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08/09/15

Una verdadera transición de la Universidad de Guanajuato

"Se debe tornar el proceso impositivo de designación hacia un proceso consultivo de elección mixta, que garantice la estabilidad institucional"

Una verdadera transición de la Universidad de Guanajuato

Ya es sabido por la mayoría de la comunidad universitaria, que la Honorable Junta Directiva de la Universidad de Guanajuato, con los antecedentes del Consejo General Universitario en el proceso de elección, designó el pasado jueves como próximo Rector General de la Universidad de Guanajuato para el periodo 2015–2019 al Dr. Luis Felipe Guerrero Agripino, personalidad universitaria, académico de prestigio con conocimiento y experiencia, además de ser un notable jurista. Sin duda, es grato y de esperanzarse que un ilustre legalista y gran contribuyente a la legislación local, presida el compromiso de trabajar sobre un escenario de irregularidades normativas en distintos rubros, en conjunto con la colmena universitaria que perseguimos los mismos fines de superación.

Claro está que la figura del rector debe ser la de un académico importante dentro del estado y del país, con capacidad para llevar a nuestra casa de estudios a los mejores planos en su desarrollo académico, la suficiente formación, con la suficiente práctica en gestión con miradas a la Universidad que merecemos, cualidades que caben en las virtudes de Guerrero Agripino y de muchos de los que han pasado por el mismo cargo.

La decisión anterior ha sido bien recibida por muchos docentes y alumnos, y reprobada por otros.

Reflejo de ello fue un proceso de elección caracterizado por proselitismo académico-estudiantil exageradamente maquillado, movimientos, alianzas y trabajos políticos muy anticipados, descalificaciones, intereses, reacciones tardías y permisividades descontroladas; de esperarse, con un tenso clima laboral administrativo y movilizaciones en tiempos de incertidumbre, la designación del rector no sería del todo pacífica.

Y es que aun cuando el modus operandi no haya sido el adecuado desde la imposición de candidatos a los espacios de gobierno y representatividad –que muchas veces se desconoce y otras se cuestiona- dentro de nuestra casa de estudios, con proyecciones a lo que se determinó durante todo este proceso, los participantes directos e indirectos deben alejarse de la postura de la vanagloria y orientarnos juntos hacia la autocrítica; pues debiendo ser una de las instituciones más críticas y reflexivas con que cuenta la sociedad, a veces nos mostramos dispuestos a analizar y pensar en todo, menos en nosotros mismos.

No podemos pensar en una cabeza brillante con un cuerpo coludido, en una contradicción entre el deber ser y la realidad, o en una demagogia entre el proyectar y el incumplimiento en el no realizar. Por ello la tarea de Guerrero Agripino será ardua, sobre todo a la hora de reordenar a nuestra UG, evitando caer en el juego mafioso del amiguismo o favoritismo, y mejor designando cargos en función de escalafones, trabajo, méritos, revisando posibilidades y analizando perfiles, no nombres y apellidos. Alejándose de toda persona que busque sembrar falsedad en un suelo destinado al cultivo de la verdad.

Una verdadera transición es aquella que limpia de vicios el buen ser y hacer, y que no imita el mal actuar.

La Universidad de Guanajuato, en su compromiso social, tiene qué alinearse con la sociedad y buscar ser vanguardista de eficacia y ética. Como institución autónoma gubernativa debemos abrazar los deberes que van en el interés de todos: neutralidad, pluralismo, democracia, trasparencia, y todos los valores que a la política y gestión pública le interesa promover.

Toda forma de gobierno debe consultar la participación de estudiantes y de profesores. Hablo de una participación no concebida como agregación o imposición de voluntades, que no tiene valor, donde una decisión no es mejor simplemente porque la adopte la mayoría, sino como una oportunidad de hacer valer las propias razones, pues hay más probabilidades de que una decisión sea correcta cuando existen razones que la apoyan.

Tarea de la Junta Directiva será, en un tema tan importante, el revalorizar la  discusión con participación democrática de la sociedad estudiantil, funcionarios y académicos como rol meramente consultivo, nunca determinante a la hora de tomar decisiones, ya que la evolución de este proceso debe buscar mecanismos innovadores para consultar a la comunidad universitaria, con la finalidad de evitar conflictos al interior.  Se debe tornar el proceso impositivo de designación hacia un proceso consultivo de elección mixta, que garantice la estabilidad institucional.

Notoria fue la demanda de mayor democracia por decenas de estudiantes y administrativos dentro de nuestra propia universidad, optando por un diálogo democrático entre los distintos estamentos, asegurando que los proyectos de trabajo y el proceso de elección en general, sean fiel reflejo de una sociedad que se autodetermina.

Es por esto que la naturaleza de la autonomía es democrática.

Una autonomía no debe entenderse como facultad de las autoridades para imponer decisiones sin la consideración de la sociedad universitaria. Se hace en comunidad y de manera democrática, o no es autonomía. No podemos hablar de autonomía universitaria cuando no existe una opinión propia y libre. La autonomía es lo que permite a los distintas instituciones educativas no verse cooptadas por intereses particulares.

Nuestro nuevo rector deberá atender todo esto expuesto al interior de nuestra máxima casa de estudios, así como lo que extramuros se habla.

En nuestras máximas instituciones educativas no debe existir más participación, en estas delicadas decisiones, que la de comunidades estudiantiles, maestros y catedráticos.

Los expertos ya evaluaban que dentro de las universidades latinoamericanas existen problemas de gobernabilidad, ya que "cuando se eligen rectores, decanos y directores de departamentos, es muy difícil tener una estrategia de la excelencia a largo plazo, porque el sistema se politiza por dentro"[1]. Y comento esto entre líneas porque otro actor indiscreto durante estos meses decisivos fueron los partidos y partidarios políticos. Entre grillas y pugnas internas en el poder, detrás del telón se hacía toda una farándula partidista de proyecciones en las carteras del sector público. Era visible algo así, siendo la designación del rector siempre un acontecimiento político de gran magnitud, y tentativo en los comités de partido.

Por lo pronto, estos actores deberán tener bajita la mano, frenando cualquier afán de promoción, contrario al trabajo focalizado del nuevo rector en el ámbito académico, sin dejar de tener buen entendimiento con los demás funcionarios en general.

Es crucial conocer y ejercer el respeto por el mencionado valor de la autonomía e ideario institucional, por las normas, por la libertad académica y por la manera de participación de la comunidad universitaria.

Debemos retomar nuestra misión clara, sumar esfuerzos de estudiantes y profesionales comprometidos, tener cultura interna de libertad y atrevimiento. Adquirir un carácter altamente internacional que atraiga a los mejores estudiantes de todo el mundo.

Es momento de que continuemos los estudiantes con ese sentido crítico objetivo, siendo observadores, siempre en búsqueda de mejorar. De que seamos, como lo pronunció en su momento Armando Olivares Carrillo, primer rector de la Universidad de Guanajuato, “una Universidad que tenga la visión grandiosa de la patria y de la humanidad total, donde la juventud sea llamada como obrera de vanguardia en la edificación de un mundo justo, de un mundo humano, de un mundo bueno, apto para el día de mañana”.

Confío en el humanismo e inteligencia del Dr. Luis Felipe Guerrero, esperanzado del comienzo de una nueva etapa de demostración de ideas y no mera retórica, no de intereses. Centrados en el “cómo”, así como lo mencionó en el último foro para la presentación de los proyectos de desarrollo; movidos por la compulsión de transformar nuestro sistema, y haciendo disonante toda injusticia. Una etapa de trabajo realmente en conjunto. La Universidad lo requiere y lo espera a partir del 27 de septiembre, con su toma de protesta.

Es tiempo de miradas amplias. Momento para dejar de esperar y mejor preguntarnos cuánto nos hemos preocupado en reconstruir y cuánto hemos hecho. Momento donde todos tengamos propuestas elevadas.

[1] Philip Altbach, director del Centro para la Educación Superior Internacional en Boston College.

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