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03:31h. Martes, 26 de Marzo de 2019

"Así el gobierno -de cualquier nivel- se enfrenta a dos tipos de opciones: confeccionar un nuevo ajuar, o simplemente coser una colcha de cuadritos con retazos de ropa a los que todavía se les puede sacar provecho..."


La penosa dificultad del dilema residía en la incapacidad de crecer, enfrentarse y compararse.
-Ikram AntakiEl pueblo que no quería crecer

 

Como la madeja en el costurero de las abuelas, la complejidad de la realidad de un país asemeja a las hebras de hilos de colores de un ovillo que condensa entre nudos y enredos, con tramos largos y cortos, de hilos que se entrelazan caprichosos.

Así, los desafíos económicos, los retos del desarrollo, las facturas políticas, los rezagos sociales, los olvidos culturales, los negocios del poder, las consecuencias en la ineptitud y la miopía gubernamental de muchos años.

Se forma una madeja  al lado de agujas de todo tipo y tamaño, con alfileres, botones, cierres, broches, tijeras, dedales, carretes de hilos de algodón de colores que juegan a esconder sus puntas como magos improvisados, que se esconden ante la mirada aguda que quien las busca, junto con pequeños trozos de telas, de esas que se guardan por si se necesitan alguna vez y con seguritos incontables, todo esto contenido en el viejo costurero o en la lata de galletas improvisada.

Así el gobierno -de cualquier nivel- se enfrenta a dos tipos de opciones: confeccionar un nuevo ajuar, o simplemente coser una colcha de cuadritos con retazos de ropa a los que todavía se les puede sacar provecho, como madeja literalmente de problemas, de intereses particulares, de estilos de gobernar, de demandas y necesidades sociales, junto con los fracasos de programas y acciones de las políticas sociales, junto con algunos éxitos e iniciativas que abonan a resolver problemas, conflictos y desastres naturales.

En política la forma es fondo, se dice. El discurso y sus formas son mensajes que van más allá de una comunicación institucional, clara y asertiva. Es más lo que no se dice, lo que se encubre, lo que se niega o se esconde. Los esfuerzos por comunicar desde el poder -ya sea el formal o el fáctico-, en la actual sociedad de la información, forman parte de las fuerzas que buscan enredar aún más la madeja política, más que contribuir a deshacer la madeja.

El gobierno federal con su estrategia de comunicación actual, ha logrado imponer una agenda social y política. Marca a su vez, el ritmo del debate y señala el campo al que se quiere llevar la discusión o al menos las reacciones de los actores políticos, incluidos los partidos políticos, que solamente alcanzan a balbucear alguna crítica, si es que se le puede llamar a las opiniones que se expresan.

En Guanajuato la estrategia de comunicación, confirma la falta de experiencia del gobierno, con una curva de aprendizaje muy prolongada por lo que se alcanza a ver y que le facturara en el futuro inmediato una buena parte de la confianza de algunos sectores que todavía lo apoyan. Las prácticas de querer controlar y dirigir la información ”conveniente” para el gobierno, a la vez de crear condiciones para querer “administrar” a todos los medios de comunicación a través de los contratos para la publicidad y promoción gubernamental que han demostrado que son por demás frágiles y poco éticos. El marcar línea, el informar a medias, el negar acceso a la información pública, el callar a funcionarios, el premiar la pleitesía y la incondicionalidad en aras de lealtades difusas es más que un error involuntario.

Se alcanza a observar en el campo de la comunicación gubernamental, que mientras a nivel nuevo gobierno federal se hace eco de las reacciones que provocan algunas decisiones, se rectifica, se ajusta, de hacen cambios, se ofrecen más datos, se ve que se dedican a tomar el pulso a la sociedad y ver registrar las demandas y de tomar en cuenta las reacciones de las audiencias. Aunque falta una oposición política critica, de altura, con argumentos, más allá de algunos analistas políticos en los medios de comunicación que vienen haciendo esa tarea por méritos propios. En Guanajuato el gobierno del estado no quiere escuchar, se hace un vacío sistemático a las opiniones y a las demandas, a las críticas de las y los ciudadanos, de los sectores sociales, de los diferentes actores y sectores sociales.

En Guanajuato se está usando la madeja y el  costurero para confeccionar el “nuevo traje del emperador”, como en el cuento que escribió Hans Christian Andersen en 1837, solo que los hilos únicamente son azules y blancos, no hay lugar para otros colores desde hace ya mucho tiempo y la realidad incluye otros colores aunque no los quieran ver.

Se requiere aceptar que hay otras formas de diseñar el traje, al menos uno a la medida de la realidad de la inseguridad. La ratificación del actual procurador como Fiscal General del estado, es el botón de muestra de que el nuevo traje no lo viste, sino que pone al desnudo a Acción Nacional.

“Imaginemos” como escribió hace una semana Carlos Arce Macías: “Si Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, persiste en entronizar a Carlos Zamarripa Aguirre como fiscal general del estado habrá acabado anticipadamente con su gobierno y con el PAN como primera fuerza estatal”. Si se jalan las hebras de la madeja se llegará a quienes están moviendo los hilos del poder en Guanajuato, imaginemos entonces de qué tamaño son las hebras.