La pauperización del poder adquisitivo en México • Alejandro Gómez Tamez

"Esta disminución de la participación del empleo formal es un indicador más de la precarización..."
La pauperización del poder adquisitivo en México • Alejandro Gómez Tamez


Afortunadamente para nuestro país, los niveles generales de ocupación laboral se han recuperado e inclusive superado los niveles prepandemia. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, la población ocupada total (formal e informal) pasó de 54.848 millones de personas en el tercer trimestre de 2019 a 55.836 millones en el mismo trimestre de 2021, lo que representa un incremento de 987 mil personas más con una ocupación, equivalente a un aumento de 1.8%.  Desde luego que el rezago en materia laboral se mantiene, ya que un crecimiento de 1.8% en dos años es muy bajo para los estándares de México, pero el punto es que ya hay más gente trabajando ahora que antes de la pandemia.

Así pues, si bien el dato de la ocupación es positivo, se debe destacar que en el mismo periodo disminuyó la participación del empleo registrado en el IMSS respecto del total de ocupados. En el promedio del tercer trimestre de 2019 había 20.458 millones de trabajadores registrados en el IMSS, lo que representaba el 37.3% de la población ocupada total; mientras que en el tercer trimestre de 2021 el número de trabajadores asegurados fue de 20.435 millones, lo que representa el 36.6% de la población ocupada total. Esta disminución de la participación del empleo formal es un indicador más de la precarización del empleo en el país.

En este contexto, en esta entrega analizamos cómo evolucionó el nivel de ingresos de la población ocupada en el periodo del tercer trimestre de 2019 al mimo trimestre de 2021, para lo cual utilizamos los datos más recientes disponibles por parte de la ENOE de INEGI.

Como se señaló líneas arriba, la ENOE reporta que la población ocupada creció 1.8% en el periodo mencionado. Y pues derivado de los importantes ajustes al salario mínimo general pagado en el país, es que entre el tercer trimestre de 2019 y el mismo trimestre de 2021, el número de ocupados que están en los rangos de ingresos más bajos crecieron, mientras que los que están en los rangos de ingresos más altos disminuyeron. Es decir, el salario mínimo subió 38.0% entre el 2019 y el 2021, pero los ingresos de quienes ganan más de un salario mínimo no necesariamente crecieron en la misma proporción. Concretamente, los datos de la ENOE indican que el número de ocupados que ganan menos de un salario mínimo (sm) creció 27.8%, los que perciben de 1 a 2 sm aumentaron 12.9%, los que tienen ingresos de 2 a 3 sm disminuyeron 26.4%, los que ganan de 3 a 5 sm cayeron 23.2%, mientras que los que ganan más de 5 sm decrecieron 28.6%. Finalmente, la población ocupada que no recibe ingresos disminuyó 2.3 por ciento.

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Estos ajustes en la distribución de la población ocupada por nivel de ingreso carecen  de mucho sentido (son difíciles de interpretar), si no lo traducimos en lo que implica para el poder de compra de la propia población ocupada. Es así que con los ajustes en la distribución relativa de la población ocupada, el promedio de ingresos pasó de 1.97 salarios mínimos al día en el tercer trimestre de 2019 a sólo 1.50 sm por día en el tercer trimestre de 2021.   Al tomar en consideración que el salario mínimo pasó de 102.68 pesos diarios en 2019 a 141.70 pesos por día en 2021, es que concluimos que el ingreso promedio diario de la población ocupada pasó de 201.94 pesos en el tercer trimestre de 2019 a 212.65 pesos diarios en el tercer trimestre de 2021, lo que representa un aumento nominal de apenas 5.3% en el periodo, tasa por debajo de la inflación del periodo. Estos datos confirman lo que han arrojado otros análisis en el sentido de que el saldo de la crisis económica ocasionada por las medidas que se tomaron por el Covid-19 ha ocasionado un empobrecimiento de la persona ocupada promedio.

Ahora, si tomamos en consideración  que en el periodo de referencia la población ocupada creció 1.8%, entonces se concluye que la masa salarial debió haber aumentado 7.2% en términos nominales al pasar de 11.076 miles de millones de pesos diarios en el tercer trimestre de 2019 a 11.873 miles de millones de pesos al día en el mismo trimestre de 2021.

Como ya se mencionó, el problema con este incremento es que en el periodo de referencia, la inflación general de precios al consumidor fue de 9.9%, por lo que el nivel de ingresos promedio diario de la población ocupada tuvo un retroceso en los últimos dos años de -4.2%; pero al considerar que la población ocupada aumentó 1.8% en el periodo del tercer trimestre de 2019 al mismo trimestre de 2021, entonces se concluye que la base salarial disminuyó 2.5% en términos reales. Esto significa que lo que percibe la totalidad de personas ocupadas en el tercer trimestre de 2021, alcanza para comprar 2.5% menos cosas de lo que se podía adquirir en el tercer trimestre de 2019.

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La estimación de un retroceso de -2.5% en términos reales en la masa salarial, coincide con la caída del índice de ingresos de los establecimientos comerciales al menudeo (base 2013 = 100). Sucede que este indicador tenía un valor de 114.2 unidades en el tercer trimestre de 2019, cayó a 102.9 puntos en el mismo trimestre de 2020, y subió a 110.8 puntos en el tercer trimestre de 2021. Esto implica que los ingresos de los establecimientos comerciales al menudeo se encuentran 3.0% abajo del nivel que tenían en 2019. Queda claro pues que la debilidad del comercio se explica por la caída en términos reales de los ingresos promedio de la población, no obstante que ahora hay más gente trabajando que antes y lo mucho que ha aumentado el salario mínimo. De igual forma, no podemos dejar de mencionar que en 2021 las familias mexicanas recibieron 51,594 millones de dólares de remesas, y con todo y este monto que representa el 4.0% del PIB, el consumo no se ha podido recuperar plenamente.

¿Qué se puede hacer para mejorar los niveles de ingresos de la población ocupada? Desde este espacio hemos mencionado que los ingresos de las personas no se pueden aumentar por decreto, ya que eso provoca que haya más informalidad laboral y una medida así ocasiona inflación. La clave es el aumento de la productividad laboral, sólo creciendo la productividad las personas generan más ingresos a su centro de trabajo y eso permite pagar mejores sueldos. Como ya lo hemos señalado, el gran problema es que la inversión fija bruta actualmente está 14.5% por debajo del nivel de 2018, por lo que los incrementos en productividad difícilmente se están dando. Eso nos condena a seguir con una economía débil, sin fortaleza en el mercado interno, y muy dependiente del sector exportador. Es así que se vuelve indispensable un cambio en la política económica y la implementación de una política industrial que ponga verdaderamente en el centro de la discusión el aumento de la productividad laboral.

Director General GAEAP*

alejandro@gaeap.com

En Twitter: @alejandrogomezt

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