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Hijos inesperados

Fernando Cuevas de la Garza | 12 de julio de 2020

Vivarium (EU, 2019)
Vivarium (EU, 2019)

Fernando Cuevas de la Garza


Dos parejas viviendo en situaciones extrañas, incómodas e impredecibles, sobre todo cuando aparecen sendos bebés en sus vidas, presentando características anómalas que se insertan en el ámbito de la fantasía. Habitan en sus respectivas casas, de las que no terminan por apropiarse, acaso porque se trate de lugares heredados o de alguna manera impuestos, demasiado parecidas al resto de los vecinos, ausentes casi siempre. Una miniserie disponible en Apple TV y una película en Cinépolis Click, que coinciden en centrar sus relatos alrededor de una pareja y sus respectivos hijos, con dosis de miedo psicológico y, sobre todo, revestidos de una buena carga de incertidumbre invadiendo las rutinas. Viajes redondos de la cordura a la locura, salpicados de surrealismo.

Servir a la cordura

Creada por Tony Basgallop y producida por M. Night Shyamalan, también participando en la dirección junto con Sackheim, Antal y Ostrander, Servant (EU, 2019) presenta a lo largo de diez capítulos la vida del matrimonio Turner, integrado por Dorothy (Lauren Ambrose, al borde), reportera televisiva y Sean (Tobby Kebbell, confundido), chef en pleno home-office; deciden contratar a una niñera para cuidar a su hijo (Nell Tiger Free, hermética), que resulta ser una imperturbable joven de Wisconsin de religiosas costumbres. Reciben la visita continua del hermano de la madre primeriza (Rupert Grint, ya lejos de Hogwarts) y de pronto su padre, la terapeuta, el ayudante de cocinero y el indescifrable tío de la recién llegada, que no se sabe si va a incendiar la casa o a bendecirla.

Con una cámara que contribuye a generar esa sensación de incomodidad que invade los rincones de la casa (cava incluida), a través de angulaciones inciertas y perspectivas interrumpidas, se van presentando una serie de sucesos que desconciertan el rumbo que puedan tomar los vínculos entre los protagonistas, incluyendo al pequeño hijo cual sujeto de diversos afectos y tensiones. Entre la mirada hipnótica de los reportajes de la mujer, los preparativos de platillos peculiares del hombre (helado de langosta, grillos endulzados, anguilas descabezadas) y la enigmática presencia de la adolescente cuidadora, comiendo sopa de tomate y ajena a cualquier reacción agresiva, como si despertara a un mundo ajeno.

La sólida construcción de inquietantes atmósferas se alimenta de un incierto tránsito entre la probable acción sobrenatural y el realismo en torno a la presencia del bebé y los sucesos que desata, además de la inescrutable actitud de la niñera y los cambiantes comportamientos de la pareja, por momentos entrando en estados de alejamiento emocional y de aislamiento. Las inserciones de los flashbacks sueltan información para ir nutriendo la comprensión de la situación actual en la que vive ese matrimonio, junto con las constantes visitas del hermano/cuñado y los incómodos encuentros que se suscitan entre los involucrados.

Sembrar la locura

Como si de una crítica se tratara a la homogenización de la vida en los suburbios estadounidenses, Lorcan Finnegan escribe y dirige Vivarium (EU, 2019), pesadilla surreal de vivo colorido en la que una pareja (Imogen Poots y Jesse Eisenberg, atrapados de manera inexplicable) es convencida por un extraño agente inmobiliario (Jonathan Aris, imperturbablemente siniestro) para ir a ver un nuevo conjunto de casas; al llegar ahí, descubren que el vendedor en cuestión, después de mostrarles las habitaciones, ha desaparecido sin dejar rastro y ellos se quedan en esa especie de fraccionamiento en el que todo es angustiantemente igual: las calles interminables, las casas con diseño idéntico, la comida proveída a la puerta del hogar y la ausencia de personas.

Llega después y de bizarra manera un bebé, o eso parece, que resulta presentar un crecimiento acelerado y conductas imitativas que ponen los pelos de punta; el tiempo avanza a través de una monotonía exasperante en la que sólo queda cavar, ver programas ininteligibles, perder la cabeza o seguir buscando la inexistente salida. Si bien la historia se estira un poco en cuanto al metraje, la cinta captura la incomprensión de los protagonistas acerca de lo que están experimentando, y las tomas abiertas nos remiten a esos fraccionamientos en los que la vida ha dejado de dar sorpresas, incluyendo los colores que de tan vivos, acaban apagando la espontaneidad. La existencia como un ciclo interminable y sin sentido.

 

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