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01:05h. Viernes, 15 de Diciembre de 2017

“El PRI no quiere volver a perder el poder, y ahora quiere configurar y perfilar al sucesor de Peña Nieto con un personaje de ficción, que no milita en el priismo…”


Ficción:
1. Cosa, hecho o suceso fingido o inventado, que es producto de la imaginación. "Criaturas de ficción."
2. Conjunto formado por los acontecimientos y los personajes que forman parte del mundo imaginario. "Dicen que la realidad siempre supera la ficción."

La realidad queda desbordada ante la imaginación e ingenuidad de algunos actores políticos en México. En el México real, el cotidiano, en el que viven millones de personas que buscan cada día sobrevivir y encontrar sentido o respuesta a sus necesidades y problemas, la ficción se convierte en el bálsamo inmediato en el cual se refugian millones de personas. Los relatos de ficción emergen de la cultura y de las prácticas sociales que vamos creando e integrando en nuestro imaginario colectivo. 
Muchas de las aflicciones humanas buscan respuestas en las creencias religiosas o en la esperanza idealizada del futuro, del progreso, de la buena suerte, o se anclan en un optimismo ingenuo que les inyecta fuerza y energía, para sortear la realidad que se vive, con el buen ánimo y con la esperanza del espectador que cree en todo lo que se muestra en la televisión, desde los productos y aparatos “milagro”, hasta lo bueno que promueve el gobierno en los spots que se repiten durante muchos días. 
Los acontecimientos que se nos presentan en estos tiempos se pueden reunir como  un catálogo contemporáneo de seres míticos y de historias de hadas. Los dinosaurios, los del priismo y hasta los ficticios, como el de la película de Godzilla, que recientemente se filmó en la CDMX. La ficción es parte de la vida cotidiana en la que creamos y recreamos historias inverosímiles en aras de la libertad, de la justicia, de la vida, de la paz. No es casualidad que los cines se abarroten con “Coco” o con la “Liga de la Justicia”: salirnos de la realidad un momento es parte la capacidad humana para distraernos, para descansar de lo real, de esa realidad cruda vil e inmisericorde.
Pero una cosa es constatar en muchas de las producciones artísticas la inteligencia y la creatividad que tenemos como seres humanos, y otra es querer llevar la ficción como sinónimo de la realidad a las esferas de la vida política y económica de un país. El destape de José Antonio Meade Kuribreña como aspirante a la presidencia de la República, es un ejemplo de la forma en que el poder mira a la sociedad, al pueblo, a sus ciudadanos y ciudadanas. El PRI no quiere volver a perder el poder, y ahora quiere configurar y perfilar al sucesor de Peña Nieto con un personaje de ficción, que no milita en el priismo, que fue secretario de Estado en el gobierno de Felipe Calderón –en dos dependencias federales con el PAN y en tres con el PRI con Peña Nieto, y que ahora desde el marketing político se promoverá como la mejor opción para el país.
A “Pepe Toño” ya le quitaron la corbata y el traje, ya buscó ayuda de su esposa y del líder nacional del partido para escribir sus discursos, pero como se dice popularmente, no puede negar la cruz de su parroquia. Lo expresado por él en sus entrevistas y declaraciones recientes -y anteriores-, a partir del momento en que fue ungido como el sucesor ideal del actual régimen, demuestra que su mirada de lo que sucede en el país es de un tecnócrata, es decir, tiene un discurso que suena artificial: no es capaz de hablar de la pobreza, de los pobres, y la mayoría de sus respuestas y comentarios son acartonados, huecos, fríos. 
Juan Villoro escribió hace un par de días: “Si Peña Nieto habla como quien lee en teleprompter, Meade habla como si leyera una página Excel. Lo extraño es que no aspira a gobernar el Banco de México, sino a gobernar México como un banco”. Un personaje ficticio que se irá recreando entre el photoshop y la publicidad, con videos editados por Televisa y TV Azteca, y con un guion que será escrito desde “Los Pinos” y con la autorización de quienes ocupan las oficinas de los grandes corporativos nacionales e internacionales, y cuyos productores buscaran que “Pepe” sea “pueblo” -aunque sea por un ratito-, y también lo rodearan de un elenco que se encargará de vitorearlo, de llenarlo de halagos y reverencias para garantizar que no hablará mal del PRI, ni de Peña Nieto, ni de sus colegas secretarios, ni los conflictos de intereses que tiene después de despachar en cinco secretarías de Estado. 
Una cosa que se le olvida al renacido PRI, es que las personas -la sociedad- saben distinguir entre la realidad y la ficción. Las promesas falsas e ilusiones  ya no bastan para conservar el poder y en el fondo y en la forma, el neoliberalismo es ficción. Basta con observar los saldos sociales, la injusticia social, la pobreza, la corrupción, la impunidad, junto con la complicidad y la omisión, que al parecer son el sello propio y real de un José Antonio Mead con camisa blanca y chamarra, que sólo puede  mirar a México desde las alturas. Eso también es ficción.