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13:21h. Sábado, 23 de Septiembre de 2017

“Llegamos en este sexenio a ser el primer país de América Latina en impunidad y el cuarto a nivel mundial…”

 

Las multitudes no han conocido jamás la sed de la verdad. Exigen ilusiones, sin las cuales no pueden vivir.
Sigmund Freud


Pobres mexicanos, que cada 15 de septiembre gritan por un espacio de una hora, quizá para callar el resto del año.
Octavio Paz

El pasado viernes inició formalmente el proceso electoral 2017-2108. Sin duda alguna, la contienda electoral se dará en uno de los momentos de la historia reciente de México más controvertida y con un preocupante descrédito por las instituciones del Estado Mexicano. 

El saldo social, con facturas políticas y económicas, sigue acumulándose y las políticas públicas son un fracaso en los hechos. Las reformas estructurales todavía se izan como estandarte de un futuro mejor para los y las mexicanas. 

Llegamos en este sexenio a ser el primer país de América Latina en impunidad y el cuarto a nivel mundial. El número de homicidios dolosos se incrementó y la inseguridad se ha convertido en la preocupación social más importante, que ya no es un asunto de percepción, sino de realidad, en la que la delincuencia lacera sin tregua y hace de las suyas, en muchos casos ante la complicidad y amparo de las autoridades de los tres niveles de gobierno. 

El aparato del Estado está rebasado y las propuesta del Poder Ejecutivo en voz de Osorio Chong, Secretario de Gobernación, son exhortos en oídos sordos de los gobernadores, pero aún más grave, es que son tareas que buscan consenso, cuando de lo que se trata es de ejercer un liderazgo político real, pero en un país en dónde muy pocos creen en el Presidente República, es de esperar que el resto del poderes tomen esas invitaciones -que vienen desde arriba- como meras ocurrencias que nadie está obligado a seguir. 

En este contexto se realizan los informes de gobierno, un ejercicio republicano y que tendría que ser una garantía de un régimen democrático. La rendición de cuentas por parte de los representantes del pueblo, desde el presidente del país, pasando por las y los alcaldes y las y los legisladores, tendría qué ser uno de los momentos más importantes de relación entre ciudadanía y gobierno, pero lamentablemente estos ejercicio se han convertido en pasarelas políticas, en espacios de comunicación artificial que sólo buscan trabajar, proyectar y cuidar la imagen mediática de quien informa. 

Estos eventos de gobierno en los que están dispuestos a todo, con tal de que se muestre que todas y todos los servidores públicos electos trabajan de maravilla, cumplen su función, realizan su trabajo con esmero, con profesionalismo y están atendiendo las demandas y necesidades de las personas, de las comunidades urbanas y rurales, de las mujeres que son discriminadas, de los niños y niñas, de las y los indígenas. 

Vivimos dos realidades, la ellos y la de nosotros, como escribió Eduardo Galeano. Informes ante la sociedad, que buscan resaltar lo que se hace y mostrar resultados. Para los de arriba todo es éxito: número de kilómetros de carreteras, número de escuelas construidas, número de empleos generados, número de iniciativas de ley propuestas, número de veces que algún legislador o legisladora subió a tribuna, en fin, datos que buscan mostrar los logros y las metas alcanzadas, y bueno, que todo eso se difunda en la radio, en los periódicos, en la televisión, que salgan muchos spots en cadena nacional como el caso del V informe de gobierno del presidente Peña Nieto. Con ello se comprueba que hay dos Mexico, dos Guanajuato, dos León, dos congresos, uno que sólo mira desde el poder y desde la condición política y la otra, la una realidad que no es ilusión, y que las más de las veces es tragedia. 

Un Lord Ferrari que iba ser el Fiscal de la Nación por 9 años, que es amigo del presidente del país. Un ex director de Pemex que está implicado en un caso de corrupción a nivel internacional y que, a su decir, él ya ella millonario desde antes de que fuera amigo del presidente. Un Lord Socavón que no tiene la culpa de nada, y tampoco de ser amigo de primer mandatario. En fin, ellos y nosotros. 

El problema que no entienden las y los funcionarios públicos y las y los legisladores que se auto elogian y se vanaglorian de sus logros en estos eventos que son propios de un show de televisión, es que la realidad es pese a ellos, por más que la nieguen, la encubran, la escondan e insistan en mostrar sólo lo bonito y lo bueno que hace el gobierno, sin autocrítica, sin reconocer los errores y omisiones. No enrtan de lleno a tomar las decisiones que se requieren para tener un efectivo y sólido Estado de derecho, para tener gobiernos honestos, para tener instituciones públicas que trabajen por y para los ciudadanos y ciudadanas, para crear un marco social de convivencia y paz, entre muchas cosas que se dejan de hacer. 

Y esto es parte de las facturas y de los saldos que se pondrán en juego en las próximas elecciones. 

El punto clave es que muchos de nosotros sí sabemos quiénes son ellos, aunque se pongan una máscara o se cubran de maquillaje y se refugien en la luz de los reflectores de los llamados Informes de Gobierno y en los Informes Legislativos. 

Allá ellos.