Correr por las Joyas

"...«meter» la ciudad de León a Las Joyas. Lograr que durante un día, cientos de corredores de todos lados del Valle de Señora recorran esta zona, y se sorprendan con espacios que no imaginan, dentro de este suburbio que es también «su ciudad»...”

Correr por las Joyas

Un fenómeno común a todas las grandes ciudades son los suburbios. Ésta es una palabra que tomamos del inglés “suburb”, pero que viene de la antigüedad, probablemente, cuando las ciudades, para protegerse, se construían en lo alto de las colinas; la ciudad crecía y las personas más pobres se veían obligadas a establecerse hacia las faldas, abajo, y generalmente sin la protección de las murallas citadinas. Actualmente se habla de suburbios para referirse a los asentamientos humanos en los límites de las ciudades. En Estados Unidos –y sólo ocasionalmente, en algunas ciudades latinoamericanas– los suburbios pueden ser espacios abiertos con condiciones de vida mejores que en los límites de las manchas urbanas, con todos los servicios propios de la urbe, pero con una mayor cercanía a espacios verdes; fraccionamientos campestres, “klosters” exclusivos, comunicados con la ciudad a través de buenos caminos.

Pero en Latinoamérica, cuando nos referimos al término suburbano, generalmente estamos hablando de esos conglomerados humanos que se establecen en la orilla, no por una decisión estratégica, sino expulsados por las condiciones económicas que hacen imposible vivir en otras partes de la mancha urbana. Nuestras ciudades parecen organismos vivos que expulsan con una extraordinaria capacidad de selección económica, a los más pobres, y los lanzan hacia afuera. Normalmente este efecto se refuerza con las inversiones públicas y privadas que tienden a centralizarse en las zonas de por sí mejor dotadas. Los suburbios latinoamericanos (chabolas, villas de emergencia, favelas, ciudades perdidas, cinturones de miseria, polígonos de pobreza, o ahora, polígonos en desarrollo…) forman parte de las ciudades por contigüidad y son, frecuentemente, “ciudades dormitorio”, porque son el lugar de descanso de empleados, obreros, trabajadoras domésticas y comerciantes en pequeño, que tienen su trabajo en la ciudad, en “la otra ciudad”.

Vivir en la metrópoli, pero fuera de la metrópoli: hablar de la ciudad como si fuera otra, es un rasgo cultural distintivo de quienes viven en estos suburbios. La ciudad no es la suya, porque hay límites entre una urbe y la otra. A veces estos son claramente visibles: grandes avenidas que se cortan donde empiezan los pobres, puentes que no se hacen, calles que no se pavimentan. Lo peor es que esta distancia se acentúa con los servicios de menor calidad, el transporte más lento y lejano, las tiendas más caras. Todo esto provoca que los más pobres paguen más por los mismos servicios. La ciudad marginal lo es no sólo porque en ella vivan los que llamamos marginados, sino porque la mantenemos al margen, y los de un lado la ven fuera y los del otro se saben afuera. Romper esos cascarones –físicos y culturales– que las cercan, es una tarea fundamental para la vivencia plena de los derechos humanos de sus habitantes. La prioridad que se ha dado en León en los últimos años a las inversiones de obra pública orientada hacia estas zonas, es una estrategia positiva, sobre todo, la que se concreta en vialidades estratégicas y la inversión en servicios y fuentes de empleo cercanas.

Pero hay que seguir impulsando más acciones que, poco a poco, vayan rompiendo también el cerco mental, la concepción que los hace una ciudad aparte. Estamos impulsando en Las Joyas, uno de estos suburbios leoneses, una carrera atlética de 12 y 6 km. La idea es “meter” la ciudad de León a Las Joyas. Lograr que durante un día, cientos de corredores de todos lados del Valle de Señora, recorran esta zona, y se sorprendan con espacios que no imaginan, dentro de este suburbio que es también “su ciudad”. Una ruta que tendrá una variedad de condiciones, porque así de complejo es este polígono urbano: veredas y presas habitadas por patos; calles pavimentadas y terracerías; subidas y bajadas sucesivas y vistas panorámicas. Queremos que los visitantes descubran el potencial de esta zona, y cómo es probable, todavía, hacer de las Joyas un modelo de desarrollo incluyente, aprovechando sus potencialidades, sus áreas verdes, sus represas, su capacidad de organización.

Al mismo tiempo, queremos que ese día, la gente de las Joyas salga a correr, una práctica todavía poco frecuente en la zona. Queremos que corran, porque correr es uno de los deportes más democráticos: todos pueden correr. Queremos fomentar en los jóvenes y adultos en las Joyas el gusto por las carreras, para que pronto los podamos ver en otras carreras de la ciudad: para que León entre a Las Joyas y Las Joyas sienta que su ciudad es León, la ciudad entera.  Queremos que la gente de las colonias en las Joyas, abra el zaguán para ver pasar a los corredores, y con ese pretexto, limpiemos la calle, arreglemos un poco, convivamos un rato. Queremos que ese día la fiesta sea en las Joyas, que las Joyas sea el centro y la noticia en la ciudad. Sabemos que será una carrera diferente; los que la corran se sorprenderán por la exigencia del recorrido, por sus transiciones, por la variedad de vistas, pero también por la seguridad en el recorrido, por la calidez de la gente y por ser la única carrera amenizada con música orquestal en vivo, por la Orquesta Infantil y Juvenil Sonar las Joyas, misma que será beneficiada económicamente si algo de recursos quedan después de pagar los premios.

Se trata, a fin de cuentas, de tender puentes, de derribar los muros físicos y mentales que nos separan. Se me olvidaba: es el 11 de junio. ¡Hay que correr por Las  Joyas! (augeac.org)

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