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Trogglomanía [I]

Javier Morales i García | 07 de enero de 2017

Javier Morales i García


La Historia del Pop de los años 60 es, por lo menos, curiosa. El Pop y sus ramificaciones más o menos underground. Los coleccionistas nos volvemos locos buscando un single: el único single que editó un grupo de punk primitivo en Wichita, U.S.A, pasamos años y años detrás de él y llegamos a pagar una millonada. Pero después ignoramos a otro grupo que tuvo nada más y nada menos que nueve singles entre el Top 50, y que cuatro de ellos estuvieron entre los cinco primeros puestos de las listas de éxitos. Eso sí, cuando las listas de éxitos sí que valían la pena.

En cualquier momento de la música moderna siempre hay un grupo al que nos es fácil poner por los suelos; en el colegio siempre hay un compañero que hace el ridículo y que tiene que soportar los chistes más crueles; la gente del campo siempre son más tontos que los de la gran ciudad… En este caso, cuatro tipos de Andover, Hampshire.

Los puristas les maltrataron y odiaron su sonido punkie, su falta de sofisticación musical y sus eternos jugueteos con el pop más simple. Eso por no nombrar sus letras en plan patio de colegio. Los puristas se hicieron los sordos con maravillas como “Night of The Long Grass”.

 

Lo cierto es que a The Troggs les daba igual y no se casaban con nadie, lo que apenas les afectó en las ventas. Al no entrar o apuntarse en alguna moda definida, no entraron en ese cuarteto mágico formado por THE WHO / THE MOVE / MANFRED MANN / THE HOLLIES. Pero, claro, esto les dio igual. Ten por seguro que en cada casa inglesa de aquellos días, un single de The Troggs sonó alguna vez con insistencia.

Les salieron un montón de imitadores en los Estados Unidos y su espíritu llegó hasta el punk de los 70. Era un sonido tan fresco y vital en 1965 como lo es aún escuchado hoy a todo volumen.

Fue en 1965 cuando se formaron los originales The Trogglodytes; un año en que la música beat necesitaba un punto de inteligencia, así como olvidarse de los tics del género… Pero allí estaban estos cuatro tipos… estos trogloditas.

Reg Ball (que después cambiaría el apellido) tocaba el bajo, Ronnie Bond tocaba la batería, Tony Mansfield cantaba y tocaba la guitarra, y Dave Wright se ocupaba de la otra guitarra.

Tanto Mansfield como Wright dejaron el grupo después de una corta gira y ambos tuvieron su historia posterior. Por ejemplo, Dave Wright estuvo en The Loot, otra banda local. Aquello no fue problema, todo lo contrario, se convirtió en una jugada maestra. Llegaron dos miembros de otra banda que eran sus rivales: Ten Foot Five, grupo que sacó un single con Fontana en 1965. Chris Britton (guitarra) y Pete Staples (bajo) eran los nuevos prehistóricos.

Después de acortar su nombre a Troggs ya que todos sus fans les llamaban así, apareció el típico personaje de la farándula londinense: Larry Page, quien se convirtió en su manager, productor, y todo lo demás. Firmaron con CBS y sacaron un single con dos canciones compuestas por Reg Ball (“Lost Girl” y “The Yella In Me”), que fue un completo fracaso. Nadie les hizo el menor caso.

Este fue el momento en que Reg Ball se cambió el apellido al de Presley, vete tú a saber la razón. Pero era algo típico de la época y, además, Ball se había quedado bastante triste con que sus canciones no triunfaran.

La tristeza no duró mucho. Larry Page les dio las buenas noticias de que habían sido fichados por Fontana Records y tenían material de otros compositores para elegir. Así que en una tarde en los estudios oyendo hasta quince demos, los chicos eligieron La Canción. Sí. Esa… “Wild Thing”, cosa salvaje, un tema de un compositor a sueldo para la compañía April-Blackwood con sede en Nueva York. El compositor se llamaba Chip Taylor, autor de clásicos como “Angel of The Morning” que cantara Merilee Rush, entre otros artistas.

En 1966, Taylor había recibido el encargo de escribir material para una banda llamada Jordan Christopher and The Wild Ones. Su productor, Gerry Granahan, que había sido un cantante de cierto éxito en los años 50, llamó a Chip Taylor y le dijo que le escribiese algo diferente… algo único… Los Wild Ones necesitaban un single de éxito, ya que las canciones que componían ellos no convencían a Granahan.

Aquel día, Taylor tenía que grabar la demo de una canción country. La sesión de grabación era a las cinco de la tarde. La conversación con Gerry Granahan fue a la una del mediodía, así que en cuatro horas tenía que escribir un éxito. Algo salvaje. En ese tiempo, Taylor tenía un riff de guitarra y una frase que se repetía en su cabeza mientras iba caminando hacia las oficinas de April-Blackwood: “Wild thing, you make my heart sing…

Ya en el estudio de grabación, Taylor le dijo al ingeniero que empezara a grabar… Repetía aquella frase una y otra vez, era como un coro. De vez en cuando paraba, soltaba el riff de guitarra y decía alguna frase sin sentido que iba apuntando en un papel… entre susurros y gruñidos. Una versión primeriza de la canción duró 6 minutos y, más tarde, Taylor la fue acortando hasta 3 minutos y 48 segundos. Ya incluía el solo de ocarina hecho por el ingeniero de sonido Ron Johnson, simulando que tenía el instrumento de verdad entre las manos. Hay quien dice que lo del solo de ocarina fue realmente una idea posterior del manager troglodita Larry Page.

Al día siguiente, Chip Taylor le envió la demo a Gerry Granahan, sin mucha esperanza de que aquella cosa extraña que le había salido le gustase a nadie.

Los Wild Ones grabaron la canción, pero cambiándola de arriba a abajo, arreglos diferentes, ritmo distinto, incluso le pusieron unas trompetas. Total, que no pasó nada y la canción quedó apartada…

Morales, Javier - Trogglomanía I

 

C O N T I N U A R Á

 

 

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse en ecos-de-sociedad.blogspot.com.es. Es obseso de la música y el cine.

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