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05:05h. Sábado, 21 de Octubre de 2017

“Es maravillo ver que llega apoyo todo el tiempo. Ver niños repartiendo comida, ancianos dando agua, adolecentes repartiendo abrazos, jóvenes cargando escombro, médicos sensibles, artistas alejados del protagonismo, pero sobre todo es maravilloso saber que esta tragedia nos hizo volver a vernos como hermanos, soltar el celular y ver a la gente a los ojos, interesada en saber tu nombre y que te motiva.

No tengo palabras para describir lo impactante que es ver edificios derrumbados y muchos más acordonados y desalojados. No sé decir que es lo que se necesita de materiales, pero lo que sí sé es que hay cientos de familias que perdieron todo su patrimonio, familias que no han recibido un veredicto respecto a la situación de sus hogares. El gobierno ha demostrado ineficiencia.

El trabajo apenas empieza, esto no será de días ni meses, después del 85 hubo familias que vivieron en albergues por años.

TENEMOS que reconstruir nuestro país!!!”

Este texto lo compartió en Facebook Aldonza Hidalgo, joven mujer leonesa, que esta como voluntaria y paramédico, apoyando a loas y los damnificados desde la organización UN TECHO PARA MI PAIS, en un campamento instalado en un camellón de la colonia  Condesa en la Ciudad de México, y tengo la fortuna de conocerla y saber a través de mensaje, que hay un México nuevamente tomado por las y los jóvenes a partir de la tragedia del pasado martes 19 de septiembre, como también sucedió en 1985.

Sus palabras marcan con sinceridad lo que ella ve desde su labor como voluntaria y rescatista, una realidad que se muestra en la solidaridad real,  esa que se expresa en los hechos, con personas reales, sin que medie alguna pantalla, sino como ella describe “ver a la gente a los ojos” y que a su vez, de forma llana, retrata las condiciones que se viven ahora en algunas de las colonias y de las calles de la ciudad, una ciudad descrita entrañablemente por Fuentes, Huerta, Esquivel, Monsiváis, Poniatowska, Pacheco, Serna, Fanadelli, Novo, Paz, Garro, Molina, Mastreta, Lavin, Mauleón. Una ciudad que en el desastre vuelve a ser lacerada por el gobierno desde su falta de oficio y por la ineficiencia que arrastra desde hace varias décadas.

El sismo del 7 de septiembre dañó a muchas familias en municipios de Oaxaca y Chiapas principalmente. El sismo de del 19 afectó a Puebla, Morelos, Estado de México y a la Ciudad México. La magnitud del destre es más 130 mil viviendas  destruidas o dañadas severamente, más de 3,500 edificaciones en la Ciudad de México con daños graves, incluyendo escuelas, así como más de 400 muertos hasta ahora, sumando más de 2 millones de personas afectadas. Lo sismos ha develado nuevamente el atraso y el olvido en la que se encuentran muchos de los municipios sur del país que han sufrido los efectos de la naturaleza, donde el desarrollo social y económico sigue siendo una afrenta para el estado mexicano en todos los sentidos y niveles.

Por otra parte, hemos visto la respuesta de la gente, los centros de acopio que se generaron por la iniciativa de las y los jóvenes en cuestión de horas y la respuesta casi inmediata de todos y todas que salieron a llevar víveres, agua, comida, ropa, productos de higiene y medicamentos fue una respuesta por demás oportuna, pero sobre todo sincera, legitima, humana.

Luego han ido apareciendo bancos, tiendas departamentales, fundaciones, empresas, personas, artistas y deportista que se suman a su modo para buscar fondos para la reconstrucción, con un nivel de oportunidad propia de una filantropía todavía ajena a nuestra cultura nacional y de una mercadotecnia que va más allá de la buena fe que emerge en la tragedia.

Pero el problema de fondo que han mostrado estos terremotos, es la actitud de oportunismo de algunos políticos y de algunos funcionarios públicos; de los partidos políticos y de algunos medios de comunicación que han querido aprovechar la tragedia para llevar “agua a su molino”. Funcionarios que han querido canalizar la ayuda que la gente ha enviado a Morelos, a Oaxaca, a Chiapas para concentrar esa ayuda en sus bodegas y etiquetar o rotular en favor de gobiernos locales y municipales, en donde se muestra la voracidad que se vive desde el poder y del oportunismo por querer usar esos recursos que no son suyos en beneficio propio, ya sea para ensalzar su imagen y aderezarla de falso altruismo, revestida de un perverso uso del poder público.

Hemos visto a un presidente cuidando su imagen pública. Un presidente que actúa para los spots de televisión, preocupado por lo que pasó sin duda y pero más preocupado por su popularidad. Los asesores de comunicación social de la presidencia están más interesados por estar administrando la imagen y por la falta de popularidad y la desconfianza que se le tiene al primer mandatario, y que pese a todo gana el oportunismo mediático, pero que no logra proyectar el que pueda ser un mandatario cercano, sincero o al menos sensato y humano, más allá de los despistes y errores que comete y que se difunden en las redes sociales.

La oportunidad para la sociedad está en las y los ciudadanos, está en sus propias manos. En la capacidad que tengamos para exigir que el Estado Mexicano y sus instituciones actúen con sentido común, con celeridad y con profesionalismo. Está en la capacidad que se tenga de lograr que se transparente la ayuda, que las empresas, las fundaciones y personas altruistas muestren cuentas claras, que digan en qué, cómo y a quiénes de las y los damnificados se ayudó.  Está también en la exigencia social para que los fondos federales, los seguros, los recursos públicos se usen de forma adecuada, transparente y con una clara rendición de cuentas. Está a su vez en la exigencia para que las y los diputados hagan un ajuste al proyecto de presupuesto de 2018 y orienten los recursos para resolver también los atrasos en infraestructura y en crear las condiciones de desarrollo que no hay en la mayoría de los municipios afectados. Se requiere tomarle la palabra a los partidos políticos, que han tenido que ceder ante la exigencia de la sociedad de que los recursos para las campañas políticas sean destinados  a la reconstrucción del país, -falta ver y precisar de qué están hablando-, a qué van renunciar y ver cómo van a manejar a su favor, electoralmente hablando, esta exigencia ciudadana que ahora hacen suya y ver a su vez cómo quedará reflejada está propuesta en el marco legal electoral, sin que se genere inequidad en la contienda electoral de 2018.

Los partidos políticos que gobiernan las entidades federativas trastocas por los sismos, tienen la oportunidad de demostrar que pueden ser gobiernos que están al servicio del pueblo y se podrá evaluar su actuar, en la  forma en que demuestren el cómo atenderán los problemas sociales que se van derivando estos terremotos y del cómo darán una respuesta oportuna, honesta, eficaz y transparente a los cientos de miles de damnificados en sus estados.

El reto más grande, la oportunidad más esperanzadora es ver y demostrar  si realmente somos capaces de sostener el impulso de reunirnos, de apoyarnos, de ser solidarios, de hablar con otros, de conversar de la vida, de analizar de forma colectiva la realidad, de mostrar que la política es un asunto de interés público, de demostrar que los y las mexicanas somos capaces de construir y reconstruir la nación entera, desde sus cimientos a partir de esta tragedia humana, de esta oportunidad de ser sociedad civil organizada, critica, pensante, creativa, propositiva, sensible y de configurar un nuevo proyecto de nación, y como circula en las redes sociales, hacer eco de este mensaje a propósito de los sismos: “Gente: el gobierno tiene daño estructural. Urge demolerlo”.