Las horas y las palabras • Arturo Mora

“Dar sentido a lo que se vive requiere de muchas horas y muchas palabras…”

Las horas y las palabras • Arturo Mora

Cada vez iré sintiendo menos y recordando más.
Julio Cortázar

¿Cómo expresar de la mejor manera lo que se siente y lo que se piensa? No hay receta, ni manual ni instructivo. Todo queda en dejar que las palabras con mucha audacia y cierto desparpajo se vayan escribiendo, un dictado de un diálogo interior, que oscila entre lo vivido y lo deseado, entre lo que se siente en el pecho y lo que la mente busca decir de la mejor forma posible. Queda claro que son apenas dibujos con contornos inexactos que las palabras trazan como intentando detener el tiempo, queriendo que las horas y las ideas pasen con paso firme y silencioso, intentando ingenuamente evitar ruido de las hojas del otoño que crujen caprichosas bajo nuestro peso y bajo nuestra propia historia.

En estos días la vida muestra que todo es inédito y que la sorpresa nos atrapa. Las noticias nos llenan de falsas ideas y supuestos, de sospecha y de pesadumbre, pero también de aire fresco, de posibilidades infinitas y de convocatorias que llaman la atención para revisar y pensar lo que se escucha, lo que se ve, lo que se percibe, y la par está la misma realidad, que nos hacen sentir que estamos vivos, aun entre el dolor y la desesperanza, entre la alegría y el porvenir por demás incierto.

Un eclipse de luna, que duró horas, hizo que el tiempo se midiera con sombras y colores rojizos de una luna magnifica. Horas de un panel en las que se comparten visiones, saberes y propuestas que compartidas crean una atmosfera de futuro lleno de anhelos y posibilidades para imaginar y construir nuevas respuestas a nuevas preguntas ante una realidad dura, cruel, muchas veces sin sentido y otras veces absurda.

Horas en que el corazón y el alma se colapsan. Las palabras se abren paso para narrar las pérdidas de los seres que amamos, los descalabros de la ilusión y el querer, las rupturas amorosas inevitables -esperadas e inesperadas-. Los insomnios y las ensoñaciones, las pesadillas que duran horas y los sueños mágicos y fugaces que se escapan a las palabras para describirlos.

Palabras y horas contadas como un murmullo de un manantial de agua cristalina que se oye a lo lejos y nos habla de lo que somos, de lo que vamos siendo y estando en el mundo que nos ha tocado vivir. Maneras y formas que la sensibilidad toma de eso que llamamos alma y que permite buscar y encontrar -a veces- el modo de expresar eso que se evoca, eso que se convoca y eso que provoca, y con ello disfrutar del amanecer, el sentir el olor y el sabor del café recién hecho, del ocaso que se viste de luces rojas, naranjas y marrones, de un cielo limpio, azul, y también de las rebeldes nubes que inventan historias, igual que las estrellas y galaxias que juegan con la mirada. Tiempo y narrativa propia, que hace tener la necesidad de asir los colores de la vida con pinceles para pintar eso que sólo se nombra sobre un lienzo. Música y canciones que llenan las horas el espacio que habitamos y que junto con la palabra hecha poesía, nos dan un abrazo inesperado y libre que nos saca sonrisas y lágrimas, que aprieta el corazón y que reconforta el alma.

Las horas y las palabras, tejidos y texturas que toma forma en tanto se hacen de pasión y de deseo. Habrá que conversar de la vida, hablar de lo que se calla, nombrar lo que se siente, describir los sueños, contar los secretos que se tiene, dejar de enmudecer ante los hechos, dialogar sobre lo prohibido, hacer preguntas, elaborar respuestas, dejar de matar las horas y las palabras con el silencio, hablar de frente, escribir lo que se siente y lo que se piensa. Dar sentido a lo que se vive requiere de muchas horas y muchas palabras. Las horas y las palabras son nuestras, como lo son el corazón y la inteligencia, que no son otra cosa que la voluntad y la libertad.

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