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El fondo y la forma

Arturo Mora Alva | Doctor en Estudios Científicos-Sociales, Maestro en Educación y Biólogo. Profesor universitario y consultor independiente.

Es lo Cotidiano | 09 de septiembre de 2019

“Al revisar las estrategias de comunicación de municipios, de secretarias de estado, estatales y federal, e instituciones de los poderes judicial y legislativo, se halla ante todo un derroche de recursos para informar sin informar.”


El mundo mediático construido alrededor de la administración pública en las últimas décadas, reclama el uso casi exclusivo de estrategias de marketing político, una cosmetología propia de la farándula en la que se ha convertido buena parte de la actuación política y de sus actores.

Un juego de enredos y tramas propias de la comedia, que se ponen en escena una y otra vez, como un ciclo de remakes que abusan de la ignorancia de la sociedad y enarbolan nuevos spots, eslóganes y frases que atentan contra la inteligencia de buena parte de la ciudadanía.

Ahora vemos que se contratan o se nombra a voceros oficiales, se conforman equipos de comunicación social, se designa a encargados de campañas y del manejo de medios de comunicación. Se ha creado la figura retórica  “de control de daños” como estrategia de contención política y social. Se tienen responsables del manejo de la “comunicación en crisis” y sin embargo, todo ello no apunta —hasta ahora- a contar con una comunicación eficaz, directa y —sobre todo- verídica del gobierno, en todos sus niveles y en todos sus colores políticos con la población.

La creación de una opinión pública informada, de audiencias realmente interesadas en la vida política que a la vez puedan desarrollar un criterio propio, basado en la transparencia y la rendición de cuentas de los gobernantes y del conjunto de la administración pública, es un elemento necesario para la democracia y para su calidad.

Al revisar las estrategias de comunicación de municipios, de secretarias de estado, estatales y federal, e instituciones de los poderes judicial y legislativo, se halla ante todo un derroche de recursos para informar sin informar. Spots de radio y televisión, inserciones pagadas en periódicos y revistas, mensajes y noticias en las redes sociales, de forma directa o mediada por algunos portales digitales,  demuestran que lo que se busca es estar sólo en la recordación de marca, por así decirlo, creando la idea que de lo que se trata es sólo de vender prestigio, desmentir denuncias, callar verdades, todo ello, en lugar de informar de forma responsable y veraz.

El juego del poder cruza hoy por el uso y el abuso de los medios de comunicación. Lo importante para las lógicas del poder político es centrar su esfuerzo de comunicación en la forma. Gastar en diseños de imagen, en pagar promocionales en páginas completas de gacetas, revistas y periódicos, en spots de radio y en espectaculares, confirma la estrategia mediática, que se centra en la forma, en usar “creativamente” las figuras de alcaldes, diputados y gobernadores para crear la ilusión de informar, pero sin informar.

Para ejemplo, el reciente informe de gobierno municipal de León. Encontramos en los medios de comunicación datos que ofrece el alcalde sobre las dosis de drogas aseguradas, sin decir de cuáles o en qué cantidades en gramos se tratan. Un reporte del número de vehículos recuperados, sin indicar en atención a qué número de expedientes abiertos, y sin indicar si son de robos de autos en otros estados. Se ofrecen cifras de alarmantes del número de personas detenidas por faltas administrativas -65,100-, sin especificar cuáles faltas administrativas se infringieron, sin dar rango de edad y género, etc., y se informa de apenas un centenar de detenidos por delitos que ameritan prisión preventiva, sin que se mencione el tipo de delitos cometidos. Datos que se presentan sin contextualizar, sin hacer referencia al Plan Municipal de Gobierno vigente. Cifras que —en resumen- no dicen nada, y que no ayudan a dar una adecuada valoración del desempeño de la administración municipal. Eso pasa en cada municipio del estado. No importa el partido político. Se repite el esquema de comunicación usado por el gobierno estatal desde hace varios lustros.

En verdad, ¿no se puede en pensar en formatos maduros de rendición de cuentas?  ¿En pensar que la ciudadanía merece información de calidad? ¿Imaginar que la transparencia de la información puede ayudar a crear gobiernos con estándares altos de calidad? ¿Que se puede ir desarrollando una administración pública profesional, comprometida con el marco jurídico que la crea?

Lo real es que los partidos políticos buscan permanecer en el poder usando como principio el manejo de la forma, y no del fondo. La estrategia por la que se ha optado es la opacidad, la discrecionalidad, la apariencia, el maquillar cifras, la de ofrecer respuestas fuera de contexto, la de evadir preguntas, la del silencio, en suma, la de evitar informar con transparencia y veracidad.

Mientras la forma sea la única manera de cuidar su permanencia en el poder de los políticos y sus partidos, la ineficacia y la ineficiencia serán la estrategia de actuación del conjunto de la administración pública. Por ahora, el ejercicio y obligación de rendir cuentas se reduce a lo cosmético, a lo banal de lo mediático y así no se construyen sociedades participativas. Así, sólo  cuidando la forma, se huye de la consolidación de la democracia, y con ello se le resta importancia a la configuración de una gobernanza que centre sus esfuerzos en valorar y evaluar el fondo, esto es, la esencia de la política, que implica a su vez,  dar valor al servicio público en favor de los demás y a la real construcción del bien común a través del ejercicio del poder con honestidad. Ojalá pronto se entienda que el fondo es más importante y urgente, cuando se trata de gobernar con justicia y verdad para todos.

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