Lunes. 23.09.2019
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Blanca Parra
16:59
18/03/16

Viernes de Dolores

"No habrá paz, lo sé muy bien, mientras no encuentren ese espacio que necesitan"

Viernes de Dolores

Encontraron refugio en el Expiatorio, al salir de clases. Mucho por decirse y ningún espacio privado para hacerlo; los compañeros, los amigos, los maestros y, en las calles y los parques, los curiosos.

Viernes de Dolores en pleno mediodía y, por supuesto, hay misa.

Él no puede tener las manos lejos de ella; la enlaza, la besa, se acurruca en ella. Ella es más mesurada y consciente de la presencia de los fieles. Ocuparon la última fila pero al momento de darse la paz es evidente que los otros los observan, tal vez reprobando su comportamiento dentro del recinto y durante la celebración. 

Se desean la paz sin mirar alrededor, interrumpidos por algún acomedido; un deseo de paz contradicho por la voluntad de los cuerpos que piden otra cosa casi a gritos. Ambos lloran mientras terminan el rito con un tierno beso.

Los momentos de la consagración y la comunión se llenan de abrazos, suspiros y llanto, ausentes del mundo. La bendición se la dan entre ellos, persignando al otro. 

Pueden ir en paz, dice el sacerdote, y las lágrimas vuelven a fluir mientras recogen sus cargamentos escolares. 

No habrá paz, lo sé muy bien, mientras no encuentren ese espacio que necesitan. Y probablemente será el primer viernes que duela infinitamente y sin remedio.

Lloré con ellos, como siempre y sin remedio.

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