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Beethoven, de Maynard Solomon

Jaime Panqueva | 28 de junio de 2020

Tachas 368
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Jaime Panqueva


Gracias a diversas investigaciones realizadas a lo largo de los últimos siglos, sabemos con bastante precisión que el genio de Bonn nació hace casi doscientos cincuenta años, ya que fue posible ubicar su acta de bautismo fechada el 17 de diciembre de 1770. Curiosamente, el compositor mismo en vida nunca estuvo muy seguro de su fecha de nacimiento y, por ende, de su edad misma, pues tuvo un hermano mayor Ludwig María, hijo también de su padre Johann y Magdalena Keverich Leym, que falleció a los seis días de nacido y aparece registrado el 2 de abril de 1769. De adulto, el Ludwig sobreviviente siempre pensó que el acta de 1770 pertenecía a su hermano mayor y por tanto se presentaba por lo general uno, dos o hasta tres años menor, dependiendo el caso y la época. Parece que Beethoven, aunque consciente de su importancia en la música mundial, murió ignorante de que la gran celebración por este cuarto de milenio de su nacimiento se adelantaría a lo que tenía pensado.

Maynard Solomon, prolífico musicólogo y editor musical estadunidense, especialista del periodo que abarca la vida de Mozart, Beethoven y Schubert, ha escrito una de las más importantes biografías sobre este compositor. Beethoven es uno de los símbolos torales de nuestra civilización; no en vano la Unión Europea escogió su obra más emblemática como himno.

La biografía de Solomon brinda la oportunidad de acercarse a detalles muy particulares de la vida del compositor, como su relación con las corrientes políticas y sociales de su tiempo, la difícil relación con su padre y sobrino, su renuencia a contraer matrimonio. También despeja enigmas como la crisis vivida en Heiligenstadt, cuando a los 32 años redactó un febril testamento, o desentraña, gracias a la compilación de múltiples investigaciones, el conocido mito de la Amada inmortal, a quien el alemán dedicó misteriosos versos.

Para reflexionar sobre el poder de la obra de Beethoven y animar a los lectores a acercarse a su obra y vida, cierro con estas palabras de Solomon:

Si perdemos nuestra conciencia de los dominios trascendentes del juego, la belleza y la fraternidad que se expresan en las grandes obras afirmativas de nuestra cultura, si perdemos el sueño de la Novena Sinfonía, no nos queda ningún punto de apoyo contra los terrores absorbentes de la civilización, nada que oponer a Auschwitz y Vietnam como paradigma de las posibilidades de la humanidad. Las obras maestras del arte poseen un excedente de energía constantemente renovable —una energía que aporta una fuerza motivadora a los cambios en las relaciones entre los seres humanos- porque contienen proyecciones de las metas y los deseos humanos que aún no se realizaron (y que incluso pueden ser irrealizables).

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com


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