David Herrerías Guerra
15:08
09/10/18

“Qué habiendo durado el mal mucho...”

"Y así estamos, con la ilusión de que tantos años de borrascas nos permitan entrever, ya pronto, que se serena al tiempo..."

“Qué habiendo durado el mal mucho...”

“Sábete, Sancho, […]que todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca”.

El epígrafe consigna lo que dijo Don Quijote después de perder varias muelas y ser molido bajo una lluvia de piedras. Nosotros, que conocemos la historia completa, sabemos que el ilustre caballero no vio mejorar su suerte en lo poco que le quedaba de vida. Compartimos la sensación con él, de que “nos ha durado mucho el mal” y quisiéramos pensar igual que el noble hidalgo, que “no es posible que el mal ni el bien sean durables”.  Pero el problema es que –siendo más pragmáticos que el Caballero de la Mancha– no sabemos con precisión en cuántos años o lustros se traduce aquello de lo “durable”.

Y así estamos, con la ilusión de que tantos años de borrascas nos permitan entrever, ya pronto, que se serena al tiempo; aunque las condiciones meteorológicas no estimulan la esperanza: en Guanajuato la violencia va al alza mes con mes y el “golpe de timón”, tan anunciado, no se deja ver lo necesario, dada la urgencia de enfrentar la tempestad que nos abisma.  Sin embargo, tengo razones para creer que en León hay señales para pensar en un cambio favorable en el tema del delito y la violencia. Me explicaré en el espacio que me resta, porque, seguramente, más de uno habrá enarcado las cejas.

Durante los últimos dos años, la mesa Ciudadana de Seguridad y Justicia ha acompañado los esfuerzos para abatir el delito en León. Una de sus tareas, ha sido la búsqueda de alternativas al sistema de policía vigente en casi todo el país. Es claro, que el modelo de policía y en general, el modelo de impartición de justicia, el de atención a las víctimas y de resolución de conflictos, son deficientes.  Y frente a la evidencia de la inutilidad de la medicina, lo único que se nos ha ocurrido, es aumentar la dosis (más penas, más multas, más armamento) o cambiar al doctor, para que recete la misma medicina.

 

Antes del anuncio de la ratificación de Luis Enrique Ramírez Saldaña en la Secretaría de Seguridad –que desencantó a muchos– el Alcalde hizo la presentación de Bernardo León, como el gestor de una nueva propuesta de policía. Bernardo es un académico, consultor, que ha recorrido todos los niveles de la administración pública, y que saltó a la fama a nivel nacional por el trabajo que hizo en Morelia, cuando fue comisionado de seguridad en ese municipio. El orden que se siguió en la presentación de ambas cosas –modelo de seguridad, ratificación– ya es una señal: más importante que las personas concretas, es el plan y el modelo. Las personas pueden cambiar, pero las instituciones deben ser capaces de implementar modelos exitosos más allá de quienes las conduzcan. Otra buena señal, es que el Alcalde reconoce que la propuesta de este nuevo modelo, y de la misma contratación de Bernardo León, viene de las ideas que han emanado del Observatorio Ciudadano y la Mesa Ciudadana de Seguridad.

¿Por qué la Mesa y el Observatorio han insistido en este modelo? Porque tiene los ingredientes necesarios para construir una propuesta diferente de atención al problema de la delincuencia con una perspectiva de éxito razonable, puesto que se ha probado su eficacia en otras ciudades. La propuesta que delineó Bernardo León tiene 7 puntos, pero me interesa destacar 3, en los que finco buena parte de mi esperanza.

Un primer aspecto, quizás el eje toral, tiene que ver con la construcción de indicadores efectivos que nos ayuden a medir el avance o retroceso de los hechos delictivos. Lo que no se mide, no puede mejorarse. Un segundo aspecto, es el de la policía de proximidad. Durante años se ha construido la imagen de que la función del policía es estar atento para multarnos o extorsionarnos en cuanto le demos la oportunidad. La imagen del policía represor, lejano a la gente que solo atiende los casos en los que la violencia ya es grande, y que siempre llega tarde. La idea es crear un perfil de policía amable, cercano a la gente, cuya labor principal sea resolver los problemas de los vecinos, atender a las víctimas desde la comisión del delito hasta que puedan retomar su vida cotidiana. Un policía mediador y preparado para apoyar a las personas. Eso no quiere decir que se eliminen los cuerpos de tarea y los policías de reacción, que deben atender los casos de violencia en los que se les requiere.

Finalmente, la justicia cívica y la prevención de la violencia. Hay cerca de 120,000 consignaciones de infractores en León, según comentó Bernardo. La gran mayoría son jóvenes que cometieron delitos menores o faltas administrativas.  Pero de entre ellos irán surgiendo la mayor parte de los delincuentes mayores, porque, si no se les ofrecen alternativas, irán escalando los niveles de violencia. La idea es crear formas de sanción que en lugar de encerrar treinta y seis horas o de poner una multa, se apliquen sanciones alternativas con recursos psicoeducativos para romper la tendencia criminal de estos jóvenes.

La propuesta es más amplia, pero en conjunto, es una señal de que no se quiere insistir en modelos y estrategias que sabemos que no han funcionado. No será fácil, pero ilusiona que el gobierno de León se atreva a intentarlo.

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