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13:30h. Martes, 21 de Agosto de 2018

“No quieren aceptar que las mujeres tienen derechos sociales, culturales, sexuales, humanos, reproductivos, laborales y económicos….”

Las mujeres que han cambiado el mundo
no han necesitado nunca mostrar otra cosa que su inteligencia.

Riva Leti-Montalcini

 

Durante la mayor parte de la historia, Anónimo fue una mujer.
Virginia Woolf

 

Porque viendo no ven, y  oyendo no oyen ni entienden.

Las mujeres a escala mundial se expresaron este 8 de marzo con la realización de eventos, protestas, marchas y acciones cívicas. En 170 ciudades del planeta el  morado fue el color simbólico que en esta ocasión se usó para enlazar a las mujeres en el mundo, en la lucha por sus derechos como personas, ciudadanas y mujeres.

El recuento de las diversas manifestaciones da por sí mismo valor a la frase que circula en las redes sociales: La revolución del siglo XXI será una revolución feminista o no será.

Los argumentos y los hechos sobran para demostrar los procesos de dominación masculina. La historia de la civilización, al menos de los últimos dos mil años, muestra  cómo los poderes económico y político se han integrado a una cosmovisión misógina de un patriarcado que se instaló con falsos argumentos y se fue anclando en interpretaciones a modo de los intereses de los hombres de normas, leyes, religiones, costumbres y creencias. En pleno siglo XXI emergen varones que no se explican, que no entienden por qué las mujeres quieren ganar salarios iguales que los hombres por el mismo trabajo. No quieren aceptar que las mujeres tienen derechos sociales, culturales, sexuales, humanos, reproductivos, laborales y económicos.

El pasado 8 de marzo las mujeres volvieron a indicar con claridad, fuerza, templanza, criterio, emoción y razón, que la sociedad patriarcal debe ser remplazada y que la sociedad humana tiene que partir de aceptar la igualdad entre hombres y mujeres, sin cortapisas, sin condiciones, sin atenuantes, sin falsas promesas y argumentos y sin falsos dilemas morales o éticos.  Las mujeres sin sus derechos en plenitud  harán que la sociedad humana colapsé.

Nayeli Meza Orozco publicó un reportaje en Reporte Índigo, el pasado 8 de marzo, bajo el título Un día sin mexicanas [se puede leer completo aquí], en que señala:

Si las mexicanas se ausentaran un día, la actividad económica del país se detendría en un 52 por ciento, lo que dejaría una pérdida de 32 mil millones de pesos (mdp), de acuerdo con cálculos de Raymundo Tenorio, director del Programa de Economía y Finanzas del Tecnológico de Monterrey, Campus Santa Fe. En términos anuales, el especialista detalla que esto           equivaldría a 11.5 billones de pesos.

La sola mención de pensar el valor económico que aportan a las mujeres a la vida social y económica, con todas sus implicaciones e impactos en el conjunto de la vida social y material del país, debería bastar para que los políticos, y junto con ellos los empresarios y el aparato de Estado en su conjunto, dieran paso a resolver y terminar con las injusticias, desigualdades, discriminación, exclusión y explotación de las mujeres.

Queda claro que no será por decreto solamente, pero se puede empezar por ahí. No bastan las leyes, pero se puede empezar por aplicarlas. No basta con creer en las capacidades de las mujeres, pero se pueden dar oportunidades reales. No basta con crear programas sociales para impulsar la equidad, pero se podría iniciar cumpliendo con los fines y objetivos de esos programas. No basta con programas educativos, pero se puede iniciar incorporando una nueva cultura de respeto e inclusión dentro de las acciones del nuevo modelo educativo. No basta con decir que el acoso sexual y la violación, junto con la violencia física, obstétrica, psicológica, patrimonial y sexual son delitos, pero se puede iniciar por investigar, sancionar y castigar a los responsables, sin que haya impunidad y sin revictimizar a las mujeres y niñas que los denuncian. No bastan las leyes de paridad en los procesos electorales, pero se podría iniciar por el respeto y salvaguarda de los derechos políticos de las mujeres.

Los partidos políticos tienen una responsabilidad sustancial y urgente, no sólo para incorporar a su discurso las demandas de las mujeres, no sólo para usar un lenguaje no sexista, sino para construir una agenda política, legislativa, social económica y cultural. Habrá que buscar en las plataformas políticas, en los planes y programas de gobierno, los compromisos de los institutos políticos con las mujeres y niñas.

El gobernador de Guanajuato no entiende que no entiende el tema de los derechos de las mujeres. Sus excusas para justificar que solamente haya una mujer en su gabinete legal, confirma y reafirma una visión misógina y patriarcal, que es ya parte de un ADN que al parecer comparten muchos de los políticos,y que no les permite ver, oír ni entender a las mujeres como personas.