos es tan cara la fantasía, o su sucedánea: la palabra —que también se paladea en la boca con su dejo de animalidad sublime para quien se abre a percibirla.

Una lectura recomendada para avivar los apetitos de la carne, la que se compra en el supermercado y la otra.

 

Twitter: @jaimepanqueva 

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