sábado. 13.08.2022
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La polarización corruptora • David Herrerías

"La polarización corrompe al convertir temas torales […] en munición para atacar al otro..."
La polarización corruptora • David Herrerías

La polarización política en una sociedad tiene muchos efectos nocivos. Algunos de ellos, muy obvios, tienen que ver con la ruptura de los vínculos comunitarios e incluso la afectación sobre relaciones familiares. Actualmente en nuestro país es más difícil discutir de política que de credos religiosos. Pero uno de los efectos más nocivos de la polarización política es su efecto en la incapacidad de la sociedad para abordar los problemas más urgentes de manera profunda y constructiva. Los grupos que se encuentran en los extremos de una sociedad polarizada están más preocupados por demostrar los errores y la maldad de los oponentes que en encontrar las causas y las soluciones de los problemas que aquejan a dicha sociedad.

Un ejemplo muy claro lo tuvimos en las semanas pasadas, durante los días previos y posteriores a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. En un extremo del espectro, nuestro presidente preocupado por encontrar las amenazas encubiertas en cualquier movimiento que no sea orquestado y liderado por él mismo, articulando un discurso apologético y justificatorio, que no abría espacios para un diálogo profundo sobre los problemas sobre igualdad de género y violencia contra las mujeres. En la otra esquina, desde la oposición más rabiosa, la inmensa mayoría de los comentarios a través redes sociales y prensa militante, se enfocaron en la crítica a las reacciones gubernamentales y especialmente en algunos hechos más evidentemente censurables, como los parapetos en Palacio Nacional, la discusión recurrente sobre la legitimidad o no de las manifestaciones vandálicas y la respuesta represiva gubernamental.

Pero al final de todos estos ríos de tinta, lo que evidentemente queda fuera de la discusión son las preguntas fundamentales y que deberían suscitar un espacio fructífero, colectivo, inteligente, para encontrar verdaderas soluciones. No sirvieron las conmemoraciones para avanzar en propuestas concretas, en ideas para eliminar las disparidades que todavía existen en virtud de nuestro género. Tampoco emergimos del 8 de marzo con mejores opiniones para erradicar la violencia contra las mujeres.

La polarización es corruptora. Corromper significa trastocar los fines, los contenidos, la esencia de las cosas. La polarización corrompe al convertir temas torales, como el de la igualdad de género, en munición para atacar al otro. Rebaja el problema porque lo reduce a un pretexto para avanzar en otras agendas e impide una discusión pública inteligente.

Una sociedad polarizada se encuentra entre estos dos grandes polos que parecen atraer hacia uno u otro lado todo lo que se acerca a sus campos de atracción. No es fácil escapar, y menos en tiempos electorales. Pero es necesario hacerlo: pongamos entre corchetes las declaraciones del presidente, las vallas, las pintas en los monumentos, los drones en Palacio Nacional. Y ahora concentrémonos, aunque sea, en un tema en el que seguramente, coincidimos por su importancia: la violencia contra las mujeres. ¿Seremos capaces de pensarlo y discutirlo, sin distracciones, hasta encontrarle solución?









 

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