Opinión • Volver a la normalidad… ¿A cuál? • David Herrerías

“…se parte de la idea de que lo que teníamos estaba bien…”

Opinión • Volver a la normalidad… ¿A cuál? • David Herrerías



¡Ojalá se vaya este maldito virus y podamos a volver a la normalidad! es una expresión que puede compartir la inmensa mayoría de los mortales. Sin embargo, se ha dicho mucho —y se ha dicho bien– que volver a la normalidad después de la covid-19 no debe ser volver al mundo que teníamos antes, sino a uno mejor, que atienda todas las desigualdades y problemas que la pandemia ha puesto ante nuestros ojos de forma más descarnada. Cuando se quiere volver a la misma normalidad, se parte de la idea de que lo que teníamos estaba bien, y que lo único que empaña esa felicidad es el coronavirus pandémico. Pero no podemos ignorar, por ejemplo, que el aislamiento puso al descubierto la insuficiencia y precariedad de la mayoría de las viviendas en México, o las disparidades en materia de acceso a las tecnologías y de educación.

Lo mismo siento que pasa cuando, desde la oposición a la 4T, se añora el regreso a otra normalidad, a la de antes, cuando no teníamos que saber diariamente de López Obrador en las mañaneras, ese espacio que sólo se recetan quienes habitan los dos polos: los incondicionales y los buscadores de materia prima para recargar los twits anti-AMLO. A veces, la sensación que queda después de recibir el centésimo mensaje enfatizando la desgracia que supone para el país la elección de este presidente, es que veníamos de un mundo casi perfecto: la salud estaba bien, el seguro popular era una maravilla y lo desmanteló. La economía iba viento en popa y la frenó. La seguridad se estaba componiendo y la empeoró. La corrupción… bueno esa si estaba un poquito mal, pero ahorita está igual.

México, antes de Andrés Manuel, era un país que se desmoronaba en muchos aspectos. Dejar de ver eso hace que las explicaciones sobre el triunfo de AMLO, la elección de la mayoría de los votantes, no se entienda. México es un país rico, pero con una pésima distribución de la riqueza, de las peores de Latinoamérica. Eso se acentúa en algunos estados, como Guanajuato. El sistema de salud funcionaba para muy pocos: el Seguro Popular, además de cubrir una gama limitada de problemas, era insuficiente; las personas tenían que hacer cola desde las 5 de la mañana para poder ser atendidas. La seguridad social como prestación laboral no alcanza ni al 40% de la población. La corrupción no ha sido poquita, ha sido escandalosa, impúdica. La educación es inequitativa y de mala calidad, etc. Es importante entender que este país, esta realidad, es la que llevó a López Obrador al poder, y si lo que imaginamos es que hay que vencerlo para regresar a lo mismo, o nada más “para frenarlo”, estamos perdidos. Igual que con el coronavirus, tenemos que imaginar algo diferente, porque el demagogo que ocupa la silla se puede ir, pero si no se construye otra cosa, vendrán otros iguales o peores.

Lo más triste es que no se ve que, más allá de la retórica, el país pueda avanzar en estos cuatro años que quedan, y sí polarizarse más. Y, por otro lado, no se ve una oposición capaz de ofrecer una alternativa creíble.

En situaciones como ésta, creo que hay que apostar a la construcción de alternativas en pequeña o mediana escala, y a seguir trabajando cada uno desde su trinchera por construir sociedades más equitativas. Ya veremos en cuatro años qué pasa.

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