Jueves. 20.02.2020
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Arturo Mora Alva
07:24
06/01/20

El poder como absurdo

“El absurdo del poder se parece al teatro del absurdo, pero como ciudadanía nos toca analizar e interpretar el actuar del gobierno…”

El poder como absurdo

Teatro del absurdo: una obra sin explicación lógica y sin sentido. Se resalta la incongruencia entre el pensamiento y los hechos […], así como la incoherencia entre las ideologías y los actos. Los personajes tienen un gran obstáculo para expresarse y comunicarse entre ellos mismos constantemente. […]Toca temas muy importantes, relacionados, por ejemplo, con cuán susceptible se encontraba la civilización después de un gran conflicto bélico como lo fue la Segunda Guerra Mundial. […]Lo interesante del teatro del absurdo es que no da las respuestas que esperamos, o las que creemos que vamos a esperar, sino que nos deja a nosotros la interpretación y el análisis de cada una de sus obras.
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Toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara o instaura el fascismo.
Albert Camus

 

 

Volvemos a lo mismo. La guerra como absurdo y como pretexto para instalar posiciones geopolíticas y de fuerza. La economía de guerra se impone como solución ante la desaceleración y recesión de la economía a nivel global.

La acción unilateral de Donald Trump para atacar a Irán y asesinar a general Qasem Soleimani, comandante de la fuerza élite Quds de la Guardia Revolucionaria, da por hecho la escalada de amenazas, agresiones y muerte, a la par de una creciente tensión regional en Medio Oriente, junto con las reacciones de las potencias militares y económicas. Trump está en campaña electoral y a su vez en un juicio político.

El ataque a Irán y lo que se desata con ello, se inscribe en una estrategia electoral del ególatra de Trump. Sin embargo, en 70 ciudades de los Estados Unidos de América se han realizado acciones y marchas de protesta ante el escenario de una nueva guerra, de las muchas que están en la trágica y deshumanizada historia del imperio yanqui. En el fondo, ésta nueva acción militar busca crear confusión desde los argumentos usados para validar la agresión, encubrir la estrategia por el control del petróleo en la zona y distraer a los votantes norteamericanos ante la posible destitución de Trump como presidente, ante el juicio político que se avecina.

El mundo está sumergido en una serie de conflictos bélicos con diferentes escalas, niveles y motivos. Desde conflictos territoriales, por fronteras y por recursos naturales, pasando por diversas crisis de poder en gobiernos locales, así como por luchas democráticas y procesos revolucionarios. Una cosa es clara: la venta de armas es el negocio, y la guerra es una industria en cascada que activa a miles de empresas, donde se juegan cifras multimillonarias, tanto en pérdidas como en ganancias.

El absurdo de la guerra es que en aras del bien se busca eliminar al otro, al enemigo, sin entender que en la guerra todos pierden. El uso de la fuerza, sin respetar el marco jurídico internacional y las mínimas normas que se han podido acordar desde el campo de la diplomacia —de la política- para intentar resolver las diferencias y los conflictos en sí mismos, es una muestra de que la barbarie y la irracionalidad se cotizan muy alto cuando se trata de hacer negocios. La industria de la guerra, al activarse por conflictos como el de ahora con Irán, moviliza a soldados, buques, armas, tanques, cohetes, aviones, satélites, sistemas de información y de espionaje, y eso implica una operar toda una logística, y eso cuesta: alguien vende, alguien compra.

El anuncio del gobierno de Irán de que habrá represalias contra Estados Unidos se usa como pretexto para alentar la guerra, y bajo el pretexto de la seguridad nacional se da pauta para cerrar aún más la frontera de los Estados Unidos con México, y con ello continuar la estrategia de obligar a México a fungir como un “tercer país seguro”. A su vez se crea un ambiente de miedo en los votantes norteamericanos, como estrategia política, y con ello justificar el maltrato y vulnerar sistemáticamente los derechos humanos de migrantes, bajo el pretexto de la seguridad nacional.

El poder como absurdo opera en todos los niveles y latitudes. El poder político, aun con el respaldo de sistemas electorales democráticos, no deja de moverse en el absurdo. No sólo es un asunto de congruencia, de racionalidad, de costo-beneficio, sino de sentido común, de memoria histórica y social y de la carencia de un aprendizaje civilizatorio. Muerte genera más muerte. Los daños de largo plazo que se producen a partir la guerra son profundos y no se quedan como simples recuerdos. El dolor, la impotencia, el desasosiego, el miedo, el rencor, el resentimiento y el odio, se configuran como un todo social y se reproducen con más dolor y muerte. La guerra contra el narcotráfico en México así lo demuestra.

En Guanajuato el nivel de violencia y muerte presenta cifras comparables con regiones en guerra, y en algunos casos ya los supera, tristemente. El absurdo del poder es que teniendo las posibilidades de actuar, corregir, intervenir, acordar, coordinar esfuerzos, usar la inteligencia, integrar programas sociales y hacer lo necesario para la promoción de estrategias de prevención de la violencia y del delito, en su lugar se prefiera activar la economía del estado usando el miedo y la inseguridad, utilizando una estrategia de guerra y no desplegando y desarrollando una estrategia desde y para la seguridad humana.

En 2020 en Guanajuato habrá más presupuesto público para la “seguridad”: esto se anuncia como un logro del gobierno y del Congreso local, con lo que habrá más patrullas, más policías, más armas, más chalecos blindados, más seguros de vida para policías, más salarios, más instalaciones y más tecnología –cámaras, botones de alerta, sistemas de información-, entre otros muchos negocios que se activan dentro de una economía de guerra. El absurdo del poder se parece al teatro del absurdo, pero como ciudadanía nos toca analizar e interpretar el actuar del gobierno, sus logros y resultados, pero sobre todo nos toca, al menos, alzar la voz para que no se gobierne desde una economía de guerra estatal para resolver el serio y doloroso problema de inseguridad en el estado.

 

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