Protocolos de atención a menores en situación de guerra; caso de Ruanda

Protocolos de atención a menores en situación de guerra; caso de Ruanda

Compartimos los resultados de un estudio documental realizado a principio de año para el Institut Barcelona d´Estudis Internacionals, en torno a la reintegración de los niños utilizados con fines militares en África.

Inicialmente se confirmó la participación de niños soldados (hutus y tutsis) en el conflicto armado de Ruanda; todos participaron activamente en menor o mayor medida en asesinatos y ejecuciones sumarias, llevadas a cabo principalmente en 1994.

Al concluir la guerra el número de niños soldados en Ruanda no se cuantificó oficialmente, pero estimaciones realizadas por Burkhalter Holly, del World Policy Journal, establecieron una cifra de 4,800. Sus edades iban desde los cinco a los 17 años. Al terminar la guerra el total de personas a desmovilizar fue de 48,000, de los que alrededor del 10 % eran menores.

Cuando finalizó el genocidio en Ruanda, no había protocolos que señalaran la forma en cómo tenían que ser reintegrados y rehabilitados los niños/adolescentes a un contexto familiar y social. Por ello, cada una de las instancias privadas y gubernamentales aplicó sus programas de manera dispersa. Esto significó que algunas instancias dieran mayor énfasis a la educación; otros consideraron más significativo capacitarlos para algún oficio, pero la mayor parte no ejecutaba acciones transversales.

En ese mismo año, y debido a la necesidad latente en la materia, UNICEF dio a conocer los Principios de Paris y el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño, en el que se establece la forma de proteger los derechos de los niños y, de manera incipiente, algunas acciones de reintegración y rehabilitación.

A continuación se presenta un compendio de acciones aplicadas por las distintas instancias[1] que se ocuparon en atender a los menores.

En materia de reintegración contemplaron las siguientes acciones:

Familia. Acercamiento para que fueran aceptados nuevamente en el entorno.

Vínculo con la comunidad. Acercamiento para admitir de nuevo al niño/adolescente en su contexto social.

Educación. Iniciación o continuación de sus estudios.

Formación para el trabajo. Capacitación para desarrollar algún oficio que fuese remunerado en corto plazo.

Deporte. Facilitar la práctica de un deporte e interactuar con otros jóvenes.

En materia de rehabilitación se ejecutaron las siguientes actividades:

Servicio médico. Otorgar el servicio para los menores que padezcan alguna enfermedad.

Servicio psicológico. Uno de los aspectos más importantes para su rehabilitación, debido a los acontecimientos de violencia al que han sido expuestos.

Servicios religiosos. Para la fortaleza espiritual del menor.

Observamos que el genocidio ocurrido en Ruanda fragmentó la vida social de un sinnúmero de comunidades, por lo que fue necesario establecer programas de acción tendientes a rehabilitar y reintegrar a los niños a la sociedad y a sus familias.

En su momento, los organismos locales e internacionales abocados en atender a grupos en situación de riesgo, no contaron con los programas adecuados para atender a la población vulnerable, en cuanto a preservar su salud física y mental.

Las acciones estaban desarticuladas y carecían de una secuencia integradora, que los llevara a una efectiva rehabilitación personal y reintegración social.

A partir de lo anterior se estableció la necesidad de anticiparse a situaciones de riesgo y, sobre todo, saber qué programas implementar en caso de contingencia, como guerra o violencia que afecte a menores.

Consideramos que prever situaciones de riesgo es fundamental; es necesario saber cómo operar ante acontecimientos adversos. Las políticas y programas articulados son la solución a muchos problemas. Debemos aprender de experiencias internacionales y aplicar lo que corresponde a los problemas regionales.

 

[1] Centro de Reinserción de Gitagata, Centro Rwamagana, la Fundación Rafiki, el Centro de Reinserción de los Niños de la Calle, el Aegis Trust, Cáritas, Save the Children en Rwanda y la Asociación de Dufatanye z'Abana Inshuti

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