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27/03/13

Tigres de papel | Una manifestación triste / El rompecabezas imposible / Son espectaculares

Están de pie a mitad del patio central de la Presidencia Municipal de León. Son unos quince. Intentan un semicírculo. Los reporteros lo rompen una y otra vez. Llevan pancartas que son hojas de vida. En los garabatos, hay reclamos, denuncias y hasta orgullo. En los ojos, incertidumbre y amargura y rabia contenida. Son algunos de los policías que habitan el limbo de la confianza perdida.
Tigres de papel | Una manifestación triste / El rompecabezas imposible / Son espectaculares

Están de pie a mitad del patio central de la Presidencia Municipal de León. Son unos quince. Intentan un semicírculo. Los reporteros lo rompen una y otra vez. Llevan pancartas que son hojas de vida. En los garabatos, hay reclamos, denuncias y hasta orgullo. En los ojos, incertidumbre y amargura y rabia contenida. Son algunos de los policías que habitan el limbo de la confianza perdida.

Hace años, al sol del mediodía, serían los noventa, hubo un asalto a un banco pequeño allá en el Coecillo, en la esquina de Hilario Medina y La Luz. Ahora, allí venden tenis. Son de los All Star, a buen precio. Es el estómago de la Zona Piel. La alarma delató a los bandidos apenas a la puerta, en la huida. Dos policías en short, playera, calcetas y bicicleta les plantaron cara. Uno cayó muerto a tiros. El otro levanta las manos con una cartulina. Exige una liquidación en términos de ley.

La de los policías municipales, ayer, fue una manifestación triste. Un par de ellos hurgan en sus heridas en servicio, en busca de argumentos. Otros presumen sus expedientes sin mácula y retan a una revisión con testigos. Los más recuentan sus años, de seis a treinta, patrullando las calles que ya no son o arrumbados tras un escritorio en el último tirón.

Esta vez es de mezclilla, camisetas, bermudas. El corte de pelo, a regañadientes, se reconoce reglamentario. El sobrepeso se fugó del cinturón. Hay dos mujeres. Las dos están embarazadas. En algún lado, oyeron que así nos las pueden despedir. Que es ilegal. Quién sabe. Una de ellas alza la voz. También la mirada al balcón de los que mandan. Le recuerda a Bárbara Botello, a la que vio en campaña, que les pidió y les prometió apoyo. Las palabras se le quiebran y los ojos se le mojan.

Sus compañeritos de banca descienden por la escalinata. Dejan a Juárez. Se acercan de manera discreta. Casi levitan. De nacencia son los mismos, pero se ven diferentes. Estos todavía visten de azul con brillitos al pecho. Ha de ser por eso. Lucen distintos, pero son almas gemelas.

“A ninguno lo notifican, te meten a un cuarto, como a un delincuente, y te dicen: ‘Te vamos a regalar tanto’. ¿¡Regalar!?”. “Yo sí voté por ella porque es mujer”. “A mí que me paguen lo que es de ley y me voy”. “Nomás que limpien nuestro nombre”. “Sé que nadie me va a dar trabajo, ¿con esta quemada?”. “A ver, llevo cuatro exámenes. ¿Hasta ahorita?”.

Aquí un micrófono, allá una cámara. ¿Me repites tu nombre? Sus verdades en un aspersor que a todos salpique. Ah, chingá, a poco nomás los otros.

Ya ni siquiera sueñan con la reinstalación. El no, rotundo, que adivinan, ni el Pípila lo cargaría. Son dos cosas las que piden. Que les paguen como es debido y que les digan, a las claras, por qué los echan. Eso de los exámenes son puras… Ningún funcionario salió a atenderlos. A lo mejor porque es Semana Santa.

EL ROMPECABEZAS IMPOSIBLE

Álvar Cabeza de Vaca, secretario de Seguridad del gobierno del estado, lo advirtió desde hace meses. Desde el inicio de la Administración del gobernador, Miguel Márquez. Antes. Porque el asunto no es de las administraciones, municipal y estatal, que arrancan. Son hojas de la agenda heredada. Aquí en León, el exalcalde Ricardo Sheffield ya había echado fuera a 80 de los policías municipales reprobados por los exámenes de control de confianza que diseña y ordena la Federación, aplica el estado y finiquita el municipio. Del resto, que sólo ellos saben cuántos son, Ricardo ya no quiso saber nada.

El caso es que Álvar lo advirtió: están reprobados y no pueden seguir en la corporación. La decisión última, por razones constitucionales, efectivamente compete a la autoridad municipal. Pero el desacato tiene consecuencias. Adelantó dos, muy concretas: ni recursos federales del Subsemun ni coordinación con las fuerzas estatales.

A la primera avanzada, la alcaldesa Bárbara Botello y su secretario del Ayuntamiento, Martín Ortiz, dijeron no. Argumentaron que los exámenes no retrataban la realidad. Apelaron a los derechos de los uniformados. A la autonomía del Municipio. En su derecho, exigieron la revisión de los expedientes. Uno a uno. Nadie confirmó si la revisión se realizó. Pero el Municipio modificó su postura diametralmente.

Ahora, el gobierno de León coincide en su discurso con el estado y con la Federación. Reprobaron: se tienen que ir.

Públicamente, nadie acierta a saber cuántos. Primero, trascendió que eran 380 y los ochenta ya se habían ido. Ahora se habla de quinientos. La Administración de Bárbara Botello no confirma ninguna estadística y en ello le asiste la razón. Aquí sí, se trata de la estrategia de seguridad para los ciudadanos. En una corporación de mil elementos, no puedes decir: voy a echar a la mitad.

El problema está en los modos. Y en los montos. Los policías, al menos los que fueron ayer a la casa municipal, son de una claridad elemental: que nos digan claramente por qué nos despiden y que nos paguen lo que corresponde. Nada más.

Ni siquiera imaginan un pleito legal por la reinstalación. Se quejan, les duele, se ofenden porque les envían con un empleado de cuarta que les avienta su tarjeta de presentación y les pone en términos de favor una liquidación que consideran injusta y, que en casos evidentes, no resistiría el menor rigor jurídico.

Ahí siguen atorados y las partes, vacaciones de unos de por medio, no encuentran la salida, por más ancha que esta sea: los montos de las liquidaciones con el librito correspondiente en la mano y la autoridad competente al lado.

Los diez millones de pesos que sacó de la bolsa el Gobierno del Estado para animar el éxodo son insuficientes, claro, pero a juzgar por otros gastos, es difícil que el gobierno convenza a los ciudadanos de que la falta de dinero es un problema. ¿O no?

SON ESPECTACULARES

Tengo la ligera impresión de que esa película ya la vi: la Dirección General de Desarrollo Urbano de León va a crear una unidad especializada para la revisión de los anuncios espectaculares que hay en la ciudad.

Sí, ya la vi: el alcalde anterior, Ricardo Sheffield, hizo lo mismo. La publicitó hasta el hartazgo. En los hechos, a lo más que llegó fue a colocar en algunos de ellos, que carecían de permiso, unos pegotes amarillos enormes, que a lo único que contribuyeron fue a incrementar la contaminación visual y afear la ciudad.

Esta vez, otra vez, el objetivo de la unidad será regularizar en todos los sentidos los espectaculares que hay en León. Sí, ya recuerdo. Fue lo mismo que dijo Ricardo.

Que la regularización tendrá tres líneas principales: cuidar la imagen urbana; la revisión integral de licencia y pago de derechos; y el punto más importante, garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Este discurso, como su antecedente, son intachables; lo cuestionable es, primero, que sería todo un detalle de su parte que explicaran a los ciudadanos cuál es el punto de partida; es decir, el estado de las cosas que dejó Ricardo Sheffield en esta materia.

Y, segundo, la manera de verificar los resultados, que en la versión anterior fueron muy pobres, según confirmaría un simple vistazo a la ciudad. Pero bueno, como esta Administración apenas calienta, habrá que concederle el beneficio de la duda. A comenzar de nuevo.

De entrada, se anuncia la participación del Colegio de Ingenieros Civiles, con la finalidad de que capaciten a los inspectores de la Unidad de Vigilancia. Es decir, el colegio de referencia no participaba.

Esperan que la unidad opere en unos diez días. Su misión: lograr un censo confiable del número de espectaculares que hay en la ciudad, ya que a decir del director de Desarrollo Urbano, hasta este momento no se cuenta con el número real de cuántos tienen permiso y cuántos son irregulares. Ya decía yo, nada se hizo.

LA JAULA

Ayer escribíamos aquí del programa Paisano, que cuida de los connacionales que regresan de los Estados Unidos de Norteamérica, a visitar a sus familiares con motivo de la pausa de Semana Santa. De refilón, comentamos la urgencia que dice tener el presidente de EUA, Barack Obama, para que su propuesta de reforma migratoria sea aprobada.

De los compromisos de los políticos y los gobernantes de ambos lados de la frontera, pudiéramos escribir indefinidamente.

Ayer se conoció que un muchacho de 25 años, originario de Irapuato, murió en el desierto de Texas, a mitad de su intento por cruzar de manera ilegal hacia el país de las maravillas. Dejó acá a su esposa y a sus tres hijos de cinco, cuatro y tres años de edad.

De estos hechos, también podríamos escribir ¿indefinidamente?

Comentarios y quejas: tigresdepapel1@gmail.com y @FPacomares

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