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09/04/13

Tigres de papel | Pines de oro, diputad@s de cobre

Tigres de papel | Pines de oro, diputad@s de cobre

En México los sindicatos, los senadores, los partidos políticos, la policía y los diputados son las instituciones con la peor reputación en la opinión pública.

La encuesta México: Confianza en instituciones ubica a los diputados como la institución en la que menos confían los mexicanos, incluso en el mismo nivel que los cuerpos policiacos.

Se lo ganan a pulso: vaya el oro como pin de muestra.

Hay consenso en que la idea de regalar pines de oro a los quinientos diputados federales fue del prócer guanajuatense Pancho Arroyo, en su carácter de presidente de la cámara baja del Congreso de la Unión. Así se lo hizo aprobar al Comité de Administración correspondiente. Eso fue en diciembre de 2012.

Los pines, quinientos, son de seis gramos de oro de 14 quilates y tienen un precio unitario de 3 mil 800 pesos, para un total de un millón 900 mil pesos.

Autor hasta del diseño, el diputado Arroyo los mandó maquilar con un grabado del escudo nacional y la palabra “DIPUTADO”, dos franjas tricolores a los costados y el número de la legislatura, LXII, en la parte superior. Bonitos, pues.

Los pines cuadrados de latón que se habían repartido entre los diputados al principio de los trabajos de la legislatura lucían decorados apenas con el escudo nacional, sobre un fondo negro. No gustaron a los legisladores. Ducho en las artes de la alquimia política, Pancho Arroyo trocó el latón en oro, colocó el propio sobre la solapa y a los diputados se los echó a la bolsa.

A mitad de la semana de Pascua, otra vez, las redes sociales dieron el primer paso al frente. Desde Twitter, el diputado federal panista por León, Diego Sinhué, advirtió que él no había recibido el pin de la discordia y que tampoco lo quería. Vía oficio, suscribió su circunstancia y se confesó un diputado de latón.

Con la polémica en escalada, el grupo parlamentario del Movimiento Ciudadano, que lidera el zacatecano Ricardo Monreal, fue el único que rechazó en pleno el obsequio.

Conforme avanzó la semana, el encuentro de los diputados y las grabadoras fue inevitable. Francisco Arroyo Vieyra, el diputado de la ocurrencia, se permitió molestarse por las preguntas sobre el asunto. Caramba, él venía a su tierra a la reinauguración del parque de beisbol Aguilar y Maya, y a tomarse fotos como precandidato tempranero a gobernador, no a naufragar en entrevistas incómodas.

Con evidente desdén, les pidió que sobre el asunto le preguntaran a Francisco de Jesús Silva, el secretario administrativo del Congreso federal, como si el pobre hombre, y no don Francisco, fuera el autor intelectual, el diseñador, el gestor de la producción y el firmante de la orden de pago de los distintivos.

La actitud de Pancho, explicable por naturaleza, era apenas el principio.

Contra todos los pronósticos, el sedicente diputado de izquierda -perredista, para no exagerar- Miguel Alonso Raya vendió el discurso por una lenteja de oro y se vistió de corifeo de Pancho Arroyo.

Con una pretendida candidez que le desconocíamos, acusó que si los pines son un escándalo de oro es porque ellos, los diputados federales, han pisado muchos intereses económicos desde la cámara, que los pines son casi, casi una tradición.

Es más, Alonso Raya encuentra la justificación para portarlo en el hecho de que ya estaban presupuestados, únicamente faltaba concretar la adquisición y, pues ni modo, por accidente le tocó a Francisco Arroyo.

Él mismo -Raya-, sin considerarse “un héroe”, lleva con dignidad y empeño su labor de diputado. El pin también, cómo no.

Pero a los señores Francisco Arroyo Vieyra y Miguel Alonso Raya, curtidos en la grilla, nada les pide la diputada panista Beatriz Yamamoto, hasta ahora el caso más patético de defensa de su pepita de oro.

Beatriz Eugenia Yamamoto Cázares, normalista originaria de Coahuila, es diputada federal como resultante de otro de esos experimentos panistas con saldos de sobra conocidos. Para variar, con los blasones de empresaria y expresidenta de la AMMJE, es que disfruta hoy, plena, de la curul.

Como sobre aviso no hay engaño, Beatriz Eugenia advierte que todavía no recibe el pin, pero por supuesto que así será.

Para esta representante popular, gastar el dinero público en los dijes es lo mismo que utilizar un escritorio o una computadora para trabajar.

Si Ana María Carpio, del Observatorio Ciudadano de León, sugería dividir de manera hipotética los nueve millones de pesos que se gastaron entre el número de habitantes de la ciudad, para establecer que en realidad la inversión era mínima, en las cuentas de Beatriz Eugenia la unidad le sale en 3 mil pesos que, divididos entre los días de trabajo, equivalen a un costo diario de dos pesos con 70 centavos. Qué escándalo, entonces.

Beatriz Eugenia casi echa en cara de los ciudadanos que ella, como expresidenta de la AMMJE, recibió “un pin de oro y no de 14, sino de 18 (quilates), con una moneda de oro y con un brillante…”. A Pancho Arroyo debería caérsele la cara de vergüenza por regalarle un objeto tan insignificante.

Para la diputada panista, la decisión de aceptar o no el vilipendiado pin debe tomarse en grupo; si no, no vale. Y ya que lo mencionan, el diputado Diego Sinhué no rechazó el distintivo, lo devolvió por defectuoso, pero la aceptación o rechazo aún no se decide, lo grilla Beatriz Eugenia.

A título de estudios de caso, el priista, el perredista y la panista ya no sorprenden a nadie. Suenan los tres a política decrépita. En la licuadora de las canonjías mezclan bien. Se llevan bien.

El primero encarna como trasplante exitoso el regreso del priismo al (des)control del poder federal de México, y obra en consecuencia.

El segundo le roba el discurso y los modos para establecer que si se presupuestó, es correcto. Algo así como “no es ético, pero es legal”. Con la proclama bobalicona del escándalo como consecuencia de la afectación de intereses económicos, Alonso Raya se la ídem a los ciudadanos y no se la cree ni él mismo.

Y a Beatriz Eugenia, bueno, casi habría que agradecerle la generosidad de aceptar tan humilde presente. Aunque, a ver. Si el costo del pin equivale a dos pesos con setenta centavos diarios de su salario, no tendría problema alguno en solventarlo de su pecunio.

En la encuesta nacional de viviendas México: Confianza en instituciones más reciente, la policía se coloca como la de mayor desconfianza, con 35 por ciento, entre la población. Idéntico porcentaje al que obtienen los diputados. Por algo será.

LA JAULA

Más de Mancera. El jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, fue criticado severamente en las redes sociales luego de que la actriz Laura Zapata le solicitó ayuda, vía Twitter, por el choque de su hijo, y la respuesta fue inmediata, incluso del propio procurador del Distrito Federal, Rodolfo Ríos.

Aquí, la minihistoria:

“@ManceraMiguelMX Acaban d chocar a mi hijo camioneta roja Chevrolet placas 336 #@Viaducto y Circuito Interior Col Jardín Balbuena deleg V.C.”

Rodolfo Ríos respondió así de pronto:

“@ManceraMiguelMX @laurazapatam Laura, estamos pendientes para apoyarla”.

La propia cuenta de Centro de Atención del secretario de Seguridad Pública del DF atendió el llamado:

“@LAURAZAPATAM: Su familiar será llevado hasta su domicilio”.

En Twitter, surgió el HT ManceraHazmeUnParo

El periodista Federico Arreola tuiteó: “ManceraHazmeUnParo y el tráfico de influencia”.

Laura Zapata respondió airada:

“Siempre habrá personas que ven el punto negro en la pared blanca y tendrán motivos p ser infelices y tratarán de hacer infelices a los demás”.

Y bueno, hasta Carmen Aristegui participó: “ManceraHazmeUnParo Y haz que regrese Marcelo Ebrard”.

Pues, sí. Mancera en la red.

Comentarios y quejas: tigresdepapel1@gmail.com y @FPacomares

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