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03:43h. Sábado, 18 de Agosto de 2018

Gratitud y aprecio para quienes han estado cerca en estos días. Un abrazo fraterno


Las sociedades y sus expresiones culturales a través del tiempo han establecido patrones, creencias y mitos asociados al devenir de las mismas sociedades. Las formas de registrar los sucesos, la forma de contar el tiempo, las maneras de entender los cambios en la naturaleza, junto las representaciones y explicaciones para comprender los cambios sociales nos han llevado a construir narrativas que dan la idea de ciclos, de etapas, de revoluciones y de procesos que se renuevan como espirales ascendentes.

Hemos construido una noción de desarrollo civilizatorio en el tiempo y lo hemos asociado a un concepto especialmente complejo: “Progreso”.

La historia la humanidad nos ha permitido observar los grandes cambios que han permitido que en poco más de 10,000 años llegar a un punto de mostrar las capacidades humanas, en especial la inteligencia y todos sus logros hasta ahora, pero también ha creado un sistema de creencias, de ideologías y de discursos políticos que han arropado lo peor de la condición humana: barbarie, genocidio, xenofobia, exterminio, destierro, explotación, esclavitud, entre otras más.

Desde finales del siglo pasado y lo que va del nuevo milenio se van documentando los grandes dilemas que el llamado “progreso” conlleva. Se sabe por ejemplo que si todos los países crecieran económicamente al 3% del producto interno bruto, los recursos naturales del planeta se agotarían en menos de 50 años. Se ha documentado que estamos consumiendo/demandando en 7 meses lo que el planeta puede recuperar en 12 meses. No estamos dando tiempo a que los ecosistemas se puedan sostener.

El tema de la conciencia ambiental ha ido en incremento a escala mundial, los llamados por preservar y cuidar el medioambiente son permanentes, las acciones para atender los problemas del cambio climático están como parte de una agenda global. En algunos países y en algunas ciudades ya se establecen políticas públicas para eliminar el uso de bolsas de plástico, el uso de popotes, o para impulsar y promover el uso de energías renovables e iniciativas para evitar que las tiendas de ropa tiren a la basura lo que  no venden después de cada temporada. Sin embargo el problema permanece, porque en el fondo no se pone en revisión el modelo de desarrollo y no se pone en discusión que es lo que debe significar “progreso” para los pueblos, para las comunidades, para las naciones.

 

Los datos demográficos muestran el crecimiento exponencial de los habitantes del planeta, pronto llegaremos a ser 10 mil millones de personas. Estamos observando cambios en las pirámides de edades en las naciones desarrolladas: disminución de la natalidad, envejecimiento. Estamos observando en muchos países el abandono del campo, de las zonas rurales, como proyecto de vida, con fenómenos de movilidad humana inéditos por su magnitud, en contextos de guerra, sequía, hambre, pobreza y violencia.

El hecho es que en aras de avanzar, de progresar, a partir de un modelo mercantil centrado en el consumo, y por tanto en la ganancia, que se sostiene una  construcción social del bienestar y éxito –progreso- relacionado con el tener, pareciera que la meta es cada vez más individuos tengan un auto, una pantalla, una tablet, una computadora o tener más ropa de marca, plumas finas, corbatas, perfumes, lentes de sol, entre otras muchas cosas por qué trabajar para consumir.

La idea de “progreso” debería estar centrada en la mejora en las condiciones de vida de los seres humanos: educación, salud, vivienda, agua potable, en la recreación, en la cultura, entre otros elementos que están a asociados al bienestar colectivo y es ahí donde se tendría que discutir que implica el progreso.

La dinámica de la economía neoliberal ha dado por resultado en las últimas décadas un proceso acelerado de concentración de la riqueza, en algunos países se han podido mantener franjas de consumo medio y alto, pero en la mayoría de las naciones, esta concentración de la riqueza ha generado mayores niveles pobreza, precariedad y exclusión social. Economías estables que se presentan con indicadores macroeconómicos positivos, pero con condiciones de vida deplorables, con modelos laborales que van más allá de la explotación, salarios precarios y con políticas sociales que arrebatan los derechos logrados de protección y seguridad social.

Se habla del inicio de la Cuarta Transformación Nacional, el proyecto de nación que se pueda perfilar será el eje de las posibilidades de futuro del país. En esta semana Andrés Manuel López Obrador será declarado presidente electo y el punto nodal será si él y su equipo, serán capaces de revisar de fondo el modelo económico, de pensar social y colectivamente qué se va entender por desarrollo y si se están dispuestos a repensar lo que significa y deberá significar el “progreso” para el país, en el contexto global, dentro de un capitalismo sin escrúpulos y de un mercado mercenario, que lo único que le importa son sus beneficios y sus ganancias a costa de los recursos naturales y de la calidad de vida de las personas.