Opinión • Lo humano • Arturo Mora Alva

“…La vida no da oportunidades para ensayar lo que quisiéramos haber hecho…”

Opinión • Lo humano • Arturo Mora Alva

Cuando las probabilidades son imposibles, cuando todo parece perdido, ese es el tiempo para estar en calma.
 
Ian Fleming

Cada vez soy más consciente de que uno se convierte en lo que mira, en lo que recuerda, en lo que anhela, en lo que transmite. El futuro comienza hoy y depende de lo que elijo ver, de lo que me permito decir, de lo que quiero recordar y de lo que decido amar.
Laura Esquivel

He aprendido que no puedo exigir el amor de nadie. Yo sólo puedo dar buenas razones para ser querido y tener paciencia para que la vida haga el resto.
 
William Shakespeare

Los días se suceden con sus historias y con ellas las emociones y sentimientos que se encierran en uno mismo. Otras logran salir a la luz al ser compartidas. Cada una tiene de sus propios matices, intensidades, profundidades y alcances. Cada narrativa es una vida que se desgrana, unas veces con facilidad y otras más con una larga y pausada travesía, narración que pasa del corazón al pensamiento, que llega al corazón, que se convierte en dolor y carga, retuerce los intestinos, hace que duelan las sienes y se siente el peso en la espalda, en el cuello en los pies, hace que cueste respirar por momentos, que la boca se seque y que los dedos de las manos se trasmuten en nudo gordiano.

Los relatos que hacemos de la propia vida buscan compartir lo que sentimos y narrar por lo que hemos o estamos pasando. La vida no da oportunidades para ensayar lo que quisiéramos haber hecho. Vamos literalmente improvisando; algunas veces podemos tomar nuestra propia experiencia o la de otras personas para poder actuar, para decidir, haciendo una apuesta sobre qué será lo mejor para nosotros. No hay garantía alguna. Los descalabros y el desasosiego son parte de la condición de lo que nos hace imperfectos, contradictorios y por tanto humanos.

Somos personas como una individualidad y sólo somos, en tanto somos con otros. Los otros, las otras, son parte de nuestro mundo y son también las percepciones y las representaciones sociales y culturales que nos contienen como seres gregarios. Nuestra singularidad se manifiesta con el carácter y la personalidad que vamos desarrollando a lo largo de la vida. Algo propio, único siempre y con muchas cosas en común, algunos hábitos, ciertas tradiciones, una historia social. Junto con algunos patrones de conducta, con muchas respuestas socialmente aceptadas, además de múltiples formas de hacer tal o cual cosa que ya son naturalizadas.

En la historia social y cultural de las últimas décadas se han modificado muchos de los patrones culturales y conductuales que se habían impuesto como parte del devenir de lo que conocemos como Occidente y que eran aceptadas sin preguntar, dando por hecho que “así es la vida y ya”. Un mundo presentado como dicotomías. Edgar Moran describe algunas: sujeto / objeto; alma / cuerpo; espíritu / materia; calidad / cantidad; finalidad / causalidad; sentimiento/ razón; libertad / determinismo; y existencia / esencia y con ellas a su vez otra más: el bien y el mal, el día y la noche, hombre / mujer, patrón/ empleado-obrero. Todo eso se movió, se fracturó, se rompió, se cuestionó, se puso en revisión y se transformó el orden que había estado vigente como parte la modernidad.

Hoy, estamos todas y todos intentando dar un nuevo orden, nuevas explicaciones y buscando dar un nuevo sentido a muchas cosas, a lo que sentimos, a lo que percibimos, dar valor a la palabra y a lo que se nombra, a lo que no se dice. Estamos buscando lograr tener cierta tranquilidad ante lo incierto, ante el hecho de saber que una gran parte de lo que pensábamos y creíamos sólo eran dogmas sociales o dogmas de fe. Que la libertad se construye de forma individual y colectiva, que la tensión de vida es entre el deber y el querer, de ahí la necesidad de revisar las morales y dar un lugar a la ética.

Por ahora el querer, el querer profundo, el amar, el deseo y el gozo mismo son principios de lo humano que fueron arrebatados de la condición humana en pro de las “buenas conciencias”, de un deber impuesto, desde visiones gestadas en el ejercicio del poder, -ideológico y económico-, para lograr el control, la sumisión, la explotación y la obediencia. 

Hoy las historias de vida que se escuchan dan cuenta de situaciones de lo humano y de la forma en que configuramos nuestras relaciones humanas. Personas que narran sus procesos de vida -nacer, crecer, desarrollarse, madurar y morir- y de la complejidad de esas experiencias de vida, que son parte del contexto histórico que nos hace estar y ser con otros seres humanos y que ahora son parte de las luchas por demás urgentes por la dignidad personal, por la justicia social, por

Estos tiempos que vivimos están afortunadamente cruzados transversalmente y necesariamente -como una forma de recuperar el tiempo y la vida perdidos en el sentido histórico- por las demandas y reivindicaciones para defender la identidad y diversidad sexual, por lograr la igualdad entre mujeres y hombres, por crear condiciones para la equidad y la igualdad en las condiciones materiales de vida, por contar con servicios para tener  salud individual y colectiva, por dar valor a la ecología y cuidar el medio ambiente, por realizar procesos conscientes de lo que es  la identidad cultural, por crear espacios la producción social del arte, por la defensa de la libertad y por hacer vigentes los derechos humanos.

La vida está ahí, es inherente a nuestra existencia. La esperanza de vida se ha duplicado y lo humano a alcanzado una nueva complejidad, en donde las respuestas que se tenían son insuficientes para explicarnos y para comprendernos. Lo humano se mueve entre gradientes de lo excelso y lo sublime, pero también entre el horror y la crueldad.

La necesidad de pensar juntos es vital para el futuro de la sociedad. Imaginar mundos posibles incluyentes. Diseñar formar nuevas de convivencia social que rescaten la esencia de lo humano. Dar posibilidad a la pregunta y retornar a la filosofía. Escuchar con empatía al otro, a la otra, a los otros, buscar hablar de un yo y pasar a un nosotros dialécticamente. Revisar lo que somos y lo que hacemos es por demás necesario. Lo humano es algo que sólo nos pertenece a nosotros como especie.

La responsabilidad por construir un nosotros -todas y todos- en la diversidad, respetando y reconociendo la singularidad de cada uno, de cada una, es el verdadero desafío en un mundo en donde el mercado nos hace creer que somos iguales en tanto seamos dóciles consumidores. Lo humano es creatividad, inteligencia, conciencia, lenguaje, arte, es fraternidad y sororidad y es a su vez independencia y libertad. Lo humano nos define y nos defiende de la cosificación del sujeto que el modelo de producción vigente hace de todos y todas, y eso, lo humano, nos da la oportunidad de no dejarnos caer en el vacío existencial y no dejar que nos sigan tratando como seres desechables y la más de las veces como un número de alguna estadística.

Comentarios