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11:31h. Sábado, 26 de Mayo de 2018

“…se rechaza el análisis y la reflexión, y se cae en la banalidad de los memes y del crédito a noticias falseadas y tendencias creadas artificialmente con ejércitos de bots…”


El tono de las campañas electorales de los que van abajo en las encuestas se centra en el ataque, en la denostación y en buscar explotar lo más emocional de las audiencias y de los electores. Se van dejando de lado la razón, los argumentos, los proyectos, las propuestas, para moverse al terreno de los ataques con una buena dosis de información que resulta casi siempre falsa o distorsionada. Los esfuerzos por invitar a las personas a que verifiquen la información que reciben, que no se crean todo lo que se dice o lo que lee, que pongan un poco de duda en lo que se publica y circula en las redes sociales, en las cadenas de Whatsapp, en los muros de Facebook, en Twitter, no son suficientes, y se va tejiendo una trama que va distorsionando aún más la realidad política, provocando exaltaciones de ánimo innecesarias que buscan capitalizar las emociones que suscita el temor, el miedo y la desinformación. Entre el chisme, el rumor, el engaño y el marketing político, se va desplegando un ambiente que lleva a situaciones deplorables, inaceptables y reprobables como la de Ricardo Alemán.

Tal pareciera que la única manera de hacer política y convencer a las y los ciudadanos con relación a un candidato es creando mensajes, falsos o reales, que a fuerza de repetirse se instalan como verdad, aunque no tengan un sustento sólido. Se dice que en la guerra todo se vale y se mete en ese mismo saco a la lucha electoral, como una forma de justificar el juego sucio en las contiendas electorales. No sólo se trata de mostrar quien pudiera ser el más corrupto, pragmático u oportunista, para votar  o no por esa persona: se trata de crear una especie de espejismo de realidad desde la ficción, desde la ilusión mediática que crea productos y necesidades artificiales.

Las estrategias publicitarias, el marketing político, despliega sus recursos para atacar a unos y para vender a otros. Una especie de melodrama que se traduce en buenos y malos, entre pobres y ricos, entre pecado y santidad, dicotomías que polarizan, que hacen apuestas al miedo al cambio o a la seguridad de lo conocido. Lo emocional se apropia de los espacios de dialogo, los argumentos se obvian, se evaden y se niegan las propuestas, se rechaza el análisis y la reflexión, y se cae en la banalidad de los memes y del crédito a noticias falseadas y tendencias creadas artificialmente con ejércitos de bots.

En estos días varios medios de comunicación han difundido datos e informes, sobre las condiciones de vida y de trabajo de la juventud en México, de la concentración de la riqueza en el país y de la precarización del salario. Han mostrado las crudas y por demás dramáticas cifras en materia de seguridad, muertos y desaparecidos describen sin maquillaje  el fracaso de las acciones del Estado mexicano, y con ello el tema de la impunidad deja al descubierto la ineficiencia y corrupción del sistema de impartición y administración de justicia.  La situación de los Derechos Humanos de las niñas, niños y adolescentes mexicanos es una afrenta que duele y que debería de doler a toda la sociedad, ya que más de 20 millones de infantes viven en situación de pobreza, y más del 80% de las y los niños indígenas sobreviven en condiciones de pobreza, vulnerabilidad y rezago.

Se podría decir que los diagnósticos presentan panorama desolador, si además incluimos temas como la contaminación del aire y el agua, y si vemos las tasas de deforestación de los bosques y selvas, además de los registros de los homicidios impunes de las y los defensores de los recursos naturales. Podemos también agregar la situación de miles de mexicanos que han sido desplazados de sus territorios, de sus comunidades, de sus casas por culpa caciques y grupos del crimen organizado entre otros factores.

Podemos corroborar  con esos y otros informes como no se ha logrado tener una política económica que permita  un crecimiento sustantivo o sostenible  en los últimos 30 años, pero eso sí, se ha incrementado la deuda interna y la deuda externa.  Así, la deuda pública del gobierno creció hasta un saldo neto de 10. 88  billones (miles de millones)  de pesos, el monto más alto del que se tiene registro en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público y que data desde 1991. Esa deuda interna implicó un pago anual en 2017 de 553,351 millones pesos por concepto de intereses, el monto más alto registrado en los últimos 10 años.  En el caso de la deuda externa, México es el país de América Latina con la mayor deuda, que asciende a más 180 mil millones de dólares, con unas reservas internacionales al 27 de abril, según reporta el Banco de México, de 173,068 millones de dólares.

Debemos pasar en los próximos días a una reflexión más profunda e informada. No podemos seguir cayendo en el melodrama, en la telenovela de buenos y malos. Debemos exigir un cambio en el hacer de las campañas políticas. Urge exigir el pasar de campañas de por quién no votar, a una que diga por qué sí lo deberíamos hacer por alguno de ellos. “No nos digan por qué no votar por sus contrincantes; díganos por qué síi votar por ustedes”, como lo escribió Jorge Rocha, investigador y politólogo del ITESO. Pasar del melodrama a la política como un asunto de interés público, es una responsabilidad de los partidos políticos y de las autoridades electorales.