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Cien películas para una vida [IV]

Rafael Cisneros | 25 de marzo de 2017

Rafael Cisneros

70. INCENDIES (2010) de Denis Villeneuve

No exagero cuando digo que Incendies es de las más impresionantes historias de este siglo que inicia (sí: inicia; 17 años no son nada, estimados lectores). La versión cinematográfica de la obra teatral del libanés-canadiense Wajdi Mouawad, se torna inmortal para nuestros sentidos inmediatamente después de haberla terminado.

Con todas las cualidades del thriller psicológico sin persecuciones con revólver en mano y gabardina puesta, pero sí con metralla en brazos y franela en rostro, así como con las cualidades de un drama desproporcionado por su gravedad y compromiso con nuestra inteligencia, el relato de Nawal Marwan, una de las grandes mujeres de la historia del cine, se desarrolla gracias a la continua búsqueda de sus hijos por comprender su pasado y llegar a los más personales fondos de su origen. A través de las pistas de la difunta Nawal que deja a sus hijos en algunas cartas, nos comprometemos a acompañarlos en un inevitable presente y un imprescindible pasado en la historia de Libia, su Guerra Civil, brutal e inmisericorde, sin azares ni suertes, donde uno padece la propia muerte a quemarropa o el arresto en las peores circunstancias.

Dirigida por mi más reciente ídolo personal, Denis Villeneuve, la historia de La Mujer Que Cantaba es impactante en cualquier sentido, sea técnico o anímico, narrativo o fotográfico, desde su toma de apertura hasta su conclusión, en uno de los momentos más aterradores del cine. Aunque el horror de la violencia bélica y los severos honores de Medio Oriente asfixien cada momento de la cinta, el perdón, esa cosa tan rara, puede ser creíble, y más aún, posible. El amor de una madre, el amor de La Mujer Que Cantaba.

 

69. THE IMMORTAL STORY (1968) de Orson Welles

La película que Orson Welles dirigiera para la televisión francesa, su única ficción a color si no contamos el extraordinario armado de F for Fake, mitad ficción mitad verdad, resulta en uno de los cuentos más profundamente conmovedores que pueden hallarse entre los incontables rostros del cine. Luego de años queriendo adaptar alguna obra de su amada Isak Dinesen, Welles finalmente logra materializar el relato de la baronesa danesa sobre un magnate obsesionado con hacer realidad una historia de marineros que jamás sucedió, siendo un simple cuentillo a plena cubierta y viento en popa.

Con la ayuda de su ayudante, Elishama Levinsky, el Sr. Clay, ya moribundo de riqueza y edad, e incapaz de soportar los mitos y profecías, ajenos a los hechos, se propone dar vida a una noche romántica entre una bella joven y un marinero harapiento, que en la paz de una lujosa habitación, manifiestan el más grande cuento de amor, alucinógeno y eterno. Así pues, Mr. Clay y Elishama toman, primero como rehenes y luego como actores de teatro en el momento cúspide de sus vidas, a la joven Virginie, quien fuera hija de un antiguo socio de Clay que, gracias al mismo, se vio obligado a su bancarrota y suicidio, y al marinero Paul, dispuesto a ganarse unos cuantos chelines por satisfacer a un viejo millonario y un cuento de oídas que él conoce tan perfectamente como el mar.

Cada momento es silente como un secreto murmurado, cada personaje esencial y rumoroso como un pequeño cosmos de intimidades, cada toma colorida como una pintura del óleo más suave, cubriendo el canvas de la ficción para hacer realidad la imagen sobre él. Permítame la pretensión de llamarla poética, permítanme el suspiro cada que pienso en esta cinta, permítanme invitarlos a atestiguar una de las más personales historias que se han contado. The Immortal Story es ahora nuestra para contarla, y verla, cuantas veces lo desee el corazón.

 

68. I HIRED A CONTRACT KILLER (1990) de Aki Kaurismäki

Ternura. No se me ocurre palabra más perfecta para describir el cine de Kaurismäki. Ternura, simplemente. No la ternura que te hace maullar como perro faldero al ver una escena tan gráficamente conmovedora, sino una ternura empática, donde las desventuras de los protagonistas que acompañas se vuelven parte de tu crecimiento personal, de tu identidad, brindándote ayuda en tus desvaríos y debilidades, dándote el abrazo que realmente requerías en plena perdición. No desvaríes en el desánimo, el cine de Kaurismäki llega a tu vida para quedarse.

La historia de I Hired A Contract Killer es, como su título, de perfecta comedia: un hombre es despedido después de 15 años de haber laborado en la empresa, por tanto decide suicidarse, pero al fallar varias veces, contrata a un asesino a sueldo para matarlo… sólo que justo a tiempo de conocer a una mujer que brinda un nuevo sentido a su vida, con el ligero problema de que no puede despedir a su asesino por… una serie de bellos impedimentos, cinematográficamente hablando. Aún con este embrollo, la ternura, tal cual he mencionado antes, aparece continuamente en los encuentros y reencuentros de sus personajes, donde cada situación es comprensible, plausible en nuestra realidad, y el humor que la acompaña nos produce la alegría que, aún después de la risa, sigue viva en nuestro rostro. Las calles londinenses, por resquebrajadas que estén, se presentan como parajes coloridos donde música y ambientes complementan a los inolvidables personajes que se pasean por ellas.

No me queda más por decir, sólo véanla. Como mencioné en una entrada anterior: no es que la recomiende mucho, es que la receto. No desvaríes en el desánimo, el cine de Kaurismäki llega a tu vida para quedarse.

 

67. THE HAUNTING (1963) de Robert Wise

Basada en el clásico de Shirley Jackson, y anterior al afamado bodrio noventero dirigido por Jan De Bont, esta obra maestra de Robert Wise (ya saben, el editor de Citizen Kane, el director de Sound of Music, The Sand Pebbles, The Hindenburg, The Day The Earth Stood Still –¡’ta madre!, por lo visto les encanta hacer remakes de este hombre), es sin duda de las más grandes recompensas que puede esperar el fanático del terror.

El suspenso más impecable y mejor construido que existe, The Haunting, narra la famosa historia de un grupo de personas que se aísla en una inmensa mansión para estudiar sus fenómenos paranormales. Dentro de esta exploración descubrirán distintas etapas de la locura, ya sea por parte de la casa o de lo que ésta refleje en sus debidas percepciones, extrayendo sus peores y más vulnerables lados ante la indescriptible oscuridad. Una pesadilla obligatoria para todo aquel que se hace llamar aficionado del terror, y esta vez me veré en el penoso y fatuo prejuicio de decir que, de no gustarles, o en el peor de los casos, de aburrirles, es porque están a años luz de comprender las actitudes que hacen importante al terror.

La experiencia en The Haunting es clave para la comprensión, no sólo de lo paranormal, sino de los cimientos de nuestra cordura, elementos que desarrollan más adelante cosas tan claves en nuestra cultura como The Shining, The Exorcist, y hasta Alien. No joke, dead serious, véanla, luces apagadas, solos en casa, y para los obsesivos, con libreta en mano: da por inicio el taller narrativo que ofrece The Haunting.

 

66. HALBER MENSCH (1986) de Sogo Ishii

La película musical de mi vida es todo lo contrario a lo esperado de dicho género. Aquí no hay bailes coloridos por un elenco celebrando un momento improvisado en la historia de sus protagonistas. Aquí no hay siquiera una historia en particular. Aquí encontramos a Einstürzende Neubauten, la legendaria y pionera banda industrial que hacen ver a Rammstein como un productillo salido de Glee (sin ofender a los que les gusta Glee), haciendo estrépitos que forjan la mejor música del fondo del mundo, golpeando fierros y manipulando maquinaria pesada al ritmo de la protesta musical, la rabia de sonidos que buscan tener su lugar en nuestro subconsciente y consciente sociales. Fuera de estas estrictas menciones, ya entrando en materia personal, la música de Einstürzende Neubauten me significa tanto como a ustedes les significan las mejores cosas de su vida. Ustedes entenderán perfectamente que mi pasión por su música no se debe a una etapa o a una mera sensación de desahogo. Me significa uno de los manifiestos clave de mi vida, traductores sonoros de mis más personales rabias, inquietudes, ensueños y entendimientos. Gracias a ellos, entiendo de qué va el mundo, de qué va el ser humano, de qué consta el roce de interacciones y el reencuentro con nuestras sombras y luces, la filosofía, la ciencia, la sociedad anímica y productiva, la fascinación humana en sus peores y mejores lados, en la belleza de la podredumbre y la fealdad que también conlleva la felicidad. De los grandes milagros de mi vida, esta cinta de apenas una hora, presentando la música de mis amados Einstürzende Neubauten, filmada durante una estancia en Japón por allá de 1986, es, como mencioné más arriba, el número musical de mi vida.

Halber Mensch no es película para ‘malotes’ o quienes se extasían con los rugidos de voces pudriéndose de agonía y engranajes trepidando de furia; digo, también lo es para ellos. Pero lo es (también) para quien ame, en general, la música y sus infinitas manifestaciones.

 

65. THE GREAT MOUSE DETECTIVE (1986) de Ron Clements, Burny Mattinson, Dave Michener y John Musker (Walt Disney Pictures)

Su título en castellano es simplemente excepcional, Policías y ratones, que recuerda a un juego de niños; y siendo esta una cinta animada con la suficiente inteligencia como para satisfacer al adulto experimentado o hasta al letrado en novela policíaca, pequeños y grandes pueden disfrutar de este juego en idéntico entusiasmo. Mi preferida del canon Disney junto a Fantasia, precursora a su Renaissance, y basada en el libro infantil de Eve Titus, el Sherlock Holmes del mundo animal, Basil de La Calle Baker, se dispone a resolver el caso del padre desaparecido de Olivia, una niña dispuesta a todo. El Dr. Dawson complementará al gran detective, luchando lado a lado contra “la más depravada mente de Londres”, el Profesor Ratigan, el Moriarty de esta historia. Aunque Basil cuenta con las características inconfundibles de la creación de Conan Doyle, está muy lejos de ser un ególatra despreciable para ser el equilibrado héroe con razonamiento y corazón por igual, sin titubeos en el camino. Quizás la versión más agradable, y no por esto menos latente, del famoso detective inglés. Amantes de Sherlock Holmes, y en general de la aventura policíaca, o de la animación, o de las historias entrañables con tu intelecto y diversión, están ante una obra que los propios Chesterton y Borges hubiesen disfrutado de haber conocido. Bendito el día en que, siendo muy niño, viví con inmenso cariño aquel primer caso, que me permitió conocer a Basil de la Calle Baker, el gran ratón detective.

 

64. GOSFORD PARK (2001) de Robert Altman

Sé que para los cinéfilos más expertos pecaré como aficionado de segunda en este caso. Como en mi caso anterior de preferir Match Point de Woody Allen sobre otras de su extenso repertorio, me pasa lo mismo con Robert Altman y esta cinta en particular. Teniendo Short Cuts, Nashville, 3 Women o M*A*S*H*, obras imprescindibles fáciles de nombrar entre las predilectas de cualquier lista digna de leerse, me quedo… sin duda con todas ellas. Pero la que he visto al menos más de una docena de veces es Gosford Park. Deben entender que éste es un sueño materializado del propio Altman, quien siempre quiso hacer un film de misterio a la antigua, muy a lo Agatha Christie, con una gran cantidad de personajes que participan por igual en la culpabilidad por asesinato.

Cada personaje, esencial e impecablemente bien construido, ya sea por sus bien definidas personalidades o por su involucramiento directo con las causas y consecuencias del asesinato, interactúan entre dos reinos bien conocidos en la Gran Bretaña de los años 30: arriba, donde los ricos deambulan casi robóticamente por la suntuosidad de la mansión, y abajo, donde los sirvientes laboran sin fin en la satisfacción de sus amos y la manutención de sus propias vidas. Con uno de esos ensemble cast imposible de nombrar (cada nombre es importante y entrega la debida grandeza), Gosford Park es sin duda mi predilecta del admirado Altman: cada detalle certero, cada conversación esencial, cada nombre memorable, cada pieza invaluable, cada momento grande como en los mejores suspensos, mucha alta sociedad y mucho sirviente con pasado secreto, mucha sofisticación y altanería, mucha familia y malentendidos, mucha rabia y rencor, la sazón del asesinato se disfruta hasta la total satisfacción.

 

63. FOUND. (2012) de Scott Schirmer

Ya lo ha dicho el tráiler de la cinta: decapitaciones, desnudos frontales descuartizados… y luego están las partes perturbadoras. Lo que me impactó de la cinta fue, de hecho, una excepcional rareza entre tantísimas historias que tratan el bullying: sutileza. Sutileza en el horror absoluto de una temática que suele evadirse, ya sea por estúpidas precauciones o al abarcarse de formas lastimosas y gratuitas. No he encontrado película, entre las miles que he visto en mi vida, que abarque el abuso infantil con tan equilibrada consciencia y empatía como lo ha hecho Found.

La premisa es sencilla: un niño sabe que su hermano mayor es un asesino y esconde cabezas humanas en su armario. El pequeño debe vivir con ello, tomando las debidas precauciones con su hermano sin presentar sospechas, al tiempo que lucha con sus propios demonios que, como suele ser en los niños, son casi siempre externos. Entre los comportamientos impuestos por padres aparentemente comunes, pero que son meras hipocresías ante el real valor de la comprensión, y su afición completamente normal (así es, padres de familia, completamente normal) por los monstruos y la sangre, el pequeño Marty debe cargar con todo cuanto sucede en la película, algo excesivo para quien no merece nada de esto. Lo perturbador no es el niño rentando películas gore, sino las relaciones interpersonales a las que está obligado a satisfacer. Sentirás un pavor indescriptible, no al ver uno de sus vídeos sangrientos, sino al ver a sus padres discutir con el hermano mayor, o a su comunidad religiosa responder con la típica lástima reprobatoria, o a sus compañeros de clase humillarlo de una forma a la que jamás estaremos acostumbrados. Una entre un millón, se los puedo jurar sobre lo que ustedes gusten.

Bien pudo haberla escrito Ricardo Chávez Castañeda, autor que se aproxima a los temas más oscuros y volverlos imprescindibles para los niños, no “accesibles”, sino necesarios, con todo y su franqueza, con todo y sus espantos.

 

62. EYES WITHOUT A FACE (1960) de Georges Franju

Icónica entre cinéfilos y cineastas y altamente repudiada en su época, la cinta que en su momento llamaron en cartelera The Horror Chamber of Dr. Faustus, es, como afirman su apreciación contemporánea, poesía y terror en el mismo plató. Su técnica narrativa es parecida al de una cirugía, tomándose el debido tiempo, los debidos silencios y el debido ritmo para corresponder a un horror atmosférico y significativo, permitiéndose, en sus puntos cúspide (que son bastantes) de espectaculares sobresaltos. La astucia de su director, Georges Franju, es notable tanto en la historia detrás de cámaras como en sus estrategias narrativas. Filmada, como dije antes, con el sumo cuidado de las cirugías, cada escena nos crea expectativas que logran satisfacción con pequeños detalles y grandes consecuencias. Contiene varios de los momentos más aterradores del cine, así como la máscara que inspiró a la del famoso asesino serial, Michael Myers.

Inevitablemente relacionarán la cinta con La Piel Que Habito, ese intento fallido y desaprovechadísimo banquete narrativo de Almodóvar (ustedes disculparán la humilde opinión). Puedo decirles que esta película no tiene parecidos ni tributos dignos, es tan única e irrepetible como no lo somos los seres humanos. Amantes del terror, sírvanse a su gusto de esta magnífica pieza de locura y asfixia.

 

61. THE EXORCIST (1973) de William Friedkin

¡Otro de esos clásicos inevitables! ¡Caray! ¿Qué puede decirse de esta cinta que no haya sido dicho ya? Tiene todos los cumplidos, todas las discusiones y todos los análisis habidos y por haber. ¿Qué más puede ofrecer aparte de hallarse en incontables listas de horror y menciones académicas? La cultura y sus contextos sociales hablan por sí solas, y es verdad que probablemente no haya nada más que podamos agregarle a esta cinta; pregúntenle al crítico de la BBC, Mark Kermode, quien hizo un libro al respecto considerándola la mejor película de todos los tiempos, habiéndola visto, acorde a su última entrevista, más de 200 veces, siempre hallando algo nuevo en cada vista. Así que, no queda más que su innegable mención.

De cualquier manera, hay una breve anécdota en mi vida que quisiera compartirles. Mi escuela de cine cuando era niño se dividía entre el Canal 5 y su cine permanencia voluntaria, y un viejo Videocentro que había muy cerca de casa. Recuerdo que de niño me hablaban tanto de esta película como la más aterradora habida y por haber, que fabriqué mi propia versión de ella, imaginándomela peor de lo que describían. Con todas las piezas sueltas sobrevolando mi imaginación de niño, no podía acercarme siquiera a la sección de terror en ese viejo Videocentro porque sabía que la caja de la cinta estaría entre las demás, con la clásica imagen del exorcista alumbrando a plena luz de calle observándome con severidad. Me era incluso inconcebible el imaginar que era una cinta dirigida por alguien, más bien se trataba de una fuerza sobrenatural adaptada a los peores temores de quien la viera. Llegué incluso a considerar la palabra exorcista como una persona, situación o cosa extremadamente horrible, desconociendo aún su significado. Así pues, le temí durante años, reinventándole escenas y conjeturando sobre sus temas. Cuando al fin vi fragmentos a los 9 años (sólo fragmentos, entre que me atrevía a verla y cambiaba el canal entrado en pánico), no comprendía nada más allá de mi temor. Era como enfrentarse al jefe final de un videojuego, pero… ya saben, multiplicado cien veces. Ahí quedó sellada la cosa. Viví con pavor durante años.

Volví a verla a los 20, y me topé con que no temblaba de pánico, sino que lloraba de angustia, incluso de cariño hacia los personajes, de empatía a cada uno de ellos en cada una de sus situaciones, y que las escenas aterradoras me producían la tristeza de quien ha perdido a alguien, o de quien atestigua a alguien amado perderse en el odio a sí mismo. Finalmente El Exorcista me había llegado de la forma en que debía llegarme, como un relato inmortal de lucha y comprensión espiritual.

Para mí, esta cinta me significa tanto como un memorable profesor o un gran consejo paternal. Funciona como una Meca del entendimiento y empatía humanas, como una ejemplificación del drama narrativo, del horror extraordinario (que no necesariamente del sobrenatural). Aunque la típica explicación concluye en que todo es una metáfora de la adolescencia y que la joven Regan no está poseída por el demonio, sino por la llegada de su pubertad, y todo es un desfile simbólico de las brutales volubilidades de esta etapa, no vacilo en decir que, es cierto, se trata de esto y de algo más. ¿La película más aterradora de todos los tiempos? ¿Con tantas cintas actuales que la han rebasado en espantos? Pues permítanme decirles, no será lo que nuestros morbos espera que sea (que fácilmente caen en el tedio al no hallar satisfacciones inmediatas), pero sí fue la película más aterradora para el mundo Occidental, casi todos inmersos en la religión cristiana, la fe católica, y el estricto modelo de familia feliz. La cinta viene a rompernos la madre, y el padre, y la familia, y la idea de paz, haciéndonos afrontar, no el terror del sobreexplotado sobresalto, sino de la atmósfera acompasada que poco a poco nos encarcela en el infierno del alma. Dios no existe, tampoco el diablo, sino ese otro elemento sobrenatural y desproporcionado que arrasa cualquier tipo de amor: el odio.

C O N T I N U A R Á

 

 

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

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