Opinión • Vientos de febrero • Arturo Mora Alva

“Son tiempo duros y crueles. El dolor se percibe, los duelos se acumulan y las tristezas crecen…”

Opinión • Vientos de febrero • Arturo Mora Alva

El tiempo existe para que no todo ocurra al mismo tiempo y el espacio para que no todo te ocurra a ti.
Susan Sontag

El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.
Fernando Pessoa
 

Febrero mes de vientos, de aires caprichos que crean remolinos por doquier con su fuerza. Un mes que hace la paradoja del día 28 y su existente nuevo día cada cuatro años, trampa de un conteo en un calendario que muestra que hacemos las cosas a nuestra conveniencia. Mes breve que juega con el transcurrir del tiempo. Febrero en que se festeja el día de la Bandera Nacional, tal vez entre otras cosas porque el viento hace que ondee con las ráfagas de viento que la muestran viva, en lo alto y reivindicando todavía una identidad nacional que se escapa cada vez más rápido de las manos, como llevada por el viento.

Febrero con su endoso de amor y amistad, que junto con los artilugios de la publicidad que busca sacar a remate los saldos de las mercancías decembrinas, y que resalta y explota el sentimiento que conlleva el amor y la amistad, con un singular despliegue mercadológico al difundir el más poderoso afecto que hemos ido cultivando los seres humanos, a través de los miles de años de evolución de nuestra especie, para convertirlo en resumidas cuentas en unas mercancías. El capitalismo vende muerte, dolor, tragedia, y hace negocio también, sin escrúpulo alguno con la amistad, el cariño, la ternura y el amor. A todo le pone precio el mercado.

La parte contracultural está en dar valor real a lo que sentimos desde la fraternidad, desde la sororidad, desde el amor y los enamoramientos que vamos experimentando a lo largo de la vida, sin que se tenga que poner precio a los buenos sentimientos, e idealmente no caer en la trampa del consumismo para demostrar nuestros afectos sinceros.

Las y los poetas, novelistas también han ido tejiendo un universo de experiencias humanas para narrar y describir el amor y la amistad, junto con lo con todo lo que deviene, pasando por el deseo, el gozo, la alegría, la plenitud, el marasmo, la ensoñación, la ilusión, la pasión y también con sus contrapartes, como diadas de eso que nos hace humanos, incompletos, siempre en falta y profundamente ingenuos y contradictorios. Pero que nos hace sentirnos vivos, comprometidos, con sueños y esperanzas que van más allá de los cánones de una publicidad que los usa y pervierte.

Son tiempos -urgentes- para dar amor a nuestros padres, a nuestros hijos e hijas, a nuestras familias, a nuestros amigos y amigas, amor y amistad a todas las personas que vamos conociendo en nuestra historia de vida, creando lazos de vida, de cariño, de ternura, de solidaridad, de empatía, de un querer afectivo, de un amor inédito y maravilloso, pese a la complejidad que implica sentir, dar y recibir amor y amistad. Para muestra unos botones:

Frida Kahlo escribió: En el amor no hay inteligencia ni estupidez. El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, cielo mío, tú llueves sobre mí y yo, como la tierra, te recibo...

Miguel Mihura: La vida me ha recompensado con lo más precioso que existe. He conocido la ternura.

Elvira Sastre: A veces suena su risa cuando está todo en silencio, como si me recordara que la vida nunca muere.

John Green: Por eso me gustas. Estás tan ocupada siendo tú que no te das cuenta de lo original y maravillosa que eres.

Charles Bukowski: Enamórate. Al menos una vez en la vida, no importa de qué, cómo o de quién, pero enamórate. Todo será un desastre, y será hermoso.

Son tiempo duros y crueles. El dolor se percibe, los duelos se acumulan y las tristezas crecen. Tenemos amigos y amigas, familiares, compañeros y compañeras de trabajo y conocidos que han pasado y pasan en estos días por diferentes pérdidas, por situaciones de quiebre, de menoscabos, quebrantos y desgastes que ponen a prueba la fuerza del amor, que tensan el querer profundo y hacen sacar fuerzas del amor a costos fuertes, emocionalmente hablando y también en lo económico.

En febrero se limpia el cielo con sus ráfagas de vientos rebeldes que mueven ramas y arrancan hojas de los árboles y arbustos, y que llenan de polvo espacios y habitaciones. Vientos que se lleva a otros lugares la contaminación del aire de nuestras ciudades, que les significa costos y efectos cada vez altos para la naturaleza.

Vientos que hacen las olas crezcan, altas y agitadas en el mar para sacudir la arena de las playas, vientos que acaman los cultivos en los campos, vientos frescos irreverentes que nos llena los pulmones de aire frio de invierno. Vientos que son parte de las nevadas y de colorear de blanco volcanes y montañas.

Vientos que crean lienzos de cielos azules para la imaginación, para el deseo y el amor. Vientos que revuelven los sentidos y nos hacen acomodarlos junto con los recuerdos en un infinito juego de intentar ser uno mismo.

Vientos de febrero y que como Miguel Hernández dijo, recuerdan lo que somos ante una realidad social y humana: “Vientos del pueblo me llevan/ Vientos del pueblo me arrastran/ Me esparcen el corazón/ Y me avientan la garganta”.

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