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Abstinencia lectora

Ezequiel Carlos Campos | 17 de noviembre de 2019

Jungho Lee http://www.tuttartpitturasculturapoesiamusica.com
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Ezequiel Carlos Campos

 

Tengo una semana sin leer. En mi carrera lectora nunca había tenido siete días sin hacerlo –conscientemente. Me he dedicado a leer otras cosas: los mensajes escondidos en los autobuses, los grafitis de las paredes, la publicidades en los espectaculares de toda la ciudad, los anuncios de las tiendas donde solisitan y deben llevar su respectiva solicitud de empleo, también le he puesto más atención a las bocas de las personas cuando hablan, sus gestos, la rapidez para contar una historia amorosa o un chisme de dónde compró fulanita su nuevo vestido. Cosas que para muchos son insignificantes, para mí, durante estos días, han sido de trascendencia. Simplemente porque jamás había puesto tanta atención a las cosas cotidianas; al parecer los lectores –y aquí también hablo de mí– vamos por el mundo cabizbajos, a veces pensando en las historias que leímos anteriormente, lo que se vio en la clase tal, en cómo debo cerrar el cuento que trabajo o el poema al que le falta más sensibilidad, y no nos damos cuenta de que afuera hay cosas igual de interesantes.

Esto no es una abstinencia inconsciente, no, es por la falta de ganas de acostarme en mi cama, poner música y tomar el libro que dejé a la mitad. Será porque todos tenemos una semana en la que no hacemos algo que nos gusta, o por el trabajo –porque sí debemos culparlo– y la nula alegría y las pocas ganas. Durante esta semana he tenido otra rutina al momento de despertar: en vez de tomar mis lentes y leer una hora completa, voy casi ciego a sentarme en el sillón de la sala y pongo en la televisión lo primero que encuentro. He descubierto espacios que no había visto en casa: descubrí que el techo, en el mero centro, tiene una grieta que se bifurca hasta el infinito, el color de las paredes no son blancas como pensaba, sino un tono raro de blanco que mi madre llama ostión; que el refrigerador tiene un ritmo cuando enfría; en el patio hay herramientas escondidas que mi padre usa cuando cambia el gas; y –sólo para nombrar una última– tenemos una foto de toda la familia en el librero a un lado de la tele, casi escondida. En verdad que nunca había visto esa fotografía ni las demás cosas que describí. Al parecer mi casa es distinta en estos días, como nunca la había visto, y todo es gracias a que dejé la soledad de mi cuarto y la abstinencia lectora.

En una semana no he comprado libros, ni me he parado a las librerías que siempre visito esperando las novedades. Ni cargo en la mochila un ejemplar para leer mientras me muevo de mi casa al trabajo, ni tampoco tengo un libro escondido entre papeles aquí en mi oficina. Veo mi librero y parece enorme, ¿cuándo acabaré de leer todos los libros que tengo pendientes?, ¿en verdad he gastado tanto dinero en libros?, ¿cuánto tiempo he perdido de mi vida leyendo?, ¿por qué en vez de sentarme a empezar una historia mejor no me dedico a escuchar a mi madre cuando me cuenta algo?

Estos siete días me han enseñado a disfrutar del tiempo de otra manera, darme cuenta de la importancia que tienen estos momentos para que el mundo pueda entenderse. No quisiera, ahora lo percibo, dedicarme años enteros perdiendo el tiempo con un libro en la mano. Quisiera, desde ahora, disfrutar la lectura cuando es necesaria y no como una obligación como lector por leerme quince libros al mes. Quisiera sentir, cuando leo, como aquel abstemio de alcohol cuando vuelve a tomar un trago después de años, o el fumador que sólo vuelve por un cigarro más.

Cuando vuelva a leer una palabra del libro que dejé a la mitad quisiera, primero, tener la tranquilidad que me dejó observar las cosas, porque soy un lector y nunca dejaré de serlo. Pero –quizá esta etapa la tienen todos– ahora veo a la lectura más que algo cotidiano, el placer de leer como si hubiera sido la primera vez.





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Ezequiel Carlos Campos (Fresnillo, Zacatecas, 1994). Ha publicado en Luvina, Círculo de Poesía y Punto de partida. Colabora en Liberoamérica, El Diario NTR y Es lo cotidiano. Es autor de los poemarios El beso aquel de la memoria (2018), El infierno no tiene demonios (2019) y El instante es perpetuo (2019). Dirige la revista virtual de literatura El Guardatextos (www.elguardatextos.com). Premio Estatal de la Juventud 2019 en la categoría de Talento Joven Literatura.


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