Corre por Las Joyas, una carrera improbable • David Herrerías

“…no se trataba, como siempre sucede, de llevar la ruta a las partes «conocidas» de León, sino de hacer que León entrara a Las Joyas…”
Corre por Las Joyas, una carrera improbable • David Herrerías

Hay ideas que nacen creyendo que van a servir para una cosa y terminan sirviendo para otra. Así fue ésta. Pensamos, en la asociación con la que trabajamos en Las Joyas, en León, que una carrera atlética podría ser una forma de hacernos de recursos. Y empezamos a idear una. Pero no tendría sentido armar un evento deportivo como cualquier otro. Tendría que vincularse a lo que hacíamos en este polígono de desarrollo. Y ahí empezó todo.

Dijimos que no se trataba, como siempre sucede, de llevar la ruta a las partes “conocidas” de León, sino de hacer que León, entrara a Las Joyas. Nos propusimos hacer una ruta que ayudara a recorrer el polígono en toda su complejidad: las zonas rurales, semirurales y urbanas; las calles pavimentadas y las de tierra; las zonas altas y las bajas. Queríamos que fuera una carrera que los habitantes de Las Joyas fueran adoptando como suya y que los niños y niñas de las Joyas empezaran a correr, para sembrar el gusanito del atletismo en sus jóvenes piernas.

Las ideas tienen que pasar primero por el filtro del escepticismo. ¿Quién va a querer meterse a las Joyas a correr ahí? ¿Quién va a querer patrocinar una carrera en donde a nadie le interesa promocionarse? ¿Cómo vamos a organizar una carrera si ni corredores somos?

Nos decidimos, a pesar de todo, a realizar, como dicen los cronistas, “la justa atlética”. Nos asesoramos, desde luego, con personas que saben del asunto. Pero desde el principio nos dimos cuenta de que organizar una carrera en las zonas más mal urbanizadas de la ciudad nos iba a costar más que irnos a lo planito y pavimentado. Y así es siempre: vivir en los márgenes de la ciudad sale más caro que vivir en el centro.

Además de cuidar todos los aspectos clásicos de las carreras (publicidad, medición, jueces, trazado de ruta, premios, patrocinios etc.) tuvimos que atender problemas específicos. El primero eran las fechas. Como una buena parte de la ruta se corre por calles de tierra, teníamos que buscar una fecha en la que muy probablemente hubieran caído algunas lluvias, pero no en plena temporada, porque si no, sería un lodazal. Elegimos los primeros días de junio, y logramos apartar la fecha en el calendario de carreras del municipio.

El segundo problema es que, en la ruta, los domingos hay extensos tianguis que bloquean muchos de los pasos. De hecho, en la primera edición tuvimos que modificar la ruta sobre la hora, porque fue imposible convencer a unos tianguistas de abrir un paso de unos metros para los corredores.

Otro problema son las condiciones de algunos tramos que debemos arreglar con el apoyo de obras públicas. Hay un arroyo en el que tenemos que poner un puente provisional para que pueda pasar la caravana de avanzada y los corredores.

También nos interesaba, y nos interesa, que la comunidad se fuera involucrando en el evento. Hacemos un trabajo de calle, para visitar las casas por la ruta, y aprovechamos nuestro trabajo previo para sumar a más de 100 voluntarios en la organización.  El tema de la seguridad es igual al de todas las carreras, pero a nosotros nos interesa especialmente que haya saldo blanco, porque parte de lo que buscamos es romper prejuicios sobre la zona. Por eso ofrecemos estacionamiento gratuito y seguro, y transporte en autobús a clubes de corredores.

Al final, la carrera se ha realizado tres veces, y las condiciones de la zona la hicieron una de las carreras más interesantes de la región. Los accidentes geográficos y urbanos generan una ruta muy retadora e interesante para los corredores.  Lo sorprendente fue que logramos hacer la primera en 2017, y de ahí en adelante ha ido creciendo en participación. No han faltado los comentarios en redes sociales que surgen desde el prejuicio: “¿nos van a poner un policía a cada quien?” “¡Corres más, porque si no, te asaltan!” Ya sabíamos que vendrían, pero los que se han atrevido a probar, regresan a sus casas con otra idea de Las Joyas, y en su gran mayoría la recomiendan. En la última, más de 300 corredores eran jóvenes menores de 18 años, la mayoría de las Joyas. Nos ha ayudado mucho el apoyo de corredores mundialistas de la talla de Daniel y Gualberto Vargas, o de Regina Yamín, que la corren año con año.

Eso si, para lo único que no ha servido, es para obtener recursos. Pero vale la pena. Este 12 de junio puedes venir a conocerla. (busca Corre por Las Joyas en Fb).

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