César Zamora
18:49
14/10/14

'Yorubizar' la vida pública: el caso de Karla Silva

"No someterse a los dictados del funcionario resultó ser una bocanada de aire fresco en un bosque infestado de ghost writers que lanzan la piedra y esconden la mano..."

'Yorubizar' la vida pública: el caso de Karla Silva

Los intelectuales más equilibrados se tornan, con frecuencia,
terriblemente agresivos al 
propugnar la urgente necesidad 
de suprimir la agresión
Desmond Harris
El mono desnudo

Todos los medios de influjo local centraron sus baterías en alabar al Presidente Municipal, pero su trabajo periodístico se alejó –y por mucho– de los titulares panfletarios y las listas de regalos. A contracorriente, Karla hizo lo que un profesional sabe hacer: mostrar las dos caras de la moneda y no sólo reproducir la versión del gobernante.

No someterse a los dictados del funcionario resultó ser una bocanada de aire fresco en un bosque infestado de ghost writers que lanzan la piedra y esconden la mano. Algunas veces, no pudo presentar la postura señorial, porque el Síndrome del Avestruz postró a un alcalde ‘tronado’ desde adentro, una figura pública sin buen asesoramiento.

La callada anulación de sí misma jamás constituyó la cualidad a la cual debía apuntar sus esfuerzos. Dicho en otras palabras, nunca hubo intento alguno por publicar desplegados tendientes a distorsionar lo que sucedía en las calles.

Desde la periferia de un circo se informaba que los “leones” que enarbolaban la bandera del apoyo social se habían evaporado, o mejor aún: que nunca habían existido. La dichosa “actitud de servir” estaba en duda y la intransigencia de un grupo sectario estaba por inscribirse en la historia universal de la infamia. Algo turbio estaba por fraguarse.

Más de algún funcionario se desconcertó por un ejemplo femenino de combatividad y crítica: ¡¡¡¿por qué diantres no había fuerza varonil entre el equipo de consultores para evadir la crítica bien fundamentada de una mujer?!!!

En efecto. Una mujer había puesto a temblar a toda una estructura, endeble desde el principio, pero que ya sufría los efectos devastadores de un seísmo no previsto en términos mediáticos… y sin remedio a la vista.

Normalmente, una mujer inmersa en el ámbito periodístico, lleno de insidias y traiciones, se inclina por la nota light, la información deslactosada, sin embargo, ella, a semejanza de lo ocurrido con Juana de Arco  en la Francia del siglo XV, desenvainó la pluma para diseccionar temas torales del Ayuntamiento en la sección Silao del diario El Heraldo de León1.

Recuerdo a Karla como estudiante de Ciencias de la Comunicación, atenta, acuciosa, tomando nota de todo cuanto yo hablaba sobre la evolución de la prensa desde el México pre–independiente, el arrojo de los sanjuanistas y el papel de los medios en la sociedad actual2. E igual la veía en la liza pública: atenta y acuciosa, cuestionando el quehacer gubernamental, negándose a ser pluma mercenaria, a pesar de que muchos funcionarios de medio pelo no pudieran disimular la misoginia que por dentro los devoraba.

A mediados de 2014, el desconcierto seguía dentro del gobierno municipal e inclusive hubo muchos titubeos en el accionar de varias dependencias, sobre todo en Comunicación Social, cuyo titular, carente de cualquier propuesta teorética, caía en la tentación de coartar el trabajo periodístico que no alabara el desempeño del primer edil silaoense y que, a manera de efecto colateral, lesionara los intereses del supuesto delfín del alcalde Enrique Solís: Álvaro Caballero.

Ni el Alcalde ni el Director de Comunicación Social –Cruz Sánchez– atinaron a delinear una estrategia para sortear la percepción negativa derivada del trabajo crítico de Karla en las planas del Heraldo.

¡¡¡¿Por qué una mujer hacía añicos a la Administración Municipal encabezada por un cada vez más desesperado Enrique Solís?!!!, ¿no debería estar en su casa, viendo telenovelas o lavando la vajilla?

En un mundo donde todo está planeado al servicio del hombre y donde hasta lo que viste la mujer lo decide el hombre, ¿no debería estar pensando en preparar una sopa, en vez de criticar las acciones fallidas de un monopolio masculino?

Lamentablemente, la mujer ha sido condenada a servir al hombre y, cosa pocas veces explicada, por la vía de los mitos –como la virginidad o el matrimonio inquebrantable–.

A partir de la invención de la rueda –nos explica Marvin Harris–, los varones uncieron bueyes a carretas y adquirieron la especialidad de conducir vehículos de tracción animal. Tal situación, debe decirse, complejizó el transporte de cosechas y el comercio –tanto local como a larga distancia–, volviéndose sumamente necesario el llevar registros de todo lo acontecido en los intercambios y, desde luego, la responsabilidad de “tomar nota” recayó en los hombres3. De acuerdo con el mismo Harris, los primeros escribas y contadores fueron hombres, es decir, la expresión “tomar nota” siempre ha imbricado una connotación masculinizada.

El ver a una mujer “tomar nota” para empaquetar la inconformidad de gran parte de la población en notas informativas impacientó  al grupo en el poder y los intentos de censura pronto se hicieron notar desde arriba. Algo turbio se estaba fraguando.

Fantasear con un municipio Disney, con calles caramelizadas y edificios de chocolate, se volvió cosa cotidiana al interior del gobierno local, a manera de mecanismo inmaduro para defenderse de los comentarios cada vez más negativos de la opinión pública –la opinión pública no está de acuerdo con las últimas medidas del gobierno, como perforar las calles céntricas.

Otra mujer, Claudia Vélez, regidora del Partido Verde, atizó el tema mediante opiniones que amenazaban con fragilizar la figura presidencial e, indudablemente, quedó al descubierto que el varón teme el empoderamiento femenino en la vida pública.

¡¡¡¿Por qué una mujer se atreve a cuestionar la postura del varón en el ámbito político?!!! ¿No debería estar lavando trastes?, ¿no debería estar pensando en comprar una blusa en Zara o soñar con un galán siempre fiel que la lleve de viaje por Europa?

Cada vez resulta más común ver mujeres críticas en la política, en la liza pública: Karla Silva abriendo brecha en el periodismo y Claudia Vélez desafiando el status quo4.

Tal vez no haya otra Safo de Lesbos u otra Hipatia de Alejandría, pero sí escucharemos voces similares a las de Susan Sontag (1933–2004), quien siempre intentó hacer pensar desde otro punto de vista (criticó las invasiones de Estados Unidos en Medio Oriente y por eso fue blanco de múltiples campañas en su contra).

Entre los yoruba, un pueblo del África occidental, existía un cargo ocupado por mujeres y denominado “madre de todas las mujeres”. La reina yoruba de la población femenil se encargaba de coordinar los intereses femeninos en la administración y las relaciones comerciales, impartía justicia, destrababa conflictos y decidía que posiciones debían adoptar las mujeres en diversos asuntos públicos.

Las yoruba cultivaban sus propios productos, dominaban los mercados locales, formaban clubs femeninos y se movilizaban en masa cuando se exigía desagraviar el abuso de algún varón5.

Si las mujeres afro–occidentales alcanzaron un alto estatus fuera de la esfera doméstica, ¿por qué diantres no yorubizar la vida pública en la actualidad y revalorizar la voz femenina en los asuntos públicos?, ¿por qué no yorubizarnos un poquito la política?

…Y retomando el caso concreto de Karla Silva, resulta inexorable yorubizar un gobierno incapaz de adquirir un control sobre las palabras y los efectos de éstas en los demás.

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1A los 16 años (en 1428), Juana de Arco estaba más interesada en la política de lo que hoy en día se interesarían las personas de su edad. Esta jovencita exasperó a los capitanes, a quienes quería enseñar el arte de la guerra.

2En 2009, a quien esto escribe le pidieron hablar sobre asuntos públicos e influjo mediático local con estudiantes de la Universidad de León (UDL). A principios del siglo XIX, se fundó en Mérida el grupo de los sanjuanistas. Pretendían dar a conocer al pueblo sus derechos y propagar los principios de libertad. Para ello, don Francisco Bates hizo traer de Europa la primera imprenta que tuvo Yucatán y pudieron publicar el periódico “El Aristarco”.

3Marvin Harris explica en “Nuestra especie” (págs. 342 y 343): con la invención de la rueda y la aritmética, los varones se destacaron como primeros escribas y contables. Por extensión, se convirtieron en el sexo alfabeto: sabían leer y escribir y entendían de aritmética. Y esto explica por qué los primeros filósofos, matemáticos y teólogos históricamente conocidos fueron de sexo masculino, no femenino (…). Al alborear la época moderna, los varones determinaron los ámbitos político, religioso, artístico, científico, jurídico, industrial, comercial y militar en las regiones en que la subsistencia dependiese de arados tirados por animales.

4Fuera de apasionamientos políticos y teorías conspiracionales, aquí sólo se trata de reconocer la postura de mujeres independientes que defienden el concepto “pluralismo político” como una manera de potencializar la igualdad entre las personas y la participación cada vez más activa de la mujer en asuntos públicos.

5En la página 342 de “Nuestra especie” podemos leer lo siguiente: “un varón que infringiese las normas mercantiles de las mujeres, permitiese que su cabra devorase los cultivos de una mujer o maltratase a la esposa, se exponía a una venganza colectiva.

Referencias básicas:

• Algarabía Pocket 3. Mujeres: sexismo y liberación. Mayo–junio de 2012, año 1. México: Editorial Otras Inquisiciones.

• Barreau, Jean–Claude y Bigot, Guillaume (2009). Toda la historia del mundo. México: Punto de Lectura.

• Del Río, Eduardo (1974). ¿Son necesarias las mujeres?, en el volumen XIII de Números agotados de Los Agachados. México: Editorial Posada.

• Del Río, Eduardo (2010). La revolución femenina. México: Random House Mondadori.

• Harris, Marvin (2006). Nuestra Especie. Madrid: Alianza Editorial.

• Morris, Desmond (2003). El mono desnudo. Barcelona: DeBolsillo.

• Norwood, Robin (2006). Las mujeres que aman demasiado. Madrid: Zeta Bolsillo.

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