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11:03h. Miércoles, 22 de Mayo de 2019

La cultura en la Tetracultura

“Pareciera que la descentralización de acciones, esfuerzos, atención y, sobre todo, presupuesto, es sólo un elemento discursivo para agentes culturales en tiempo de elecciones…”


[En coautoría con José Manuel Hermosillo]

El problema de las autoridades culturales de la Tetracultura no es la falta de carácter, decisión o tino; tampoco la falta de un proyecto que sirva como base para articular una política cultural, y mucho menos esa incapacidad que confunde la descentralización con la ocupación de un edificio en Tlaxcala. No; el problema de la Tetracultura es la confusión de lo grandote con lo grandioso, diría Ibargüengoitia.

Grandota es la idea del presidente de abrir Los Pinos a toda la gente; grandiosa la propuesta de dedicar dicho espacio al arte y la cultura. Grandota es la pretendida ampliación del proyecto Chapultepec a 800 hectáreas; grandioso sería hacer de éste un verdadero espacio artístico y cultural con eso que tanto detestan, estudios y diagnósticos, dejando a un lado las absurdas comparaciones con Central Park. Grandota es la idea de redistribuir la riqueza cultural; grandioso sería apuntalar la descentralización presupuestal, de actividades, programas y políticas culturales en todo el país.

La descentralización cultural es algo tan sobado como el 1 % a la cultura que escuchamos en todos los foros de consulta, quizá porque hemos dejado de leer y escribir para dedicarnos a cortar y pegar. En su momento, Sari Bermúdez decidió apostar todo su programa estrella de fomento a la lectura en la millonaria Biblioteca Vasconcelos, en lugar de impulsar un programa nacional descentralizado, como se le sugería. Sergio Vela decía que ya no era necesario pagar más estudios para saber que era necesario descentralizar acciones; acto seguido, no sólo pagó a Solana y Asociados un estudio para ello, sino que liberó alrededor de seis millones de pesos etiquetados por la Cámara de Diputados para hacer un Diagnóstico Nacional de Cultura, que terminó siendo un librote bien grandote que nadie conoce. Consuelo Sáizar invirtió en la Segunda Encuesta Nacional de Hábitos, Prácticas y Consumos Culturales, que entre otras cosas dejó clara la necesidad de descentralizar acciones; aunque también realizó el Centro Cultural Elena Garro. ¿Dónde? En Coyoacán. Rafael Tovar estaba convencido de la necesidad de descentralizar el trabajo de la ahora Secretaría, pero al mismo tiempo autorizaba proyectos como el donativo de 100 millones de pesos a la Academia Mexicana de la Lengua, para comprar una sede. ¿Dónde? En Coyoacán.

Hoy la Tetracultura viene con el slogan de cambiar la cultura del poder por el poder de la cultura, cuyo eje es la descentralización. En su florido lenguaje, algo así como redistribuir las bondades de la riqueza cultural. Comienza ocupando un edificio en Tlaxcala (Aunque sigue pagando más de 180 millones en rentas en el centro del país), y remata anunciando la inversión del esfuerzo institucional, la atención y un presupuesto que no se tiene, en el Proyecto Chapultepec. ¿Dónde? ¡Exacto, adivinaron! en el centro del país. Así, sin diagnóstico, sin estudios, sin el programa nacional de cultura terminado, en medio de las consultas para la realización del Plan Nacional de Desarrollo.

Si algo tiene la Tetracultura son entusiastas agentes culturales. Artistas, curadores, museógrafos, gestores y promotores culturales, en todas partes, no sólo en La Condesa, pero decidió juntar el hambre con las ganas de comer, recurriendo a un artista, un gran artista contemporáneo, que vive del salario emocional del arte y la cultura, que se encuentra quizá aburrido o con ganas de hacerle un poco al Frank Gehry. No lo sabemos. Nuestro reclamo a la Tetracultura sigue siendo, luego de las invitaciones a Laura Esquivel, a Horacio Franco, a Luís Mandoki… que deje a los creadores ser creadores.

Pareciera que la descentralización de acciones, esfuerzos, atención y, sobre todo, presupuesto, es sólo un elemento discursivo para agentes culturales en tiempo de elecciones. Lo dicho: confunden lo grandote con lo grandioso. Por ello hay que aclararles que ocupar un inmueble en Tlaxcala, no es ni el inicio de una descentralización cultural; es parte de la cultura del poder, esa que pretenden cambiar por el poder de la cultura.