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King Crimson: Larga vida

Fernando Cuevas de la Garza | 23 de julio de 2017

Fernando Cuevas de la Garza

Surgieron dentro del naciente movimiento progresivo y de inmediato se volvieron un pilar, no sólo de estos territorios, sino de la evolución del rock todo. De la mano experimental que mece la guitarra, discreto y concentrado en la innovación, usualmente ocupando un lugar en segunda fila dentro del escenario, alejado del negocio y la parafernalia mediática, el cerebral Robert Fripp comanda desde hace cinco décadas a King Crimson, proyecto ha seguido mutando para reconvertirse y no morir, evitando repetirse o grabando cual suma cero: más bien buscando y ensanchando las posibilidades del género que lo arropó y del cual se volvió parte medular.

Con el baterista Michael Giles, compañero del recién disuelto grupo Giles, Giles & Fripp que alcanzó a grabar un ecléctico disco titulado The Cheerful Insanity of Giles, Giles & Fripp (1968), el cantante y bajista Greg Lake, amigo de la infancia, y los ex Infinity Ian McDonald y Peter Sinfield, de habilidades múltiples tanto para los sonidos como para el ámbito visual, Fripp integró una sólida alineación para grabar el mítico primer álbum de la banda, después de algunas modificaciones en los prolegómenos y de haber participado en agrupaciones como el dueto The League of Gentlemen junto con Gordon Haskell y en la Majestic Dance Orchestra.

De la corte real a la isla personal

Su obra inicial fue un clásico instantáneo, si es que tal cosa es posible: In the Court of the Crimson King (1969) transita a lo largo de sus seis cortes por diversas señas de identidad de la progresión, entre pasajes instrumentales de ruptura interpretados con el virtuosismo esperado, tonos pastorales que se insertan en esquemas de intensidad instrumental y una épica más dolorosa que celebratoria. Anticipando nuestro epitafio para predecir al hombre esquizoide del siglo XXI en el que nos hemos convertido, no queda más que rendir pleitesía al rey carmesí y formar parte de su corte.

Con la convencida vocal de Greg Lake entonando las intrigantes letras de Peter Sinfield y, desde luego, la portentosa y mutable guitarra de Fripp, transitando del jazz a la explosión roquera y de ahí a un exquisito clasicismo que se inserta en las capas de teclados cortesía de McDonald, también aportando los sonidos de viento, las intrincadas piezas se despliegan al ritmo entrecortado de la batería de Giles para generar un conjunto de atmósferas que viajan de momentos llenos de calma nebulosa a orquestaciones de alta emotividad, generando reacciones como las expresadas en el primer plano del rostro en rictus de angustia que llena la icónica portada.

Ya sin McDonald y Giles, dos bajas sensibles en la alineación, con Fripp haciéndose cargo del mellotrón y Sinfield participando más en la composición, presentaron In the Wake of Poseidon (1970), digno sucesor de su impactante debut, con todo y una producción más pulida y sin resentir del todo las ausencias, en particular por la claridad del enfoque de su líder. Estructuras cercanas al free jazz se entreveran con campos en los que se respiran aires folk, impulsados por momentos de un aliento barroco que ceden paso a los acostumbrados momentos de calculado y casi matemático caos.

Para mantener el ritmo, ese mismo año entregaron Lizard (1970), compuesto a partir de una tendencia más jazzera, impulsada por la presencia de las flautas y el sax de Mel Collins y episodios pantanosos de absorbente espesura. Su ex compinche Gordon Haskell le entró al quite con la voz y el bajo en lugar de Greg Lake, quien se lanzó a la aventura con Keith Emerson y Carl Palmer para conformar su famoso trío, y Andy Mculloch en la batería para sustituir a Giles, mientras que entre los invitados destacaba un joven vocalista llamado Jon Anderson, de una naciente banda conocida como Yes.

Después de diversos movimientos y pruebas, entre las que destaca la audición que hizo el gran Brian Ferry como posible vocalista, sitio ocupado al final por Boz Burrell, y con la presencia de Ian Wallace en la batería, se presentó dividiendo opiniones el álbum Islands (1971), que si bien no estuvo a la altura de sus predecesores, consiguió alcanzar momentos de gran inspiración por la sugerente interacción de los instrumentos de viento, la incorporación de la soprano Paulina Lucas y la magistral articulación de guitarra y mellotrón cortesía del arquitecto al mando, como avizorando la propia tierra firme asediada por mares ancestrales. El final de esta etapa estuvo marcada por Earthbound (1972), primer disco oficial en vivo del grupo.

Tras la finalización de la primera etapa de la banda que gusta de la metamorfosis, Robert Fripp (Dorset, Inglaterra, 1946), único miembro constante a lo largo del tiempo, se dedicó al desarrollo de otras vertientes que respondían a sus inquietudes musicales, como lo muestran las grabaciones de los ahora clásicos No Pussyfooting (1972) y Evening Star (1974) en complicidad con el patriarca Brian Eno, desplegando una vena ambiental y avant garde a partir de sus famosos Frippertronics, una especie de combinación de loops y rasgueos de la guitarra que generan una nutritiva atmósfera sonora.

De la lengua de alondra al rojo vivo

Para la primera reencarnación, ahora con un mayor espíritu experimentador, se integró el violín de David Cross, enloquecido y melódico a la vez; la fuerza vocal de John Wetton, también acometiendo el bajo, y la implacable batería de Bill Bruford, bien condimentada con las percusiones de Jamie Muir. La primera mitad de los setenta vio el mayor crecimiento del rock progresivo y King Crimson seguía siendo una especie de epicentro de aprendizaje y trascendencia, en particular por la capacidad para ensanchar fronteras y revisitar nuevos terrenos. Fueron tres los discos en estudio que esta alineación produjo.

Dejando las tesituras jazzísticas como para buscar nueva identidad, iniciaron con el potente y enigmático, desde el título mismo, Lark’s Tongues in Aspic (1973), tejido a punta de guitarrazo invasivo y creciente justo cuando se va reconstruyendo poco a poco el ambiente, vía rítmica laboriosa con unas cuerdas sobrevolando en estado de angustia contenida por momentos desparramada en hermosas melodías con sentida vocalización, expresando con justeza la intención de los textos de Richard Palmer-James, colaborador del grupo y también fundador de Supertramp, ni más ni menos.

En la misma línea, aunque con una perspectiva incremental en la intensidad de los ataques guitarreros, cual invasiones sorpresivas al engañosamente estable campo sonoro, Starless and Bible Black (1974) dibuja en efecto un cielo oscuro, penetrante y aparentemente vacío, como sacado de la imaginación de Rembrandt (The Night Watch) en la que es imposible poderse orientar. Sin la presencia de Muir y con la colaboración de Palmer-James, el disco arranca con fiero dinamismo que convive con ámbitos de cierta pausa, pronto cediendo terreno a imprevisibles instrumentaciones que parecen mutar por designios inescrutables.

El tercer álbum de esta etapa fue el notable Red (1974), con Cross saliéndose a media grabación pero dejando su impronta, mientras Fripp acomodaba las piezas en plena colusión disonante integrando a viejos amigos en los metales, para consolidar el estilo generado por sus predecesores y dare cuerpo a los diferentes cortes. USA (1975) presenta al grupo en vivo y Young Person’s Guide to King Crimson (1976) retoma algunas rarezas, sencillos y algunas tomas alternativas, sí para jóvenes, pero siempre y cuando sean fanáticos.

La disciplina perfecta del par de tres

Después de bajar la cortina Crimson durante algún tiempo, Fripp colaboró con David Bowie, Peter Gabriel y Daryl Hall, además de grabar con el apoyo de varios artistas Exposure (1979), su primer álbum solista, seguido por God Save the Queen/Under Heavy Manners (1980), álbum integrado por una muestra de sus frippertronics con la colaboración de David Byrne. Bien empapado por diversas vertientes musicales y con nuevas ideas entre manos y cuerdas, decidió convocar al guitarrista y vocalista Adrian Belew, al gigante del bajo Toni Levin y de nuevo al baterista Bill Bruford, tras su paso por Yes, para darle vida al rey carmesí por tercera vez. Si bien los tres discos valen la pena, la tendencia fue de más a menos.

Edward Macan (1997) planteó que a principios de los años ochenta surgió un movimiento conocido como post progresivo, inaugurado justamente por el intrépido Discipline (1981), álbum en el que se incorporan elementos minimalistas y étnicos, absorbiendo tanto otras tendencias del rock de aquellos años, sobre todo la new wave y el postpunk, como las propuestas de Pere Ubu, Talking Heads, Blondie y The Police, por mencionar algunos ejemplos. En efecto, el álbum abrió puertas y ventanas del progresivo para recibir bocanadas de sonidos frescos por completo revitalizantes, estableciendo complejos circuitos cargados de polirritmia con alcance matemático.

Conservando el nivel de tensión que juega con la flexibilidad, esta agrupación presentó Beat (1982), siguiendo los preceptos del anterior álbum con absoluta disciplina, a pesar de no estar a la misma altura. No obstante, se trata de una obra redonda que aprovechó la compenetración alcanzada por el cuarteto en su desempeño previo. El ciclo se cerró con 3 of a Perfect Pair (1984), todavía con algunas ideas preclaras entre las que se plantó la introducción de ciertos acordes funk, pero ya con la sensación de que se debía culminar la trilogía y cada quien a continuar con sus proyectos personales.

Durante los ochenta, mientras grababa los discos de King Crimson y después de la disolución de esta encarnación, Robert Fripp continuó desarrollando proyectos varios, ya fuera solo (Let the Power Fall, 1981) o bien acompañado por Andy Summers, David Sylvian, John Wetton, Adrian Belew y por su esposa Toyah Wilcox, entre otros. Además, en plan de superhéroe resucitó a The League of Gentlemen y formó The League of Crafty Guitarists, proyecto derivado de sus actividades docentes, para las cuales mostró no sólo conocimiento de la materia sino vocación. Por no dejar, integró un cuarteto de cuerdas que se puede escuchar en el álbum The Bridge Between (1994).

De la onomatopeya reconstructiva a la fuerza de la luz

Con la alineación de la anterior encarnación, más la presencia del energético baterista y percusionista Pat Mastelotto (ex Mr. Mister) y el bajista/guitarrista Trey Gunn, conocedor del estilo para tocar llamado stick, al igual que su colega Levin, Robert Fripp integró una nueva versión de King Crimson, ahora en formato de sexteto, para presentar el EP VROOOM (1994), seis cortes cargados de vitaminas en tono de paranoia creativa, con las letras y vocalizaciones de Adrian Belew sostenidas por unas columnas sonoras de rítmica catártica que saben ajustarse al estado anímico de la pieza en cuestión.

Con algunas de las canciones del EP y ya en formato largo, compartieron el consistente THRAK (1995), disco que significó un regreso a la altura de las circunstancias, después de una década de espera por parte de la cofradía de fieles que han acompañado al grupo a pesar de sus constantes mutaciones... o quizá por ello. La poderosa base rítmica se da vuelo con espacios propios o articulando los diques de la arquitectura sonora, retomando el clásico mellotrón y los efectos de guitarra que igual irrumpen con autoridad que permanecen como parte del escenario auditivo. Así, el doble trío funciona como una pareja de triángulos que de pronto se intersectan para presentar estrellas de origen desconocido que luchan por salir de la oscuridad.

B’Boom: Official Bootleg – Live in Argentina (1995) es un disco doble preparado por ellos mismos, que representa con nitidez las capacidades del grupo en directo durante esta época. Como complemento, Thrakkatak (1996) es una selección de ocho cortes en vivo, con fuertes dosis de improvisación en los que se aprecian con claridad las posibilidades de la estructura de doble trío. Durante estos años, además de la aparición de otros álbumes en vivo, Fripp probó diversas formaciones: grabó con Bruford, Gunn y Levin el disco Live at the Jazz Cafe (1998), firmado por ProjeKct One; tres discos con Belew y Gunn bajo el nombre de ProjeKct Two, y uno más con Mastelotto y Gunn, agrupados en ProjeKct Three.

Para empezar el siglo, el excelso guitarrista y experimentador incansable reclutó a Belew, Gunn y Mastelotto para grabar, otra vez como King Crimson, la irregular obra The ConstruKtion of Light (2000), apenas recordada por algunos destellos y por plantear, al menos en el nombre de algunas de sus canciones, una mirada a la larga historia de la banda. Si bien los diferentes cortes no parecen mostrar renovación ni identidad plena, no faltan los brillantes pasajes instrumentales de fiereza y convicción ineludibles. Al año siguiente, editaron el notable doblete Vroom Vroom (2001), conformado por las presentaciones en Nueva York y en la Ciudad de México durante 1995.

Más consistente resultó The Power of Believe (2003), antecedido también por el EP en vivo Level Five (2001) y por el EP Happy with What You Have to Be Happy With (2002), en el que se incorporan ciertos artilugios propios de la electrónica, campo fértil para poner a prueba nuevas texturas y plantear distintos horizontes, sobre todo en este intercambio continuo que puede darnos la felicidad. Mayor compenetración y enfoque con su antecesor, con ciertos acentos en las atmósferas provenientes del rock duro de principios de siglo en convivencia con secuencias melódicas, el álbum se alimentó de los dos EP’s que lo precedieron y consiguió restaurar, justamente, la fuerza de seguir creyendo en la banda.

Un milagro para la escasez

Los discos en vivo, las compilaciones y las reediciones siguieron apareciendo a lo largo de los años, hasta que Fripp, también involucrado en otros proyectos y en su propuesta solista, se reunió con el vocalista y guitarrista Jakko Jakszyk y el viejo colega Mel Collins para grabar A Scarcity of Miracles (2011), generando múltiples especulaciones y esperanzas de una nueva formación de King Crimson, pero a la fecha solamente se han visto en los estantes más álbumes en vivo y alguna recopilación como Radical Action to Unseat the Hold of Monkey Mind (2016), producto de las presentaciones del grupo, ahora como octeto, sobre piezas ya conocidas.

Capitaneados por el eterno renovador, la conformación está integrada por Tony Levin en el bajo y su habitual chapman-stick, el recuperado de la primera etapa del grupo Mel Collins, con sus inquietantes saxofones y lo que se le ponga enfrente; Jakko Jakszyk, entrándole al quite con la vocal y la guitarra cuando se ofrezca; Pat Mastelotto y Gavin Harrison, bateristas que acometen cuanta percusión se deje explotar, además de Bill Rieflin, quien tocó con R.E.M., y Jeremy Stacey, dispuestos ambos a poner a las órdenes sus capacidades multi-instrumentales. Ojalá además de la gira y los rigurosos discos en vivo, nos sorprendan con algún material nuevo de estudio.

 

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