Lila azulado • Arturo Mora Alva

“…encontrar en la belleza de las jacarandas ese abrazo lila azulado, simbólico, que tanto hace falta…”

Lila azulado • Arturo Mora Alva

La sabiduría japonesa dice que precisamente porque nada dura, todo importa. Hay que disfrutarlo y amarlo antes de que desaparezca.
Elsa Punset

Nuestros actos están unidos a nosotros como al fósforo su luz. Nos consumen, es verdad, pero producen nuestro esplendor.
André Gide

Si no tenemos la garantía del mañana por lo menos nos queda el abrazo donde hacemos del presente algo infinito.
Manuel Vargas

Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas, esto significa que vives.
Franz Kafka

Marzo, mes que pinta la vida de lila azulado, tonos de color morado con lo que las jacarandas pintan el cielo y la tierra. Planchas de asfalto, de concreto y de mínimas jardineras que son salpicadas del color de las flores de las jacarandas que sin recato se muestran esplendorosas, seductoras y alegres en días de cielos limpios y de días de vientos rebeldes, en que las frondosas ramas dan la batalla entre sujetarse al ápice que las sostiene o dejarse desprender como ofrenda al viento y a la vida misma.

La capacidad de asombro y la posibilidad de sentir la vida al menos por una mirada que recoge jacarandas en flor, es un breve destello de la vida que ojalá podamos sentir en el pecho como aire fresco, como luz azul, ante la rudeza y crudeza de una ciudad cada vez más gris, más impersonal, llena de automóviles, de camiones de todo tipo y de cada vez más motocicletas que aturden con los ruidos infames el ya ausente silencio, quietud y tranquilidad que ya es imposible en la calles de cualquier ciudad.

La condición humana de existencia es hoy una banalidad fugaz que el capitalismo de mercado ha fracturado, y en el mercado los fragmentos son vendidos en pedazos de un gran rompecabezas, cuyo armado se diluye en la liquidez de las identidades, en las búsquedas de las razones y de las ideas que quieren justificar los indescifrable de las emociones, y en las que el rompecabezas se torna imposible de terminar y pocas veces reconocemos los sentimientos los con cierta precisión, y se dificulta poder ubicar en el corazón y el alma los sentimientos que nos hacen humanos y son, en mucho, lo que nos hace seguir en el camino de la vida.

Las jacarandas traídas desde Japón han inspirado a los poetas, a los pintores y músicos para narrar con notas y armonías, pinceles y lienzos, con palabras y versos, lo que suscita el florecer de estos árboles que seducen la mirada y hacen que vuele en instantes el pensamiento a lugares amorosos, para compartir la experiencia de sentir la magia de su lila azulado. Luz azul, azul luz, que reverbera en las flores de un árbol que se yergue pintando el cielo a contraluz y tapizando las calles ante los pies de andantes que intentan dejar intactos sus dibujos monocromáticos, mandalas caprichosos que nos regalan a los analfabetos de la naturaleza y a los ciegos que por voluntad propia cerramos los ojos ante la belleza de las jacarandas en flor.

Así pasa con la vida cotidiana: se nos presenta como oportunidad para dar valor a la existencia cada día. Los eventos y hechos lo son pese a nosotros y nosotras. Las más de las veces, está claro que no somos inocentes, que no somos ingenuos, hay mucho de nuestra parte en lo que nos sucede, pero hay otras situaciones -las más- en que las condiciones propias de la estructura social, económica y cultural está moldeando las conductas de las personas, se dirige y controla las miradas para ver el mundo y condiciona los pensamientos para tener una explicación siempre ideológica impuesta, con lo que se crean distorsiones en la percepción de la realidad. “Todas las cosas están sujetas a interpretación. Cualquier interpretación que prevalezca en un momento dado es una función del poder y no de la verdad”, escribió Nietzsche.

Kalopsia, palabra en griego que denomina “la ilusión de creer que algo es más lindo de lo que en realidad es”. Las jacarandas comprueban como excepción a la regla que son lindas en toda su realidad. Pocas cosas conjugan la subjetividad de la belleza con lo real como las jacarandas en flor. Poner en su justa dimensión la vida que nos ha tocado vivir, con la complejidad inherente a la existencia personal, nos obliga a conversar, a preguntar, a cuestionar, acordar, dialogar desde la subjetividad de cada quién, para demostrarnos que somos capaces de crear mundos nuevos, justos, hermosos, sanos, solidarios y plenamente humanos, junto con la tenacidad y persistencia de las jacarandas que florean cada año, en las que muestran altivas y encantadoras con el destello de sus flores lila azul que nos recuerdan en este mes de marzo lo maravilloso de estar con vida.

Dos años de pandemia, dos años de ir con la incertidumbre como constante a cuestas. Dos años de mitos, de falacias, de verdades a medias, de medias mentiras, de juegos en la “casa de los espejos”. Dos años de discursos que ofrecieron calma y tranquilidad y de otras narrativas que sembraron miedo, y mucho. Dos años de vivir fuera de la normalidad, dos años de anhelar por una nueva normalidad que aún no sabemos qué es. Dos años de espera y de nuevas respuestas, pero sobre todo, de nuevas oportunidades para la vida. Dos años de despedidas, muchas de ellas sin rituales. Dos años de nuevos arreglos familiares, muchos de ellos pasados por las violencias que afloraron en el confinamiento y que han dejado saldos de angustia, soledad, depresión y ansiedad. Dos años de los huérfanos de la pandemia. Dos años que se montaron sobre una realidad social profundamente injusta y desigual. Dos años perdidos en la educación de millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes que alteraron sus prácticas y dinámicas sociales de aprendizaje y otros tantos más abandonaron las escuelas, colegios y universidades. Dos años en que los hombres y mujeres más ricos del mundo acrecentaron como nunca sus ganancias.

Dos años en que quedó en claro que no hay respuestas únicas ni soluciones fáciles, pero que dejan en evidencia y sin reserva, que el modelo de desarrollo social y económico es inviable en el corto y mediano plazo. A dos años de la pandemia podemos tal vez, sólo tal vez, encontrar en la belleza de las jacarandas ese abrazo lila azulado, simbólico, que tanto hace falta y que nos puede hacer mucho bien para todo lo que vendrá.

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