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12:39h. Domingo, 16 de Junio de 2019

“¿Qué esperanza puede haber en Guanajuato cuando las víctimas de delitos son revictimizadas, cuándo los afectados se suman sólo como números a los registros oficiales y no oficiales–se denuncia menos del 10% de los delitos que suceden- por cientos cada semana?”


Nos regalan miedo para vendernos seguridad.

 

No se requiere ser adivino ni experto. La inseguridad que se vive en Guanajuato es el resultado de años de gobiernos que han confundido lo que es la iniciativa privada, la innovación y el espíritu emprendedor, con el desarrollo social y económico. Han creído que con dejar en manos del mercado todo, la inseguridad se resuelve por sí sola, bajo el supuesto de mientras los “negocios” generen empleo, creen oportunidades, se encubra el rezago social y se produzcan líderes carismáticos como “el Marro” todo está bien, y más para quienes desde el púlpito de colores marianos creen con profunda fe que así impulsan el desarrollo social y económico del estado.

¿Qué razones hay para la excusa, para la secrecía, para la apariencia, para sostener un discurso que se escuda en el silencio, en la omisión, en la complacencia y ahora en la sospechosa –aún más- arrogancia del gobernador, de dotar de más funciones, –como la Unidad Investigaciones Financieras- a la servicial Fiscalía General del Estado, cuando por ahora hay una ausencia de justicia, y cuando no hay ni siquiera un mínima mirada de sensibilidad social o de una exigua caridad cristiana, –si lo ponemos en el campo de las creencias?

¿Qué esperanza puede haber en Guanajuato cuando las víctimas de delitos son revictimizadas, cuándo los afectados se suman sólo como números a los registros oficiales y no oficiales–se denuncia menos del 10% de los delitos que suceden- por cientos cada semana? Las familias, las personas agredidas y las víctimas que no son atendidas, ven cómo la impotencia se convierte en dolor, vulnerabilidad, desasosiego, quebranto patrimonial y moral también.

Todo indica que no hay posibilidades de romper el ciclo de la violencia y del delito. Pareciera que se naturalizó la impunidad y la corrupción, porque la corrupción también es no hacer bien el trabajo que le toca hacer al Estado y sus instituciones. Para muestra ahí están los miles de carpetas de investigación sin resolver, ahí está la profunda desconfianza que hay en los ministerios públicos, misma que se la han ganado a pulso, y ahí está el conformismo del gobierno estatal, reduciendo su actuación a enarbolar un eslogan: “Golpe de timón”, como única respuesta y como si fueran palabras casi mágicas dentro de una retórica que olvida que el PAN ha sido gobierno desde 1991 en Guanajuato.

Es curioso ver cómo en un estado que no tiene litorales, se aluda a una metáfora marinera para hablar de los cambios que habrá y de los resultados en materia de seguridad que ofrecerán. Sin duda, a alguien le vendieron la idea de que gobernar era subirse al barco nada más. Es importante resaltar que un exfuncionario estatal, encargado del desarrollo social como Secretario, ahora como Gobernador, no ve que en el trabajo de ser gobierno, el tema fundamental es fortalecer la cohesión social en la vida cotidiana, tanto las comunidades rurales como en las colonias urbanas de todo el territorio. No logra ver –él y su equipo- que el tema de la prevención del delito pasa por ofrecer y crear condiciones sociales de vida, de empleo, de convivencia, de recreación y de educación, para sostener una dinámica de interacción humana asociada al respeto de las niñas y mujeres, al cuidado de la juventud, a procurar la dignidad de los adultos mayores y a dar valor integral de las personas desde la mirada constitucional de los Derechos Humanos.

El tema de la seguridad recorre todos los pasillos gubernamentales. La instrucción es que todos los programas, planes y acciones estén orientados a ese propósito –loable intención-, pero, esto se hace sin innovar, sin hacer cosas nuevas, sin buscar otra perspectiva, sin querer poner en acción los protocolos y programas que están indicados en las leyes. Por ejemplo, la falta de presupuesto para el Sistema Integral de Atención a Niñas, Niños y Adolescentes en el estado y en cada municipio, olvidando el bien superior de la infancia como precepto rector para la asignación de recursos, tanto por la Cámara de Diputados local como por el Ejecutivo estatal. No basta con decir que todo el trabajo de la administración pública debe abonar al tema de la seguridad. “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Es un delirio mayor implementar nuevos programas de seguridad desde la ignorancia, y desde la terca idea de que en el Guanajuato toda la inseguridad es un asunto de orden federal.

La seguridad es un negocio. La cantidad de empresas que venden equipos de vigilancia, cámaras, microchips, localizadores GPS, autos blindados, seguridad privada para atender la seguridad básica de empresas, fraccionamientos, centros comerciales, así como, el incremento de gastos en herrería y protecciones en casas, incluidos los alambres de púas, mallas electrificadas, alarmas en casas y negocios, han tenido una expansión muy grande y dividendos muy altos, al amparo de los gobiernos en turno, haciendo creer a la población que el tema de la seguridad es un asunto individual, que es un asunto privado, olvidando por completo que garantizar la seguridad le corresponde única y exclusivamente al Estado.

Lo estrategia de afirmar que aquí todo está bien y que se trabaja con inteligencia y con experiencia desde la Fiscalía General del Estado, muestra que el golpe de timón sólo funciona en aguas agitadas para sortear tormentas. Cuando se da un golpe de timón en aguas serenas lo que se quiere es zarandear el barco, sin avanzar y sin rumbo. Alicia, la del país de las maravillas del famoso cuento de Lewis Carroll, pregunta al gato de Cheshire en cierto punto, qué camino debía tomar. Cheshire le contesta: Eso depende mucho del lugar adonde quieras ir. Si no sabes a dónde quieres ir, no importa qué camino sigas. Así, el naufragio anunciado será pronto, de seguir queriendo dirigir una nave sólo a golpes de timón, sin dirección, sin capitán y con una tripulación que incluye una parte de aprendices de marinos, y en la que va una buena cantidad de polizontes que no quieren llegar a ningún puerto puerto alguno.