Domingo. 20.10.2019
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Blanca Parra
11:50
21/07/14

Repensar la educación

"¿En qué momento la escuela decidió que la formación esencial, la que constituye la llave para los demás aprendizajes, es competencia de los padres de familia y no de la escuela? La lectoescritura ha sido abandonada en las escuelas de todo tipo y nivel (hay excepciones, como siempre) y los resultados están a la vista."

Repensar la educación

Como padre/madre de familia,
como docente/directivo,
como investigador,
como funcionario,
lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en el sistema educativo nacional, que la escuela sea pública o privada, es mi decisión de cambiar a Pako de escuela mientras cursaba el segundo año de primaria. Era ya octubre y la nueva coordinadora de primaria del Colegio Piaget, en Mixcoac, había convocado a los padres de familia de los dieciocho alumnos de ese grado para comunicarnos las nuevas disposiciones. Dijo que a partir de ese momento era nuestra responsabilidad revisar la ortografía y redacción de nuestros hijos y hacerlos que la corrigieran; y que deberíamos ocuparnos de la lectura también.

Dije que no. Desde antes de que Pako naciera ha estado expuesto a la lectura (leyéndole historias) y a la música de calidad. Hacia los cinco meses tuvo sus primeros libros, que conserva a los 34 años, uno en tela y uno plastificado. Gradualmente fuimos comprando otros libros e historietas que le interesaban, visitando librerías y ferias de libros. A los cinco años ya sabía leer y a partir del momento en que me di cuenta dejé de ser su fuente de consulta. Debió aprender a buscar en las enciclopedias y diccionarios. Se fue volviendo un lector independiente que conversaba conmigo sobre lo que leía, antes de que la escuela le "enseñara" a leer formalmente. Los festejos por su cumpleaños, a partir del sexto, consistían en invitar a los cuatro amigos más cercanos y llevarlos a la Feria del Libro Infantil y Juvenil de la ciudad de México: entraban a algunos talleres y, durante el recorrido por los stands, cada uno seleccionaba un libro. Posteriormente íbamos al cine y a comer hamburguesas.
Pero también escribía (en inglés, en francés y en español) desde esas épocas. Redactaba cuentos que ilustraba, creaba problemas (hay uno publicado), escribía cartas y tarjetas. De modo que, al iniciar el segundo año, continuar con esas prácticas no representaba ni un problema ni sacrificar algo de mi tiempo personal. Todo lo contrario. Conservo muchas de sus producciones. Los cuentos eran para sus amigos y, en preescolar, su actividad instó a la maestra a hacer que el resto de los niños de ese grupo lo intentaran.
Pero me negué a hacerlo mi obligación. Yo creo que es un deber de los padres apoyar totalmente el trabajo de la escuela, pero es trabajo de la escuela y del niño.  Pedí los papeles de Pako para darlo de baja, y en una semana estaba ya inscrito en el Colegio Williams. Otro rollo: "las tareas son del niño", me dijeron en la primera entrevista, y la exigencia académica era muy alta. 
¿En qué momento la escuela decidió que la formación esencial, la que constituye la llave para los demás aprendizajes, es competencia de los padres de familia y no de la escuela? La lectoescritura ha sido abandonada en las escuelas de todo tipo y nivel (hay excepciones, como siempre) y los resultados están a la vista. Los alumnos, incluso en la universidad, leen mal y no entienden lo que leen. Hay excepciones, por supuesto.
Muy recientemente uno de los alumnos (segundo semestre de licenciatura) comentaba que en su vida ha leído dos libros. Sus compañeras dijeron que leen las novelas de la serie de Twilight,  y Cincuenta tonos de gris. No tengo nada en contra de las lecturas de cualquier persona pero, ciertamente, éstas que ellos hacen no favorecen en lo absoluto el desarrollo del pensamiento crítico o los elementos para construir conceptos abstractos en física y matemáticas, especialmente, que son la base de los estudios de las ingenierías que cursan. Las dificultades de aprendizaje fueron más que evidentes a lo largo del curso.

Ni las familias ni las escuelas han ayudado a estos jóvenes a desarrollar las habilidades necesarias para desenvolverse con seguridad y para asegurar su éxito académico. La Universidad de Toledo, Ohio, elaboró una lista de las habilidades que un estudiante debería tener. Algunas de ellas, en categorías generales, son:

  1. Habilidades de investigación
  2. Habilidades de pensamiento crítico
  3. Habilidades organizacionales 
  4. Habilidades de resolución de problemas
  5. Habilidades  de pensamiento creativo
  6. Habilidades de pensamiento analítico/ lógico
  7. Habilidades para hablar en público
  8. Habilidades de comunicación oral
  9. Habilidades de adaptación

Una lista de las veinte habilidades más importantes, sin importar el área de estudio en las que el alumno incursione, se encuentra en A Comprehensive Checklist of the 21st Century Lerning and Work Skills. En este documento se encuentra el enlace a la lista de todas las habilidades, desarrollada por la Universidad de Toledo.
Y ahora la pregunta de los 64 mil pesos: como docente, como padre de familia, como profesional o como estudiante universitario, ¿cuántas de estas habilidades realmente poseemos? Y si tenemos hijos o alumnos en los ciclos de educación básica o media, ¿estamos seguros de que las están desarrollando?
Seguiremos conversando al respecto.

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