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Mal de montaña

Víctor Hugo Pérez Nieto | El Evangelio Según Pérez Nieto

Es lo Cotidiano | 11 de septiembre de 2019

“Hace dos semanas, en un restaurant de Morelia coincidí con el doctor Míreles, antiguo jefe de las autodefensas de Michoacán, ex preso político y hoy subdelegado del ISSSTE en Morelia…”


Siempre creí que Toluca era una de las ciudades más altas del continente. Pero hasta que fui de vacaciones a la ciudad de Puno, en Perú, supe lo que era el verdadero mal de altura: a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar se dificulta la respiración, y el dolor de cabeza se hace insoportable si no se toma uno una infusión de coca llegandito. Hacer ejercicio sin estar aclimatado puede ocasionar edema pulmonar.

Claro que hay otros tipos de mal de altura; conozco gente que se trepa en un banco y se marea. Les da la típica enfermedad del “piojo resucitado”.

Hace dos semanas, en un restaurant de Morelia coincidí con el doctor Míreles, antiguo jefe de las autodefensas de Michoacán, ex preso político y hoy subdelegado del ISSSTE en Morelia. Desde que fue nombrado “a dedazo” subdelegado estatal, abrigué mis sospechas de su capacidad de gestión. No es lo mismo empuñar una arma que un estetoscopio. Mis sospechas quedaron fundadas al escucharlo tratar de “pirujas” a las parejas de los derechohabientes. Y es que en aquel restaurante terracalenteño donde lo vi hace dos semanas, no andaba precisamente con su esposa, sino con una joven la cual, si no se les habría visto tan enamorados, bien habría pasado por su nieta.

Pero así es el poder, rápidamente ocasiona mal de altura.

Si en el IMSS, tratándose de puestos de medio pelo como líderes de equipo de supervisión, se vieron en años pasados graves casos de hipoxia cerebral, que desencadenaron episodios de demencia y trastornos de identidad, al grado de convertir todo un equipo estatal de supervisión en espectáculo burlesque, con su drag queen muy en onda haciendo mobbing a directores y al personal que no se alineó a su murga. Con una subdelegación y el respaldo del todo poderoso, no se podía esperar menos del doctor Míreles.

No he escuchado serios pronunciamientos de los grupos feministas, pero si hasta a los del club de Toby u “opresor patriarcado”—como dirían las hembristas- nos caló esa declaración, porque tenemos hijas y hermanas. No creo que ellas se lo perdonen pronto, por más disculpas que ofrezca.

Espero que mejoren los modos y modales de hacer política en México, pero como las escaleras que se barren de arriba hacia abajo, el cambio debe comenzar por la cabeza.

Es lo malo de resucitar piojos y elevarlos poquito: pronto les da el mal de montaña, y más temprano que tarde sufren la resaca.

Debe tener mucho cuidado López Obrador, porque dicen que cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde.

 

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