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09:10h. Sábado, 15 de Diciembre de 2018

“Todo el secreto de gobernar consiste en saber cuándo es necesario quitarse la piel de león para ponerse la de zorro”.

Napoleón Bonaparte

“Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos”.

José Martí

 


Los resultados electorales de la jornada del 1 de julio pasado crean un nuevo escenario político a nivel nacional. Es inédito, inesperado e impredecible, en cuanto a la magnitud de la votación y sus consecuencias políticas, con lo que se crea una configuración geopolítica totalmente diferente a lo que había.  La apuesta por la democracia electoral tiene esos efectos,  pero ya emergen voces que quieren desacreditar la voluntad popular expresada en las urnas, pero en la democracia electoral las mayorías también son gobierno. El diseño y la arquitectura de los poderes legislativos a nivel federal y local, buscan que todos los actores políticos queden representados y ahí se de vida a la pluralidad y por tanto al debate, al dialogo, al consenso, a la diferencia y a los acuerdos.

Los resultado sin embargo dejan también saldos para los partidos políticos, posibles pérdidas de registro, en al ámbito federal y sobre todo en lo local, partidos nacionales y locales que no podrán tener reconocimiento dentro del marco jurídico vigente, reacomodos que darán pauta a nuevos proyectos,  nuevas alianzas y nuevos partidos políticos.

También en estas dos semanas ya van apareciendo reacomodos en los partidos políticos. El PRI ha aceptado que el candidato ciudadano Meade no conectó con las bases priistas, que no fue el mejor candidato. Ricardo Anaya ha dejado su pretensión de querer regresar a la dirigencia nacional del PAN y se alientan falsas expectativas para que Miguel Márquez pudiera asumir el cargo. El PRD quedo totalmente perdido, atomizado y casi diluido. Enrique Alfaro de Movimiento Ciudadano –gobernador electo por ese partido en Jalisco- ya está haciendo señales para una posible alianza con Morena. El PVEM está buscando la coyuntura de propiciar que Morena lo junte o que de plano en su pragmatismo, se alíe a  la Coalición Juntos Haremos Historia sin ningún escrúpulo, no sería nada raro.

Dos semanas y ya despacha López Obrador desde su casa de campaña como si ya fuera el presidente en funciones, desde en la colonia Roma, llegando en su auto sedan blanco,  está haciendo un trabajo de comunicación ante la radio, la prensa, la tv y los medios digitales de las redes sociales.  Se entrevistó  con Mike Pompeo y  con la representación del gobierno de Donald Trump. Marcelo Ebrard mostró oficio y diplomacia, y López Obrador jugó de inicio con los elementos simbólicos del poder, al estilo propio del político tabasqueño que ha identificado con Benito Juárez. Dos semanas de anuncios, de propuestas, de iniciativas, de lo que vendrá y  que ya cimbran el estatus quo de la clase política que había sido gobierno.

Surgen preocupaciones, se estrechan manos, se dan espaldarazos, se manifiestan resistencias, se buscan acuerdos. Reuniones con empresarios, con gobernadores, con funcionarios de la actual administración, reuniones con sus colaboradores, con las y los legisladores electos por la coalición triunfante, hay anuncios relevantes como la posible designación de José Antonio Meade como gobernador del Banco de México, que crean escenarios de certeza en el campo económico y se confirma con ello la autonomía del Banco de México, para que pueda atender las medidas de control de la inflación entre otras de sus funciones.

La descentralización de las Secretarias de Estado saca chispas entre políticos y empresarios.  Por ejemplo, hay voces que no quieren que llegue la Secretaria del Trabajo a Guanajuato. El tema de eliminar a las delegaciones federales, creando la figura de coordinador federal en cada entidad, se lee como si establecieran vicegobernadores con un excesivo nivel de concentración de poder en una sola persona. Se anuncia el plan de austeridad con 50 puntos, desde el recorte gastos hasta ajustes en el personal directivo del gobierno – los altos funcionarios-, se avisa la suspensión de pensiones a expresidentes y vendrán más anuncios, más estrategias, más nombramientos, en lo que falta para que asuma el mandato presidencial. Cinco meses de transición que van borrando día a día a Peña Nieto.

Peña Nieto se diluye. Todo pasa por López Obrador y su equipo. Las expectativas son altas, la promesas son muchas y de gran calado. La presidencia de la República hace mutis por un lado y por otro se concentra en entregar obras, carreteras, hospitales y todo aquello que busque salvar de alguna manera la figura e imagen de un presidente que llegó con grandes posibilidades y se empequeñeció al cobijo de la corrupción, de ineficiencia y de la impunidad.

Todavía Andrés Manuel López Obrador no asume el cargo y ya gobierna, tal es la situación de crisis por la que atraviesa el país.  Habrá que concentrar la crítica y el esfuerzo social y ciudadano en ir construyendo también una agenda que sume y contribuya al cambio que se promete y al cambio que se espera.