David Herrerías Guerra
13:38
29/01/19

La historia de terror de nuestro sistema educativo

 

"... el héroe, que parece haber vencido a los monstruos o extraterrestres o lo que sea, sonríe satisfecho: parece que al final la paz reinará en el mundo. Pero resulta que cuando estamos a punto de pararnos de la butaca..."

La historia de terror de nuestro sistema educativo

Al final de grandes aventuras y de luchas espectaculares, el héroe, que parece haber vencido a los monstruos o extraterrestres o lo que sea, sonríe satisfecho: parece que al final la paz reinará en el mundo. Pero resulta que cuando estamos a punto de pararnos de la butaca, unos segundos antes de los créditos, el director nos deja ver que la bestia logró enquistarse y ya está en el vientre de la heroína, o en un huevo que se va en el equipaje. Para los productores de cine puede ser, simplemente, un recurso para poder filmar la segunda parte de la serie. La moraleja: fácilmente el mal puede permanecer enquistado, latente o visible, y reaparecer en una realidad aparentemente conquistada.

En México pensamos que habíamos conquistado la democracia hace muchos años. Y es verdad que logramos la alternancia y que avanzamos en muchos rubros: en libertad de expresión, en transparencia... Pero hay también algunas asignaturas pendientes que han permanecido enquistadas y resurgen en cada sexenio sin que podamos eliminarlas.  Entre ellas, la más grave, la de la educación. Y no es un problema que tenga nada más que ver con la falta de recursos para invertir en educación o con que tengamos malos alumnos o maestros. El problema de la educación en México ha sido y sigue siendo un problema político. Y sigue siendo, a pesar de la alternancia, porque recién llegado al poder el PAN se dio cuenta de que el sindicato magisterial, que tan eficientemente había servido a las causas priistas, durante tantas décadas, podría ser un aliado también del partido. Mantuvo entonces todas las canonjías de las cúpulas sindicales y les permitió fortalecerse, de tal forma, que al final de los sexenios azules, la maestra Elba Esther no sólo era dueña del sindicato, sino que contaba con una herramienta más para obtener recursos públicos y poder político: su propio partido.

Y no se equivocaron, en términos electorales: en las elecciones del 2006 el nuevo partido de la líder vitalicia les dio el triunfo. Sin los votos del PANAL, Calderón no hubiera ganado (recuerde que la diferencia con López Obrador fue sólo de 250 mil votos). El 4% de votos disciplinados a Elba Esther, son demasiado interesantes para cualquiera; pueden decidir una elección y eso hacía a la Maestra poderosa e intocable. El idilio con el poder se rompió con Peña Nieto. A las elecciones del 2012 Nueva Alianza ya no fue ni con el PRI ni con el PAN. Cuando Peña cocinaba sus reformas, en medio de la tensión entre el SNTE, la CNTE y organizaciones de la sociedad civil, Peña Nieto decide encarcelar a Elba Esther, al más puro estilo de los gobiernos priistas. No es que no hubiera sospechas sobre las riquezas inexplicables de la maestra, sino que el objetivo no era judicial, sino político. A tal grado que lo hicieron sin tener elementos sólidos para mantenerla tras las rejas. Pero aprovechando la lentitud del sistema de justicia en México, bastó para dejarla “quieta” durante el sexenio. La mala fama de la líder magisterial hizo fácil que un golpe autoritario como ese pasara a segundo término. Pero la reforma educativa nació coja, porque destruyó cualquier posibilidad de construir una reforma dialogada con la parte más importante: los maestros.

En las elecciones del año pasado, Nueva Alianza volvió a buscar al PRI, pero apenas terminadas las elecciones, y conociendo al vencedor, no ha tenido empacho en ronronear y frotarle la pierna al partido del presidente que había prometido, en la campaña, dar marcha atrás a la Reforma Educativa. El rudo de la historia, la CNTE, ha permanecido en contra, desde siempre.

Con todas las fallas que tenía la Reforma, la necesidad de quitar el poder sobre la dirección de la SEP al sindicato, era una demanda general. Un sindicato debe, legítimamente, proteger las condiciones laborales de sus agremiados. Pero ciertamente, el de maestros había invadido esferas de decisión que le incumben sólo a la SEP. La educación es pública y su dirección no corresponde al sindicato, como no lo hace agrupación alguna de trabajadores en ningún otro ámbito. Controlar por diversos mecanismos la asignación de plazas es su fuente de poder y dominio sobre sus agremiados. Pero ya el Presidente había dicho en Mérida que no iba “… a entregar la nómina a los líderes sindicales como lo exige la CNTE”.

La toma de las vías de tren en Michoacán son un golpe a un presidente, que pensó, quizás, que algún día los podría tener de aliados. Lo triste del asunto es que nuevamente entramos en conflictos, jaloneos y sombrerazos, que nada tienen que ver con la mejora de las condiciones educativas de nuestra infancia.

El monstruo sigue larvado y renace cada tantos años; pasan y pasan los sexenios… ¿ni repartiendo cartillas morales a todos los “aliens” podremos lograrlo?

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