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14:51h. Lunes, 20 de Noviembre de 2017

“…más costoso para el mundo es lidiar con los dogmas con los que se conduce el magnate de la oficina oval. Washington, templo de la apatía sobre el cambio climático –y otros tantos temas-, desafía a su suerte no sólo al medio académico y científico, y el papel de la industria capitalista en fenómenos naturales; sino a la naturaleza…”

Houston es la cuarta ciudad más poblada de Estados Unidos y el área más afectada por las catastróficas inundaciones por el paso de Harvey, huracán que más lluvia ha acumulado en la historia reciente del vecino del norte; y que ha provocado poco más de 70 muertes, desaparecidos, evacuados, más de 30,000 damnificados y daños materiales que oscilan entre 51,000 y 75,000 millones de dólares, ubicándose como una de las tormentas más costosas de la historia de Estados Unidos de Norteamérica.

Pero más costoso para el mundo es lidiar con los dogmas con los que se conduce el magnate de la oficina oval. Washington, templo de la apatía sobre el cambio climático –y otros tantos temas-, desafía a su suerte no sólo al medio académico y científico, y el papel de la industria capitalista en fenómenos naturales; sino a la naturaleza. Harvey se abre paso entre la temperatura y niveles elevados de los océanos y los deshielos de los polos. Creer que el cambio climático es un cuento chino, o una creencia religiosa -como lo señaló el Jefe de la Agencia de Protección Ambiental Norteamericana-, es optar por una vía contraria a la cooperación y responsabilidad internacional. Visión que no tuvo, no tiene, y no tendrá el presidente Donald Trump.

No sorprende la actitud omisa del magnate ante las presentes catástrofes, cuando comete el acto vandálico de retirarse de los acuerdos climáticos de París; o cuando, incluso, diez días antes de que el huracán golpeara Texas, firmara una orden ejecutiva que revocara las regulaciones expedidas por Obama en 2015, que hacía que los proyectos de infraestructura financiados por el gobierno federal fueran menos vulnerables a inundaciones. Estas regulaciones, conocidas como el Plan Federal de Administración de Riesgos de Inundaciones, buscaba proteger vidas al obligar que avenidas y autopistas, así como edificios, se construyeran en terrenos más seguros. Aun cuando el senado de Estados Unidos aprobara este jueves una ley que ayuda a las víctimas del huracán, y aumenta el tope de la deuda del gobierno y el financiamiento del Estado federal hasta diciembre, el daño está hecho y los efectos seguirán, sin distinguir dogmas.

Las consecuencias van más allá incluso de tomar a la naturaleza como un instrumento de producción capitalista del que hay que sustraer insumos sin cuidar su reproducción sustentable. Houston es la tercera ciudad del país con el mayor número de mexicanos; mientras familias se abren paso por entre el agua, autoridades saben bien quiénes van a reconstruir las casas, las autopistas y las empresas: manos inmigrantes. Conociendo esta solución al problema de la reconstrucción, les es fácil, aun así, cancelar los mayores acuerdos protagonizados por hispanos como el DACA.

Dos tareas nos tocan a la comunidad internacional, estando más comprometidos nosotros, los mexicanos, en este asunto. Dejar de tomar el tema del cambio climático como una moda, como algo sorpresivo donde todos los fenómenos los etiquetamos de “atípicos”, “impredecibles”, “fortuitos”, cuando bien sabemos las causas. Tomar conciencia, ante una postura de estupidez de una autoridad federal, de que es momento de impulsarnos como ambientalistas. Le debemos esto a México, le debemos esto al planeta. No debemos dejarle la cuenta abierta a Donald Trump, no sólo es él quien pagará el precio.

Un huracán azotó al mundo antes que Harvey: el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Si algo tienen en común Harvey y Trump, es el daño que le han hecho a la comunidad norteamericana –y a la no norteamericana-; y que ambos son productos del desmedido sistema capitalista de producción al que nadie se le pone de frente. Algo no hemos entendido: las catástrofes naturales son resultado de nuestra catástrofe humana.