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03:27h. Martes, 26 de Marzo de 2019

"El problema de fondo en política es que no se puede dar gusto a toda la sociedad, y si partimos de esa realidad constatada, entonces nos queda como acción social viable y sobre todo pacifica, la tarea de construir  las condiciones y las prácticas sociales para el diálogo político.."


“Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad”.

                                                                                                          Blaise Pascal

“Este mundo, eternamente imperfecto, imagen, e imagen imperfecta, de una contradicción eterna”.

                                                                                                          Friedrich Nietzsche

“Cabe tanto mal en el espíritu humano, que cabe esta contradicción: la envidia y el desprecio”.

                                                                                                          Leopoldo Alas

En estos días que corren a toda prisa, entre filas para adquirir gasolina y el resto de las trampas que nos brinda de la cotidianeidad hecha mercado y en donde vale más ser clientes que ciudadanos, nace la urgente y necesaria pausa para pensar lo que vamos interpretando y percibiendo de la vida misma, en un contexto de parafernalia social, política, cultural y económica que satura los sentidos, hasta llegar a ser parte de un performance mediático, que hace que las pantallas se conviertan en el cristal blindado desde donde se  lanzan consignas, preguntas, reflexiones y versiones sobre la realidad, que juegan a subirse a toda costa y con cualquier pretexto a la ola de los likes, de los trend topic y de los retwuitts.

También en estos días en donde las decisiones políticas -entre planeadas y ocurrencias- son motivo y pretexto para el análisis de todo tipo, que pasan entre los de botepronto, -literalmente reactivos- a otros más reflexivos y algunos  más –muy pocos- analíticos y profundos en su argumentación que generan un espacio en las redes sociales para preguntar, para invitar y provocar la reflexión colectiva, social y política.

Sin embargo, ante estas convocatorias necesarias para intentar entender y buscar comprender lo que va pasando en el país, en el estado o en el municipio, se observa que una buena parte de las respuestas que se producen -respetables en todo caso- están cargadas exclusivamente de adjetivos y juicios de valor que descalifican, calumniar, degradan e insultan a quienes se animan a invitarnos al diálogo y a la reflexión.

Esa andanada de expresiones –como respuestas-, se da en el escenario de una polarización creada y fomentada por  intereses de elites de poder fáctico, así como de los diversos sectores sociales y económicos. Estas reacciones muestran la importancia de la formación ciudadana de contar con una cultura política, sólida y sustentada, con memoria social e histórica, para poder llevar a cabo el diálogo, la conversación, el intercambio de ideas, la escucha empática, para la producción critica de argumentos, que den opciones, que a su vez creen escenarios nuevos y estrategias para la construcción social de acuerdos y consensos para intentar atender los múltiples y complejos problemas que tiene el país.

Tanto las descalificaciones como los entusiasmos cargados de un peculiar enardecimiento no solo dividen, polarizan y estereotipan, sino que cancelan de principio la escucha, la lectura, el diálogo y obcecan la razón, nulifican los argumentos sin más y se construyen parapetos, fincados en ideas fijas, por demás dogmáticas, cargas de una irracionalidad animada por las creencias, muchas veces alejadas de la realidad, o al menos sin dar cabida a la pluralidad de actores y visiones que se tiene de la realidad.

El problema de fondo en política es que no se puede dar gusto a toda la sociedad, y si partimos de esa realidad constatada, entonces nos queda como acción social viable y sobre todo pacifica, la tarea de construir  las condiciones y las prácticas sociales para el diálogo político, para el debate de las diferencias, para la polémica ante las acciones del gobierno, partiendo de  la contradicción inherente que implica en esencia la política por sí misma. La política debería ser un asunto de interés público, para todos y todas, lo escribió Zygmunt Bauman.

El margen de acción de los partidos políticos y de los gobiernos en el mundo es por demás reducido. Las prácticas económicas imperantes que se expresan con la globalización de la economía, dejan en claro  que lo sucede en los países, depende más de las formas en que los consorcios  internacionales, los holdings empresariales y las instituciones financieras mundiales ejercen sus políticas y desarrollan sus estrategias en favor de sus intereses económicos exclusivamente, más que de los gobiernos nacionales y locales, en donde por ejemplo, la soberanía nacional de cualquier país es una mera idealización.

Transitar por la ambivalencia social y política es revisar, pensar, analizar y comprender las contradicciones sociales, políticas, culturales y económicas. Esa es la urgente tarea que tendríamos que asumir como sociedad para desarrollar una cultura política, sólida en su argumentación y creativa en sus propuestas, camino que pasa también por revisar nuestros imaginarios idealizados acerca del poder, de romper la referencia ingenua de creer que el poder es esta concentrado en una sola persona.

Ante lo que sucede en país, el diálogo lo tenemos que hacer pronto, dando valor a la democracia, si es que queremos tener y estar viviendo en un país libre, pero sobretodo humano, en donde la dignidad de las y los mexicanos junto con el respeto y vigencia de los Derechos Humanos sea la base para la justicia social y para el desarrollo pleno de las personas, esto, como referente mínimo de calidad de la democracia, con ello exigir contar con gobernantes comprometidos con el mandato constitucional, responsables, profesionales y honestos.