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Champions 2019: Never Surrender

Fernando Cuevas | Disfrutes Cotidianos

Es lo Cotidiano | 09 de mayo de 2019

Liverpool
Liverpool

"Oxigena al fútbol que sean equipos distintos los que lleguen a esta instancia, más allá de aficiones: muy bien por las grandes instituciones futboleras pero bienvenida las instancia definitiva con cuadros que hace tiempo no aparecían por sus praderas..."


El fútbol y los deportes en general, pueden ser un espacio, para el desprecio y la manifestación de superioridad, pero también para la épica y la construcción de hermandad, según sea el caso. Los humanos hemos creado las competencias deportivas, al menos en parte, para darle salida a la tensión agresiva que acunamos entre nuestros genes: además de atender a nuestro indudable origen lúdico, distintivo de nuestra especie como bien lo ha documentado diversos investigadores. Vamos hacia nuestro tema, pues. La delicia de lo imprevisible. Y lo disfrutamos por partida doble.

Los dos equipos ingleses llegaron con sendas desventajas para los partidos que definirían quiénes estarán presentes en la final madrileña. Sobre todo el Liverpool, con tres goles en contra y ante el equipo a vencer, el Barcelona; para el Tottenham la distancia era solo de un tanto aunque ahora jugaba de visitante, situación que con la regla del gol en cancha ajena podía, en inicio, tener mayores posibilidades frente a un Ajax que ha mostrado un temple que contrasta con su juventud. Se esperaban partidos intensos, más allá de las distancias de arranque, porque estos clubes no se rinden nunca, como lo mostró la playera del lesionado Salah.

Nunca caminarás solo

 “Vamos a intentarlo y en su caso, perder con dignidad”: algo así dijo Klopp, con una emoción y soltura que no corresponde demasiado con el arquetipo del férreo entrenador alemán, aunque sí con la convicción característica, a pesar de las adversidades, entre las ausencias y los goles en contra. “No sé cómo lo logramos”, dijo al finalizar con la misma humildad con la que se ha conducido para ser uno de los mejores técnicos del mundo con discurso propio, efusivo, exigente y cariñoso, otra vez contraviniendo estereotipos teutones. Lo cierto es que los ajustes que hizo al medio tiempo resultaron fundamentales, tanto en el cambio como en la estrategia, considerando que dos de sus jugadores clave al frente no iban a poder estar en el campo de juego.

Cierto es que la estrella alemana del banco terminó siendo decisivo en el resultado, no solo por el cambio enviado para la segunda parte, sino por su espíritu de mantenerse en el terreno del se puede, aprovechando el planteamiento estratégico con el que su colega respondió pero de manera equivocada, tardándose en los cambios: que un equipo como el Barcelona salga en plan administrativo es un error, dado que están hechos para buscar la pelota y colocarla en situación de portería, nunca cuidando un resultado. Da la impresión que empezaron demasiado atrás con la certeza de la ventaja conseguida en el Camp Nou.

El asunto era el revés: con anotar un gol estaban en la final, ése era el verdadero propósito. Justo decir que tuvieron sus oportunidades pero esta vez la contundencia se perdió entre los cánticos ingleses. La soberbia es una enfermedad difícil de curar: crees que ganas tan fácil, que sabes mucho y que con el mínimo esfuerzo el asunto se resuelve; eres tan talentoso, que no hace falta más. Creo que eso sucede en la vida y en el fútbol, como una de sus expresiones. Salir a jugar contra una institución como el Liverpool, fundado en el siglo XIX, como si se tratara de un partido para conservar un resultado, no es propio de un cuadro como el catalán, que no obstante generó oportunidades para anotar: lo mostrado en la ida, a pesar del triunfo, debía preocupar a Valverde, que buscó alternativas en el banco.

El gol tempranero de Origi incidió en los estados de ánimo: la diferencia todavía era grande pero la posibilidad de la remontada se volvía palpable. No se había dado en semifinal alguna, que un equipo se recuperara de tres goles en contra. Por más que el guerrero Vidal se batía en el medio campo, el equipo español (todavía) no funcionaba, y eso que tenía sus llegadas: se percibía mucho más convencimiento entre los de la tierra del cuarteto, que para la segunda parte salieron con todo: el ingresado Wijnaldum puso el empate global con un par de anotaciones en un lapso de tres minutos. Y el propio Origi se encargó de marcar la diferencia a diez del final, mientras la magia volvía en Anfield que estallaba en la locura, acaso solo provocada por aquellos cuatro jóvenes que cambiaron la música popular, hace más de cincuenta años.

Sigue caminando

Apenas a los tres minutos de juego, el Ajax avisaba que el tanto a su favor no los convencía: muy pronto anotó para mover el marcador en un tiro de esquina culminado por de Ligt, confirmando su vocación de ir por el triunfo a pesar de la ventaja obtenida en cancha ajena. Sin dar tiempo para el respiro, el coreano Son casi empata con una pelota en el poste y pasados los veinte minutos por poco consigue el empate, si bien a la media hora los locales pudieron ampliar la ventaja, al fin conseguida con fulminante disparo de Ziyech, rebasando el buen lance de Lloris. No obstante, se percibía que los visitantes no estaban derrotados y que se mantenían concentrados en una eliminatoria crucial para su historia.

Y en efecto, para la segunda parte, el Tottenham reaccionó muy bien ante la desventaja que parecía demoledora y las fallas propias en el último toque; siguió generando espacios y llegadas que anunciaban lo inevitable: un buen contragolpe culminó en el primer tanto del conjunto inglés, seguido muy de cerca por el segundo, ambos obra de Lucas Moura. El empate hacía justicia de acuerdo con el desempeño mostrado en el campo de juego. El cuadro holandés había caído en una extraña parsimonia, olvidando su indeleble vocación ofensiva, su espíritu juvenil, y cayendo en el error de arrastrar el tiempo suponiendo que jugaba a su favor: pero el tiempo, siempre, es caprichoso, insondable y desafiante.

El empate sacudió al anfitrión y se acordó que lo suyo es buscar la puerta contraria, por lo que volvió a visitar al frente, no obstante que todavía con el dos a dos estaban calificados para la final. El partido a veinte del final se convirtió en una delicia para el aficionado en general y una muy disfrutable angustia para los aficionados de uno u otro equipo: llegadas en ambos marcos con sendas pelotas en los postes; intensidad a tope por lo que estaba en juego y una nube de nerviosismo que podía advertirse en los rostros de los 22 en el campo y de la multitud en la tribuna. Literalmente, en el último segundo, el propio Lucas anotó el tercero personal y de su equipo para darle un final de antología a un partido memorable: el fútbol como drama imposibilitado para tener un final feliz colectivo.

Colofón

La final de la Champions es un reconocimiento pleno a la mejor liga de fútbol el mundo, justo donde se reglamentó este apasionante deporte, y a la renovación expresada en el reciente mundial por parte de la selección inglesa. Oxigena al fútbol que sean equipos distintos los que lleguen a esta instancia, más allá de aficiones: muy bien por las grandes instituciones futboleras pero bienvenida las instancia definitiva con cuadros que hace tiempo no aparecían por sus praderas. Es buena noticia que Inglaterra esté de regreso a nivel mundialista y de clubes, más allá de filias y fobias.

 

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